Alberto Coto, el calculista más rápido del mundo

14 veces récord Guinness, siete títulos de campeón mundial y varias medallas de oro y plata. Su máxima hazaña ha sido la suma de cien dígitos simples en 17,04 segundos, a una velocidad de seis operaciones mentales por segundo


Yo soy más de letras. Él, de números. Me evoca a Pitágoras. «¡Gracias!», responde. Y se me da un aire físico a Pitagorín, personaje animado de 1966 creado por José Peñarroya inspirado precisamente en el matemático y filósofo de Samos (el de Grecia, no el de Lugo). Coto reacciona ante el atrevido símil: «Ahí no sé qué decirte...». ¿Le incomoda la etiqueta de ‘calculadora humana'? «Nunca me ha entusiasmado, dices bien. Supongo que para que la gente se dé cuenta de qué se está hablando, queda bien», responde sin perder afabilidad. En Google obtuve 2.700.000 resultados en 0,41 segundos sobre este asturiano. Profesión: asesor fiscal, laboral y contable. Nacimiento: Langreo, 1970. Reseña de Wikipedia: «Considerado uno de los más grandes calculistas de la historia y el que más títulos ostenta actualmente». Ha batido el récord Guinness 14 veces y su máxima hazaña ha sido la suma de cien dígitos simples en 17,04 segundos, a una velocidad de seis operaciones mentales por segundo. Tal capacidad le llevó a torneos de cálculo y olimpiadas de deporte mental, obteniendo siete títulos de campeón mundial y dos medallas de oro y una de plata respectivamente. Y a pisar platós de televisión, comenzando por Qué apostamos en 1998, luego Ver para creer y más adelante Crónicas Marcianas y Cuarto Milenio. Además, imparte numerosas charlas a nivel empresarial y educativo y es escritor con varios best sellers en España y América Latina. Pregunta atrevida: quiero saber si alguna vez pensó en donar su cerebro a la ciencia al morir. «Ya lo he hecho en vida. El estudio más completo -explica- fue en Leipzig, Alemania, con el que luego hicimos un programa con Iker Jiménez hace unos años, basándose en aquellas tomografías, colocándome electrodos en la cabeza y pasando determinadas pruebas de cálculo, para analizar las áreas del cerebro que se iluminaban (trabajaban)». El 2010 fue el año de su último campeonato: «Tenía 40 años y mis principales rivales, 18». Ahora está más «en otra línea»: «No tengo pensando participar en más de momento».

En su infancia está el origen de esa faceta tan extraordinaria; comenzó «jugando, como tiene que empezar todo de niño», defiende Coto. De hecho, asevera: «Los calculistas nos empezamos a hacer desde que tenemos 5 o 6 años; si no, se me antoja casi imposible, porque es un proceso continuo». «Con mi padre -recuerda- jugaba la partida al tute, donde ves los numeritos en las figuras. Tenía 5 o 6 años. Al final tienes que sumar los puntos y cada vez lo vas sumando todo más rápido y controlando las cartas que van saliendo y las que faltan por salir, los puntos que llevo acumulados para poder decidir en cada momento qué jugada me conviene. Y vas metiéndote en esa vorágine en que todo todo es número y todo se puede calcular...». Así como lo relata, las matemáticas parecen coser y cantar, aunque a nivel académico se les atraganten a bastantes estudiantes, como me pasó a mí. «Si las descubres como algo con lo que puedes jugar -sostiene- y que gracias a hacer cálculos puedes llegar a tener ventaja en las cartas o cuando vas al supermercado, acabas adorándolas». De hecho, Coto desarrolla proyectos educativos en México y en el TEC de Monterrey organiza cada año un Campeonato Mundial de Cálculo Mental para el alumnado.

También, como experto en juegos de azar, ha sido fichado recientemente de nuevo por el Principado de Asturias para una campaña contra la ludopatía: «Es muy serio y preocupante. El problema no es por los que apuestan de forma puntual, sino los que quedan enganchados». El confinamiento ha elevado el porcentaje juvenil. «Tiene tanto poder adictivo que al final destroza vidas», advierte. A los chavales les dice: «Tenéis que ser libres para decidir lo que queráis, pero la libertad tiene que partir siempre del conocimiento. Si queréis jugar o acercaros al mundo del juego, estudiad probabilidad, sabed de qué va el tema y a partir de ahí decidid». Él optó por concienciar; no tomó el camino fácil y provechoso que sería «empezar a contar por YouTube cómo ganar en las casas de apuestas con mi supuesto método» y rapidez de cálculo, pero claramente está «encantado de estar en este lado del barco», dice feliz.

En el 2020, Langreo le dedicó una calle: «Fíjate, me llamo Aberto Coto García y vivo en la calle Alberto Coto García. Para hacer una factura, tengo que decir que no me he equivocado. Ahora los de Correos ya lo controlan». «Es un placer» recibir un homenaje vecinal así, reconoce. Aunque un amigo le espetó un día: «‘Alberto, muy fastidiado debes de estar para que te pongan una calle'. Porque parece que tienes que estar muerto ya». Por cierto, su epitafio ya lo tiene preparado: «Amó los números hasta el infinito».

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