«Dejé la carrera con 23 y aprobé la oposición a los 26»

El coruñés David Pena no se lo pensó, y con solo 26 años se hizo con su plaza de auxiliar administrativo del Estado. «Publicaron mi destino el 20 de enero y el 21 a primera hora ya estaba en Madrid tomando posesión», cuenta


Las academias que preparan a los aspirantes a funcionarios están a tope en medio de la incertidumbre económica que también azota en pandemia. Por eso, muchos de sus alumnos son cada vez más jóvenes y según terminan sus estudios, se lanzan a opositar. David Pena fue uno de ellos. Aprobó la oposición para auxiliar administrativo del Estado con 26 años y a sus 27 narra su experiencia recién salido de su puesto de trabajo en el Ministerio de Sanidad. Tenía 24 cuando se matriculó en Empléa-te y decidió probar suerte. Lo hizo sin terminar la carrera. A los cuatro años abandonó la Ingeniería de Caminos y quiso asegurar su futuro. Hoy puede decir que lo consiguió. «Tenía dos cursos aprobados, pero lo dejé porque creo que me metía una presión a mí mismo que no era la adecuada para estudiar esa carrera. Pero ahora mismo estoy matriculado en ADE, porque yo una carrera me la voy a sacar», insiste David.

Este coruñés es hijo de funcionarios, así que no necesita que le expliquen las ventajas de una vida sin miedo al despido. «Sé lo que supone tener un sueldo fijo, un horario cómodo y unas buenas vacaciones aseguradas. Piensas: ‘Esto me va a dar un futuro'», indica el joven, que señala lo oportuno de su aprobado: «He tenido la suerte de aprobar ‘antes de'». Se refiere a la pandemia y al panorama laboral que está dejando tras de sí.

«Tal y como están ahora las cosas, te aseguras un futuro. En una empresa privada tienes que aguantar y, si cierra, buscarte la vida por otro lado», apunta. Por eso, según dejó la universidad, se puso a preparar la oposición: «En ese momento no había la del Estado, que fue la que acabé sacando, así que lo intenté con auxilio judicial y tramitación procesal. En estas tres no es necesario tener un grado». El primer intento se quedó en eso. «Me presenté a la primera convocatoria de las dos pero suspendí, porque estaba muy verde e iba con un temario completamente distinto a lo que yo había estudiado hasta ese momento.

Soy hijo de funcionarios y sé lo que supone tener un sueldo fijo, un horario cómodo y vacaciones aseguradas. Aún así, quiero promocionar

Después sí me lo planteé más seriamente y quise darle un impulso preparando tramitación procesal de nuevo y Estado, las dos a la vez. Busqué academia y me matriculé hace dos años y medio, con 25 años. De los cinco días de la semana iba cuatro, dos para una y dos para la otra. ¡Casi trabajaba ahí!», bromea. Salieron ambas casi a la vez, «la del Estado solo mes y medio antes que la otra. Para la judicial, al ser por concurso-oposición, había mucha gente con más puntos que yo al tener carrera», cuenta.

SALIÓ ENFADADO DEL EXAMEN

El primer examen de la plaza que aseguró su futuro, que tuvo lugar hace dos años, no salió como él esperaba. «Aprobé la del Estado, a pesar de salir con un cabreo tremendo del primer examen, porque la segunda parte era más complicada que el resto. El segundo fue el 9 de febrero del año pasado. Como no me esperaba aprobar el primero, perdí mes y medio de preparación para ese, que fue el 9 de febrero del año pasado. Luego nos pilló el confinamiento y no salieron las notas hasta mayo, donde vi que había aprobado. Fue un subidón enorme», relata el coruñés, que no supo cuál era su destino hasta hace un mes: «Salió la resolución el 20 de enero, y el 21 estaba en Madrid para coger la plaza cuanto antes. El 20 de enero cogí un avión desde Coruña a las nueve y al día siguiente a primera hora estaba aquí tomando posesión. Te dan 30 días, pero yo no tenía cargas ni nada que me impidiese ir ya, así que por si acaso lo hice ya al día siguiente».

David es de los más jóvenes en su puesto de trabajo, pero ya está acostumbrado a eso. «Es que eso ya me pasó en la academia, no te creas. Y aquí dicen que la plantilla tiene una media de edad alta y que hace falta una renovación urgente», apunta. Sin embargo, no piensa para nada en acomodarse. «Como tardaba tanto en salir la plaza, empecé ADE porque la cabeza no para. Y hay que intentar ascender en la oposición, porque entré en ella en un rango bajo y al mismo tiempo así hago algo que me pueda reportar un beneficio a largo plazo. Quiero hacer el grado para ir por promoción interna y ascender. La ventaja de hacerlo así y no por turno libre es que en vez de presentarme con 82.000 personas, lo haría con mil y pico», indica.

Este flamante funcionario dice que no cree en los tiempos récord: «Tardé un año y unos meses porque llevaba un tiempo antes preparando otra que tenía parte del temario en común. No es ‘en un año la apruebas'. Creo que para cada persona hay una oposición, y también depende del esfuerzo». Y de eso, David va sobrado.

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