«Adopté a mi segundo hijo tras saber que el primero tenía una discapacidad»

Para José Luis todos los días es el día del padre. «Para tener hijos tienes que quererlo», insiste este gallego que poco después de adoptar a su primer hijo supo que tenía una discapacidad del 92 %, pero no renunció a luchar por el segundo


Mario llegó a su hogar cuando aún no había cumplido los cuatro meses de vida. Sus padres, José Luis y Paula, fueron a buscarlo a Etiopía en el 2013 felices y volvieron con un bebé muy deseado que hoy tiene 7 años. Su familia empezó tal y como se lo imaginaban, pero la vida pronto les dio un vuelco. «A los pocos meses detectan en él un desarrollo anormal, como que no se sentaba. Le hicieron unas pruebas y determinaron que probablemente sufrió una hipoxia al nacer», relata José Luis. Hoy Mario Henok -decidieron conservar el nombre original de sus dos hijos- tiene un 92 % de discapacidad y su movilidad es muy reducida. No camina, se mueve en silla de ruedas y no es capaz de manipular con las manos. Pero los ojos grandes de este pequeño lo dicen todo. «Se comunica con los ojos, es superdespierto y se entera de todo. Su gran perjuicio es el motor, pero se comunica a su manera con todo el mundo», dice orgulloso su padre.

José Luis reconoce que no fue fácil: «Al venir fue un show, porque nadie quiere una paternidad así. Pero cuando fuimos al Materno a terapia, te das cuenta de que hay muchos niños prematuros con afecciones, y muchos problemas en los partos. Pasado el shock inicial, estamos superfelices con él. Es el niño más maravilloso del mundo. Nos hace disfrutar de todo, todos los días». Él también lo hace. De hecho, estudia en el CEIP Emilia Pardo Bazán y no puede estar más integrado. «Sus compañeros juegan con él, lo invitan a los cumples... Si juega al fútbol con ellos pues lo coges tú, es un poco diferente, pero te aporta tanto que es una pasada», subraya su padre.

No le contamos a mucha gente que íbamos a volver a adoptar porque sabíamos que no se entendería

Él, al igual que su mujer, siempre tuvo la idea de tener más de un hijo. No lo dudaron a pesar de las circunstancias. «No se lo contamos a mucha gente porque sabíamos que no se entendería. Nosotros no sentíamos lástima, ni por nosotros ni por Mario, que es muy feliz. Obviamente preferiríamos que no tuviese ningún problema, pero no por nosotros, sino por él», insiste.

Iniciaron los trámites de su segunda adopción en el 2015. Lo tuvieron algo más fácil, porque pudieron saltarse formalidades iniciales como la de la idoneidad. «Queríamos repetir en Etiopía, pero ya estaba cerrado, así que optamos por Vietnam porque nos daba bastantes garantías. Nos asignaron a Álex Tuan en diciembre del 2019, y pudimos viajar a por él el 17 de febrero del año pasado. Llegamos a casa el 1 de marzo y nos pasamos sus primeros días de vida confinados. Aunque íbamos con cierta intranquilidad por el covid, allí en Vietnam se protegían mucho porque están cerquita de Wuhan», relata José Luis, que asegura que el pánico le entró después: «Cuando vuelves y ves la situación piensas: ‘Por un mes pudimos tenerlo. Si llega a ser unos días más tarde, no podríamos haber ido a buscarlo. Y cuando te lo asignan y ves su foto, ya es tu hijo».

CONFINADOS CON LOS DOS

Ese confinamiento fue muy especial, pero también duro. Álex desarrolló un apego más grande a sus padres. Sin embargo, ellos tuvieron que atenderle a él y al mismo tiempo a Mario entre cuatro paredes. «Fue duro, porque cualquier niño con 7 años puede jugar y entretenerse solo, pero él no. Entonces le tienes que ayudar a entretenerse y, al mismo tiempo, cuidar a un bebé recién nacido que no nos entendía. No nos aburrimos, ¡ja, ja!», bromea el padre, que recuerda lo que les costó el encierro a los niños con discapacidad. «Mario está acostumbrado a su fisioterapia, a su logopeda... Al menos teníamos el papel para poder hacer un paseíto de una hora cada día, ¡nos daba la vida! Tanto los niños con diversidad funcional como, por ejemplo, con TEA, lo necesitan mucho», recuerda.

Los dos hermanos forman un gran equipo. «Álex es un payaso, baila, se cae... Mario se lo pasa bomba con él. Y, a la vez, el pequeño está siempre preguntando por él y se lo quiere llevar en la silla», dice su padre, que también va con él en el carrito a correr. Es habitual verles en pleno sprint por el paseo marítimo de A Coruña: «Lo hago desde que tenía tres añitos. Es que ves que se lo pasa genial, porque además es un niño al que le gusta mucho la calle. Cuando me ve cambiándome para salir a correr, se vuelve loco. Si algún día voy sin él, tengo que ir a escondidas». Tanto le apasiona al niño que acabaron comprando la silla adaptada con la que posa emocionado en la foto. «Compramos un carrito especial. Cuando Mario hace ¡pi-pi-pi-pi-pi! es para que lo saque a correr. Que en realidad es él el que me saca a mí, que voy siempre empujando el carrito. Hicimos ya una media maratón de España, y ahora hasta se me hace raro ir sin la silla», bromea mientras les escolta el pequeño Álex en su inseparable patinete.

Este padrazo -«el mérito es de mi mujer, que se pasa la semana con ellos», matiza-, está muy vinculado a Proyecto Enki, donde formó el equipo Marines Enki con más familias: «Queremos materializar un montón de ideas que tenemos en la cabeza como, por ejemplo, poner en marcha un sistema de personas voluntarias para llevarlos a correr. También mi mujer preside Anpanee, que junto a Enki pelea para diseñar parques infantiles más inclusivos». Y es que las barreras no se ven hasta que bloquean el paso. «Álex puede subirse a todo, pero Mario no puede montar en un columpio si no subes tú y lo balanceas».

José Luis celebra el día del padre cada día. «Ser padre tienes que quererlo, te tiene que gustar. Disfrutas de cada etapa de los niños, te llena totalmente. Eso sí, muchas veces, cuando te ahoga la vorágine del trabajo, te va comienda la culpa. Pero lo importante es que el tiempo que dispongas con ellos sea de calidad», apunta. ¿Es tan diferente la paternidad de un niño con discapacidad? «Yo te digo que no. El amor que recibes de los dos es igual, y los dos se expresan igual. Es algo único. Con Álex ves unas cosas que con Mario no ves, pero la recompensa que te da Mario es enorme. Es superbueno, se adapta a todo. Sin embargo, ¡el pequeño es un terremoto! Es más, muchas veces mi mujer y yo decimos: ‘Este sí que es difícil, y no Mario'», responde. Qué fácil hacen ellos lo difícil.

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