Le hacemos el polígrafo a Meghan y el príncipe Enrique

¿Mienten o es verdad todo lo que cuentan? Por sus gestos los conoceréis. Tres expertos analizan su lenguaje no verbal para ver si hay coherencia con lo que dicen. También si, desde el punto de vista del protocolo esto, era lo más idóneo. Ellos hablan y sus gestos los delatan

Los duques de Sussex, Harry y Meghan, durante su entrevista con Oprah Winfrey
Los duques de Sussex, Harry y Meghan, durante su entrevista con Oprah Winfrey

Es la entrevista del año. Casi igual que en su día lo fue la que concedió Lady Di afirmando que en su matrimonio eran tres. Aquí, en cambio, son dos y, por lo que se ve, muy bien avenidos. Pero, ¿se puede saber si dicen la verdad o mienten? La respuesta es muy complicada, pero sí se puede saber si hay coherencia entre sus palabras y su lenguaje corporal y sacar nuestras propias conclusiones. Para ello, contamos José Luis Martín Ovejero, experto en comunicación no verbal; Mónica Galán, profesora de oratoria y formadora de discursos y Olga Casal, doctora en Comunicación por la Universidade de Vigo y consultora y docente de protocolo. Ellos nos cuentan lo que no hemos visto de la entrevista de Meghan y el príncipe Enrique. Hoy le hacemos nuestro particular polígrafo a la pareja del momento.

Para Martín Ovejero, a Meghan se la ha visto, en general, cómoda durante la entrevista, «teniendo incluso sus piernas estiradas en los momentos de mayor tensión, algo que no suele suceder cuando se miente, que se tiende a ocupar menos espacio». Pero sí «aflora inquietud», cuando ella afirma que en la casa real británica estaban preocupados por cómo de oscuro sería su bebé y Oprah Winfrey le pide más información: «Meghan, además de no querer hablar, guarda un prolongado silencio, se recoloca en el asiento y se toca repetidamente su vestido», un comportamiento «propio de nerviosismo y estrés que el cerebro trata de aliviar a través del contacto físico. Se le está pidiendo que concrete sus acusaciones y parece claro que ha venido con la idea de no hacerlo». Precisamente, esos silencios también los destaca Mónica Galán:«Son eternos. Da la sensación de haber pensado muchísimo y de estar mucho más en el protocolo y en la preparación de la entrevista, que en dejarse llevar por lo que realmente piensa. Para mí hay una sensación de protocolo y de control todo el tiempo».

Por su parte, Olga Casal, ve a Meghan «de un victimismo infantil y además irresponsable». Y califica la entrevista de «fuera de lugar e irresponsable». Fuera de lugar porque «no implica solamente a una estrella de Hollywood, sino a una institución consolidada, valorada y respetada y al país al que pertenece esta institución. Y ellos no dejan de ser familia de la reina. Por parte de él, me parece totalmente fuera de lugar hablar mal de su propia familia y en público. Por parte de ella, hablar mal de la propia familia política y en público, tres cuartos de lo mismo». E irresponsable porque «no es solamente una estrella de Hollywood esperando un titular o un cotilleo en una revista del colorín. Estamos hablando de una institución, de relaciones políticas, de relaciones diplomáticas, de cosas mucho más serias. Me parece una irresponsabilidad airear cuestiones más allá de que sean ciertas o no lo sean», explica, después de señalar que también le parece una situación «injusta y desigual» porque solo vamos a conocer la versión de una de las partes implicadas:«Hay una parte que se considera con el derecho de hablar de ciertas intimidades, sabiendo positivamente que la otra parte no le va a contestar en los mismos términos. Este desequilibrio me parece injusto. Y me parece injusto con respecto a la familia real británica, o a la española o a la que se tercie».

LAS EMOCIONES

En cuanto a las emociones de Meghan en los momentos clave, Martín Ovejero dice que «aunque son muy sutiles, las que más he advertido son tristeza y vergüenza». Pero destaca que esa tristeza «ha sido en forma de microexpresión, una emoción que activa los músculos faciales durante menos de un segundo. Y se suele producir cuando la persona trata de contener la emoción, no de expresarla abiertamente». Y ahí es donde resulta tan importante para este experto su profesión de actriz. «Si hubiera ido con ánimo de dar pena y que la opinión pública la viera claramente como una víctima, su tristeza habría sido muy clara. Ella sabe, sin duda, poner una cara de tristeza perfecta si así lo pretende. Pues bien, todo lo contrario». Martín Ovejero percibió tristeza en el rostro de Meghan cuando contó que tuvo pensamientos suicidas y acudió a la «institución», la casa real británica, a pedir ayuda y le dijeron que no hiciera nada. Y vergüenza, «cuando se refirió al tema del color de piel del bebé». En ese momento, Meghan «no puede mantener la mirada de Oprah y la baja, algo asociado a la citada vergüenza, tristeza o incluso sentimiento personal de culpa» y también baja la mirada «al decir que, en aquellos momentos, no quería seguir viviendo».

Sobre estas dos cuestiones, la raza y el suicidio, Olga Casal considera que el tema del racismo le parece «bastante hiriente», pero le gustaría conocer la otra versión porque ella ya se había casado con Harry y todo el mundo conoce su ascendencia afroamericana: «¿Dónde está la sorpresa cuando la pareja comunica que está embarazada? No sé si fue en esos términos en los que se produjo la conversación, lo desconozco, claro. Solo sé la versión de ella. Toda la conversación ha sido conjugada en primera persona: yo, me, mi, conmigo». En cuanto al suicidio, dice que entiende que se haya sentido así, «pero de ahí a afectar a agentes externos de que su salud mental se ha visto deteriorada me parece que es un poco exagerado».

Por, su parte, Mónica Galán coincide con Martín Ovejero también al afirmar que uno de los momentos de gran coherencia es cuando responde sobre el posible color de piel de su primogénito. «Cuando ella dice que la conversación fue con Harry, la forma que tiene asentir y aseverarlo. Cuando asentimos hacia abajo desde una posición de neutralidad es más coherente que cuando elevamos la cabeza». Otro de esos momentos es «cuando ella admite que pensó en suicidarse y traga saliva», seguidos de varios pestañeos que «pueden indicar que eso que está diciendo tiene una carga emocional potente». «Es de los momentos que reconozco haberme creído más», asegura Galán. También le ha sorprendido la ironía que mostró Meghan cuando Oprah le preguntaba si había hecho llorar a su cuñada Kate Middleton: «Sí, me he creído el gesto. Ella se ríe. Dice: ‘Sí, algo me han dicho'. Y cuenta que más bien fue lo contrario y que su propia cuñada le pide perdón con flores. Es curioso desde el comportamiento no verbal en el que se le escapa una sonrisa como de ironía, queriendo decir, ‘¿Si la hice llorar yo a ella? Más bien todo lo contrario'. Me he creído el gesto irónico de cierta sorpresa. He visto mucha coherencia corporal».

Sobre este episodio, Martín Ovejero aprecia microexpresiones de ira en Meghan:«No olvidemos que esas activaciones musculares en el rostro son automáticas, no podemos controlarlas a voluntad. Las he advertido cuando le preguntan por su cuñada Kate Middleton y si ella la hizo llorar. Meghan responde que fue al contrario y se parecía cómo sus cejas se colocan en V rápidamente. La señal, en este contexto, del enfado interior. Aunque cuando más ira reflejó, y repetidamente, ha sido al centrarse en el tema de su primogénito, y que no sería tratado por la familia real británica como ella esperaba, por ejemplo, en el tema de la seguridad».

Sobre Harry, Martín Ovejero dice que «es más expresivo que su mujer» y que «gesticula mucho con sus manos para enfatizar lo que va contando, algo asociado a que la persona cree en aquello que afirma». Explica que vio «una clara microexpresión de desprecio» cuando dijo que tanto su hermano como su padre están atrapados por la propia institución. «Algo que se puede interpretar en un doble sentido: como que ellos no han tenido suficiente fortaleza de carácter para hacer lo que él sí ha hecho y, también, como un rechazo claro a la figura de la propia institución de la casa real británica». Asimismo aclara que vio mucha sintonía entre la pareja «con contacto físico prolongado en bastantes momentos, cogiendo uno la mano del otro, muchas miradas directas, uno asentía cuando el otro hablaba e incluso con posturas parecidas», por lo que le han transmitido credibilidad: «No afirmo que sea verdad lo que cuentan, pero sí parece que cuentan aquello que creen sucedió y sus emociones son auténticas».

Mónica Galán destaca la manera en la que Harry levantó los brazos al afirmar que Meghan está esperando una niña y que «cuando él tiene las manos entrelazadas con Meghan y deja su otra mano escondida en las piernas es una forma de ocultar parte de las emociones y estar más tranquilo. Él es verdad que ha repetido que tenía mucho miedo de que la historia se repitiera. Pero con un agravante: 'El de mi mujer que es la raza, las redes sociales'... yo ahí lo veo como muy comedido, supongo que hay muchos más detalles, mantiene un tono como muy controlador». Mientras que Olga Casal ve a un Harry «sometido y entregado»: «Las dos cosas. De repente él descubre un nuevo mundo o una nueva forma de vivir mucho más libre de ataduras a través de ella y, claro, le gusta más. Pero lo que no se puede, desde mi punto de vista, es tener todos los privilegios y ninguna de las otras obligaciones».

Además sobre la comparativa entre Meghan y Diana, Casal dice que no son equiparables: «No son comparables porque la princesa Diana era una niña de 19 años que no tenía mundo ni sabía nada de la vida, Meghan Markle es una mujer de 30 tantos años que, por el mundo que le ha tocado vivir y por su propia profesión y trayectoria, debería de tener un poco más de mundo y de conocimiento y si no lo tiene es porque no ha querido adquirirlo, porque posibilidades ha tenido. Cosa que no tuvo la princesa Diana, que aprendió sobre la marcha».

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