¿Comes frío o caliente? Así influye a tu digestión

Los amantes de la comida fría almacenan menos hidratos de carbono. Eso sí, quienes tengan problemas digestivos, mejor que sigan disfrutándola caliente


Por costumbre o por una mera cuestión cultural, la pauta térmica establecida a la hora de sentarse a la mesa es la caliente. A excepción de aquellas recetas esencialmente frías, lo habitual es sentarse a comer la carne, el pescado o la pasta recién cocinados. Un hábito que, desde el punto de vista higiénico, es el más recomendable. «No se recomienda dejar la comida cocinada fuera, solo que enfríe ese hervor inicial que tiene, pero no hay que esperar a que esté fría para meterla en la nevera. Es un error, porque le estás dando tiempo a que se sobreinfecte y se colonice. Dejar los alimentos sobre la encimera es un riesgo, porque a partir de los 15 minutos ya son potencialmente contaminables», asegura el médico experto en Nutrición Manuel Viso que, sin embargo, sí establece diferencias entre los platos fríos y calientes desde el enfoque nutricional.

Los hidratos de carbono, si están fríos, se absorben mejor. Pero para no sufrir una intoxicación, esa comida ha de enfriarse en la nevera y jamás dejarla a temperatura ambiente. Eso de comerse los filetes que han quedado del mediodía en el plato nunca es buena idea. Pero si los metemos en el frigorífico nada más pasar esos minutos iniciales tras sacarlos de la sartén, estarán aptos para un consumo sin riesgos. No es en la proteína del pescado o la carne donde está la diferencia, así que su aporte nutricional será el mismo a cualquier temperatura. En los alimentos donde el cuerpo experimenta realmente una mejor absorción de los hidratos de carbono es en la comida que los contiene, es decir, la pasta, la patata, el arroz, las legumbres o el maíz. Las personas que los disfrutan en frío ayudarán a su organismo a asimilarlos mejor y evitarán que se conviertan en grasa.

Eso de comerse los filetes que han quedado del mediodía no es buena idea

«Gran parte de los hidratos de carbono que tienen estos alimentos es almidón, y cuando los calientas, el alimento se descompone en subunidades más pequeñas que favorecen su pase rápido a la sangre. Si los azúcares entran de una forma muy abrupta, el cuerpo no los metaboliza tan de golpe y los tiene que almacenar, por lo que el estómago se vacía más rápidamente, y eso aumenta el índice glucémico. Son azúcares que entran tan rápido en la sangre que el cuerpo tiene que hacer algo con ellos, y eso favorece la diabetes, la obesidad, etcétera. Sin embargo, si la pasta la enfrías, ese almidón se convierte en almidón resistente, que tiene un comportamiento similar al de la fibra y se digiere más lentamente, absorbiéndose mejor y almacenándose en menor medida, por lo que no se convertirá en grasa», señala el doctor.

¿LO FRÍO ADELGAZA?

¿Entonces comer frío es mejor para adelgazar? Lo primero, señala Lucía Miyán, nutricionista del Hospital Quirónsalud A Coruña, es tener claro lo que nos sienta bien: «Lo mejor entre comer frío o caliente es respetar nuestras preferencias alimentarias. También la temperatura del ambiente ayuda a nuestras elecciones», indica. Lo mismo manifiesta la nutricionista Ana Golpe: «Es un poco como les guste comer. Es muy personal, hay gente que no puede beber agua del tiempo, solo fría, y viceversa. Pero que conste que en el caso de los hidratos, a la gente le diseño para las dietas muchos táperes en frío con ensaladas de lentejas, de quinoa, de pasta... Los hidratos saben muy ricos fríos en ensalada, y las proteínas del pavo o del pollo tostado, por ejemplo en una ensalada César, también. Sí que es más raro encontrar a quien le guste la ternera fría».

Pero a la pregunta de si el frío adelgaza, la respuesta es que mínimamente. Los tres expertos coinciden en que lo que engorda o adelgaza son las calorías, y un plato de pasta tiene las mismas esté caliente o frío. Entonces, ¿influye la temperatura a la hora de facilitar la digestión? «Lo de que el alimento esté a temperatura corporal para facilitar la digestión es muy utópico. La comida fría, al estómago, salvo que sea líquida, ya no llega. Porque excepto que la tragues directamente, entre que la masticas y pasa por el esófago, la temperatura cuando llega al estómago ya es prácticamente la corporal. Otra cosa es si estás comiendo y de pronto te tomas agua helada y enlenteces un poco la digestión. Los fríos hacen que la digestión sea un poco más lenta, que la absorción de los nutrientes sea más lenta, y por eso el cuerpo los asimila mejor sin almacenarlos tanto. Teóricamente engordan menos, pero en la práctica la diferencia calórica es mínima. En un plato de pasta, que depende del tamaño y de lo que lleve, pueden ser 15 o 20 calorías. No es significativo», responde Viso. Miyar apunta que «fisiológicamente sí es más favorable al proceso de la digestión», aunque matiza que en ella no solo interviene la temperatura de la comida, sino que hay muchos procesos relevantes hasta el resultado final, «que significa la transformación de los alimentos en nutrientes que nuestro cuerpo destina según sus prioridades».

Vayamos al polo opuesto para saber qué ocurre si comemos o bebemos algo demasiado caliente. «Es una de las causas que aparecen en los factores de riesgo del  cáncer de esófago, por ejemplo. Esas temperaturas al esófago no le hacen ninguna gracia, las células sufren», indica Viso, que recomienda, como Miyar, alternar: «Las dos cosas tienen pros y contras, así que lo ideal sería compaginar».

Pero si a nivel nutricional el frío favorece que no almacenemos hidratos, a nivel digestivo el médico recomienda el calor: «La gente con problemas digestivos es mejor que caliente las comidas, porque ya dijimos que las frías enlentecen la digestión. El alimento permanece más tiempo en el estómago, y si tú ya tienes problemas gástricos, te los puede exacerbar». Sin embargo, para Ana Golpe la clave está en el tipo de receta. «Los platos fríos suelen ser menos elaborados que los calientes. Por lo tanto, sea más o menos lenta su digestión, casi siempre va a ser mejor. Una carne asada caliente, por ejemplo, siempre costará más que un carpaccio frío», matiza. Y ante el «come algo caliente» de las abuelas, los especialistas aseguran que solo es necesario si estamos destemplados. La cuestión, en la mesa y en el estómago, es, sobre todo, de gustos.

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