«Si un acosador ve que no te afecta, buscará otra presa»

La pandemia silenciosa. El bullying está más presente de lo que parece. Y Juan (nombre ficticio) ha sido una de sus víctimas. Le tocó vivir un infierno en clase por el simple hecho de ser transexual. Ahora, que ya lo ha superado, relata cómo pudo salir


Digamos que quien habla se llama Juan. Ese no es su verdadero nombre, pero no quiere que nadie lo reconozca. El miedo a que se vuelva a repetir todo aquello que vivió sigue aún presente. Es difícil de olvidar. Él no ha tenido una vida nada fácil. Le ha tocado pasar lo que ningún niño debería vivir. Desde los 18 meses ha estado residiendo entre centros de menores y casas de acogida, alejado del calor de los suyos.

Pero lo peor llegó en plena adolescencia, a los 16 años, en un instituto de la zona de Santiago. Ahí comenzó su infierno. Simplemente por ser transexual y diferente a los demás: «Al principio todo iba bien. Llegué nuevo, pero hice amigos. Hablé con la dirección y los profesores para explicarles que era transexual y que quería que no me llamaran por mi nombre de nacimiento. Me dijeron que no había ningún problema. Pero un día en clase, al final del primer trimestre, una profesora se lo saltó y me llamó por mi nombre antiguo [un nombre de mujer] y ahí empezó todo». Juan no sabe decir si fue una equivocación de la docente o lo hizo porque no compartía sus deseos. Lo que tiene claro es que ya nada volvió a ser como antes: «Ese día todo el mundo me miró mal, y me sentí tan mal que tuve que salir de clase e irme del instituto. Al día siguiente volví porque me obligaron los del centro de menores», comenta con la herida aún abierta. Y fue a peor: «Todos los que pensaba que eran mis amigos me dieron de lado. Hicieron cosas que no me gustaron. Todo lo que había creado en ese poquito de tiempo que llevaba allí, se derrumbó. Había tenido bastante buen feeling, pero fue saber eso y todo el mundo se me echó encima». Eso es, simplemente, rechazar el sexo con el que nació y pretender vivir como él se siente. Nada más.

INSULTOS DIARIOS

Y empezó el infierno: «Hasta en el bus escolar me tiraban bolas de papel, me insultaban... Y al bajar, igual, me lanzaban miradas que mataban, me decían frases a lo bajo: ‘Mira ese, ¿qué se cree?, que va a tener pene, que va a ser un hombre; marimacho, lesbiana invertida...'. Cosas muy duras la verdad. Una vez llegué a clase y estaba puesto mi nombre con un signo de igual y mi nombre femenino. Todo ello con insultos alrededor. Y los profesores no hicieron nada. Decían que eran cosas de niños».

«Aún a día de hoy recibo insultos de gente anónima en una red social. Además son chavalitos de 16 o 17 años»

Los insultos y las collejas por los pasillos eran el pan de cada día para Juan: «Acabé en muchas peleas. Me pegaban y yo me defendía. Pero hay gente que no puede defenderse. En esa época iba a defensa personal y sabía defenderme. Pero eso no quita para que te hagan daño las cosas. Y me arrepiento de haber usado la violencia para defenderme porque hubo veces que me pasé y lo estoy pagando». Por eso ahora que lo ve con perspectiva, Juan recomienda acudir a la familia, a un psicólogo o alguna asociación trans, si es el caso. A él le ayudó mucho Arelas: «Tengo 19 años y vivo solo. Sin la ayuda de mi familia. Estoy solo en la vida. Bueno, ahora tengo pareja y la ayuda de Arelas, que también me vino muy bien. Porque el proceso lo empecé solo, hasta hace unos meses que contacté con ellos, y ya me dejé de ver como el chico raro. Vi que había más casos como yo».

Juan no llegó a terminar aquel curso. Lo expulsaron antes «por otros motivos», pero en el fondo sintió liberación: «Tampoco era un estudiante ejemplar, no quiero dármelas de lo que no soy. Tuve mis problemas a causa de la vida que me tocó, no solo por el tema trans. Pero el acoso me provocó no querer ir a clase. Había días que faltaba y me iba por ahí. Y luego ya no volví a estudiar. Me cambié de instituto, pero yo ya estaba rebotado y tenía miedo. Me iba por ahí. No quería estar en clase», confiesa este joven que ya tiene el cupo lleno de malas experiencias y que necesitó tratamiento psicológico para superarlo.

MEJOR QUE NUNCA

Pero su realidad, tres años después de este calvario, es muy diferente: «Estoy con una persona que me quiere y que me cuida. Nunca me llegué a imaginar que podía estar tan bien». Y le gustaría decir a todos los jóvenes que estén pasando por lo mismo, que pidan ayudan porque de todo se sale. Y a los centros educativos que se tomen en serio este problema: «En los institutos deberían ayudar más a la gente que sufre acoso. Somos personas igual que el resto. Y me fastidia mucho que por tu condición sexual o porque no te sientas cómodo con tu cuerpo te discriminen y te echen de tu grupo de amigos». Pero Juan ya no es el mismo de hace tres años y ahora sí sabría hacer frente al bullying: «Si un acosador ve que no te afecta lo que te está diciendo, buscará otra presa. Y así con cada uno. Hasta que vea que nadie le hace caso. Tienes que demostrar que eres mucho más fuerte que ellos. Y enseñarles que tú sí puedes y que ellos son los cobardes que se esconden detrás de unos insultos para que tú te sientas mal. Te insultan a ti porque ellos se creen menos», dice mientras denuncia una triste realidad. «Aún a día de hoy, ya superado el tema y después de tanto tiempo de tratamiento, recibo insultos de gente anónima en una red social. Y te sigue doliendo porque ves el desprecio que hay. Porque además son chavalitos de 16 o 17 años. Si es de gente mayor lo entendería porque se criaron en un mundo diferente. Pero que chavalitos te insulten llamándote hermafrodita y cosas así, no es normal».

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