Mariano Alló, biólogo: «Puedes sufrir depresión sin estar triste, sin sentir ninguna emoción»

«La edad media de la depresión está hoy en los 25 años y es cada vez más precoz», advierte el biólogo molecular, que destripa la caja negra del cerebro desde su experiencia de veinte años como enfermo. «En esta enfermedad influye mucho el estilo de vida», afirma

El biólogo Mariano Alló dice que en la depresión hay «cambios biológicos muy importantes»
El biólogo Mariano Alló dice que en la depresión hay «cambios biológicos muy importantes»

¿Por qué nos deprimimos?, ¿por qué este es cada vez un mal más precoz?, ¿qué pasa dentro del cerebro cuando uno no descansa, no se siente capaz con el día todos los días? ¿Se puede definir la nube negra como un estado emocional? «La depresión es una enfermedad que no solo involucra al cerebro, sino también al sistema inmunitario, endocrino, metabólico, cardiovascular... En la depresión hay cambios biológicos muy importantes», afirma el biólogo molecular Mariano Alló (Buenos Aires, 1974), que analiza lo que ocurre en un cerebro en llamas tras sufrir 20 años depresión. Sus conclusiones y su viaje interior están en Cuando el cerebro dice basta, resultado de tres años de estudio sobre la que es la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años, la depresión. «Es como si te encontraras en una habitación oscura y te enfrentaras a algo que no puedes reconocer, muy grande, que los demás no ven y que te ataca», describe Alló.

-¿La pandemia nos ha hecho más propensos a la depresión?

-La pandemia impacta e impactará de manera diferente en distintos nichos de la población. A nivel global, el impacto se ve en los números de prevalencia de la depresión. Un trabajo español apunta que la incidencia de esta enfermedad se ha duplicado. Pero el impacto más severo se verá a medio y largo plazo.

-¿Qué es lo más preocupante?

-Para mí, los niños y adolescentes, porque el impacto en adultos se ve a corto plazo. Es algo difícil de manejar, los chicos tienen menos herramientas para entender qué les pasa, cómo son estas cosas.

-¿Los adultos no?

-Tenemos una deficiencia de conocimiento sobre enfermedades mentales. Aún no sabemos bien qué es la depresión. Hay un desconocimiento generalizado, pero va cambiando lentamente. En grupos de niños y jóvenes ese desconocimiento es todavía mayor.

«La salud mental de un niño se puede ver muy afectada por una situación prolongada de estrés de sus padres»

-¿Cómo afectará, por ejemplo, que a un niño de 4 años no le dejes abrazar a otro? Hay expertos que lo ven maltrato.

-Es terrible, terrible privar de un abrazo. Se minimiza el impacto en los niños, pero en ellos el sistema nervioso se está desarrollando a un ritmo importante y todo lo que ocurre e impacta va a tener una influencia grande en su vida de adolescentes y adultos, mucho más de lo que podemos ver desde fuera. El médico Gabor Maté habla del gran impacto mental de situaciones que a priori nos parecen irrelevantes. Con los pequeños, tendemos a dar importancia solo a cuestiones graves, como el abuso. Pero la salud mental de un niño se puede ver muy afectada por una situación prolongada de estrés de sus padres, por ejemplo. Eso puede generar cambios en el niño que afectarán a su manera de gestionar el estrés. Hoy leía una publicación, el primer trabajo científico, que muestra algo que quizá desde el sentido común era obvio. Porque a veces la ciencia confirma cosas que ya nos dice el sentido común, como que los sucesos de la infancia marcan de manera decisiva al adolescente. En adolescentes que vivieron situaciones de estrés marcadas en la niñez se ve que hay dos regiones del cerebro que han sufrido modificaciones con experiencias de estrés tempranas, el hipocampo y la amígdala.

-¿Qué nos deprime más?

-En la depresión hay dos componentes siempre presentes, el genético y el ambiental. Este encierra experiencias marcadas a edad temprana, la alimentación... Cuando se juntan las dos cosas, generan predisposición a la depresión. Y luego ocurren a lo largo de la vida «eventos disparadores». Normalmente, el disparador de la depresión es el estrés, el estrés crónico.

«La depresión afecta casi al doble de mujeres que de hombres, y cada vez a más adolescentes»

-¿Lo que más pesa es el estilo de vida?

-Nuestro estilo de vida cumple un rol trascendental. La prevalencia de la depresión ha ido cambiando. En la generación de nuestros abuelos la incidencia era tres veces menor. Además, la depresión se ha movido en edad. Lo preocupante es que cada vez aparece antes. Hoy, la edad media de la depresión está en los 25 años. Y es más prevalente en mujeres que en hombres, casi el doble. Es una proporción muy importante. Y otro factor serio es que cada vez aparece más en la adolescencia.

-Entonces, la genética influye, pero este estilo de vida «híper» más, ¿no?

-Claro. Y más en los niños y jóvenes.

-¿Si somos frágiles o muy emocionales, nos deprimimos más?

-Es solo un cliché. Para mí, la visión de debilidad de una persona que sufre depresión es externa, subjetiva. En realidad, una persona que padece depresión es lo contrario: alguien que batalla con algo que desde fuera no se ve. No se ve toda la energía que gasta solo para seguir viviendo. La depresión es un enemigo gigante que desde fuera no existe. Lo más difícil es que los demás empaticen. La persona que sufre depresión muchas veces ni logra empatizar consigo misma. Y al no sentirse comprendida, se aísla más.

« Lo último que necesita una persona deprimida de un ser querido es presión»

-Cuentas tu experiencia como enfermo, cómo sentiste tu vida paralizada, en un bucle de insomnio, agitación, insomnio, con el mordisco de la culpa.

-La culpa siempre está ahí. A mí me llevó diez años tener un primer diagnóstico y me llevó cinco más aceptar lo que me pasaba. Me costó descubrir la parte biológica. Una de las cosas que ocurren en el cerebro de una persona que sufre depresión es, producto del estrés crónico, una marcada proinflamación. Esto pasa con una infección viral, bacteriana... Piensa cómo te sentiste esos días que estuviste derrotada por un virus, eso sentía yo las 24 horas del día los 365 días del año. Muchas veces la familia, como no sabe ayudar, empuja. Y uno tiene la sensación de ser un coche al que empujan desde atrás... Eso para el que sufre depresión es lo peor. Lo último que necesita una persona deprimida de un ser querido es presión. Lo importante es acompañar sin esperar nada.

-¿Cuál es el primer paso?

-Un diagnóstico profesional. La depresión no es un estado de tristeza crónico.

«Algo muy reduccionista es entender la depresión como lo opuesto a la felicidad»

-¿Confundimos depresión y tristeza?

-Sí. Hay algo reduccionista, que es poner la depresión como lo opuesto a la felicidad. Entonces, una persona que tiene todo para ser feliz se piensa que no tiene por qué estar deprimida, y pones ahí una barrera para entender qué es la depresión. La depresión no es un estado de ánimo alterado. Puedes sufrir depresión sin estar triste, sin sentir ninguna emoción. Lo puedo decir en primera persona. Es como si te apagaran el circuito de las emociones. Es terrible verte a ti mismo incapacitado para sentir. Con la depresión hay muchos cambios a nivel cognitivo que uno no sabe que están relacionados con la depresión. Es una sensación fuerte de soledad, y a la vez estás indiferente...

-¿Se puede prevenir?

-Se podría prevenir con un cambio de estilo de vida, viviendo más en contacto con la naturaleza, teniendo una actividad física, llegaría con salir a caminar tres veces por semana 40 minutos. La alimentación es clave y la meditación también.

-¿Nos deprimen los demás, cómo afectan nuestras relaciones? Puede ser tan enriquecedora como estresante...

-La terapia cognitiva de Beck ayuda a gestionar el equilibrio entre apego y el desapego. Es algo muy difícil.

-¿Y las tonterías, tienen la capacidad de deprimirnos?

-De estresarnos, ¡sin duda! Va de la mano de cuáles son los estresores de nuestra sociedad. Hoy disparamos la respuesta biológica al estrés cientos de veces al día por situaciones que no ponen en riesgo nuestra vida, como: «¿Qué piensan de mí?». Tenemos todo el tiempo una rumiación constante, muy estresante, por cosas que no tienen importancia, pero es parte de nuestra cultura.

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