Aleixo, «el niño de fuego»: «Se non fose pola xente, daríame igual o meu aspecto»

La música le salvó la vida tras sufrir con su padre un accidente de camión que le quemó el 90 % del cuerpo. «Recordo todo. Eu non volvín soñar», cuenta Aleixo, que tiene raíces gallegas y un talento especial

Aleixo Paz, protagonista del documental «El niño de fuego», una gran historia de superación
Aleixo Paz, protagonista del documental «El niño de fuego», una gran historia de superación

A los 9 años, la vida de Aleixo ardió en un momento. El camión cisterna en el que iba con su padre sufrió un accidente que le quemó el 90% del cuerpo. Sobrevivió, pero ya era otro. «Ese niño no soy, ese está muerto», dice Aleixo señalando al niño que fue en un vídeo anterior al siniestro, en el documental El niño de fuego (Movistar). «Míralo, qué cara de pillo...», dice su madre limpiando el marco de una foto en la que Aleixo no era todavía el niño de fuego. Su lucha abrasa, nos deja k.o. 

«Me llamo Aleixo Paz, tengo 9 años y el 8 de septiembre del 2009 sufrí un accidente con mi padre en el camión. Me quemé todo el cuerpo. Desde entonces estoy en la uci. Me han operado 13 veces y me quedan unas cuantas. Quiero irme a casa. Estoy cansado de estar aquí. Cuando digo que por qué ha tenido que pasarme esto a mí, mamá me dice que mire a los niños que están en las otras camas. ¿Por qué a ellos? Me dicen que soy valiente, un campeón. Tengo ganas de llorar, pero me aguanto porque, si no, mamá y papá también lloran», dice el niño que se quedó sin dedos de las manos, pero tiene un don para sentir, para escribir sentimientos y cantar. Ese texto es parte de la primera carta que escribió tras el accidente, aún en el hospital. «Recordo todo unha vez que espertei. Como no camión ía durmindo, tampouco sei ben como foi... O que sei é que espertei co golpe, pregunteille ao meu pai que pasara, el dixo: ‘Tivemos un accidente’. Colleume en brazos, e foi saltar do camión e correr. Non perdín a conciencia en ningún momento ata que me durmiron. Recordo todo». No volvió a soñar. Revive el dolor despierto. 

Aleixo habla de frente, habla «galegho», un «galegho» que se corta por la mitad sin olvidar el lugar del que viene. Tiene raíces en As Neves (hay un juego de aguardiente de Ponteareas en el documental), pero vive en Gerona. «Son de aquí, e a miña nai suponse que de nacemento é de Lleida, pero sentímonos todos galeghos», cuenta.

Hace poco pudo venirse a Galicia («Pero non puiden quedar, que se non quedaba...»), ya con 20 años, el niño con un fuego interior que supo cómo llevar el director Ignacio Acconcia, quien buscaba una buena historia que contar. Y lo encontró a él.

Aleixo con el director del documental que protagoniza en MoviStar, Ignacio Acconcia
Aleixo con el director del documental que protagoniza en MoviStar, Ignacio Acconcia

BOXEO, MÚSICA Y AMIGOS

Se conocieron a través del presidente de la Unidad de Quemados del Hospital Vall d’Hebron. «Faloume de Ignacio, dixo que quería facer unha película, e pensei: ‘Non teño nada que perder’. Vou coñecelo e mirar se seguimos ou non». ¿Costó? «Estivemos un ano coñecéndonos e grazas a el gravouse. Con outra persoa, seguramente, non tería feito nada». La confianza fue el motor. «Coñécemonos ben os dous xa. É un amigo», valora. Acconcia le siguió, de manera intermitente, durante cinco años.

«Eu non teño complexos. O problema non son eu, é a sociedade, que ás veces no entende o que mira. Non ve o que hai detrás»

¿Cuáles fueron las mayores dificultades y problemas que encontró? «Eu non son o problema. O problema é a sociedade. Se non fose pola xente, daríame igual o meu aspecto. Eu non teño complexos. É a sociedade a que ten que cambiar nisto e en moitas cousas. A sociedade ás veces non entende o que mira. Porque a xente non mira o que hai detrás», denuncia Aleixo.

Con guantes de boxeo, Aleixo pelea con su dolor, intenta noquearlo para que no lo destruya. Le vemos caminar en la oscuridad, discutir con su madre, consigo mismo, lavarse, oír cómo los médicos le hablan de hacerle injertos de piel de una parte del cuerpo a otra, abrir una libreta donde los garabatos estallan en poesía, escribir: «Es otro día en el barrio, soñando despierto, sacando humo a los cuatro vientos. Tiro los dados, me he acostumbrado a perder. No juego esperando ganar. Juego hasta dejar de respirar. Siento ganas de llorar, pero mis lágrimas no salen, permanecen presas. [...] Quisiera dejar de ser un cobarde, dejar de correr delante de la muerte, cogerla por detrás y enseñarle que con esta bestia no se juega». «Lo que me gusta es escribir, escribir para la música, al menos dejaría algo, sentimientos plasmados...», expresa.

A Aleixo le vemos confesar que nunca pensó en llegar a los 20, y hablar con otro chico que se quemó y encontró una motivación para seguir viviendo. «Tienes que encontrar tu motivación», le dice. Le vemos liar un cigarro, celebrar sus 18 años en una fiesta sorpresa que le preparan su hermana, su cuñado y los amigos como se hacían antes las cosas, sin distancias ni mascarillas, le vemos aprobar el carné de conducir y ponerse por primera vez al volante de un coche (que le regala su padre). O estrenarse como padrino del pequeño Yago. «Aí si que ma liaron ben! Non mo contaron todo. Non mo esperaba, a min daquela non era que os nenos me gustasen moito, pero agora se me cae a baba con el», confiesa.

«A música salvoume, escribir, cantar... Na uci o único que tiña era o radicasete que me regalou 'a familia do hospital'»

Escribir le gustó desde pequeño, pero si no hubiese tenido el accidente «ao mellor non escribiría esta dor, non sentiría tanto o que escribo». «Non sei...».

«A música foi o meu refuxio, o que me salvou, xa antes de empezar a cantar. Era parte de min cando estaba no hospital. Na uci era o único que tiña; as visitas poucas veces se podían facer. O que tiña era o radiocasete que me regalara a ‘familia do hospital’», cuenta refiriéndose a un grupo de cuatro médicos y enfermeros que lo atendieron. «O único que quería dende o principio era facer cancións. Aí queda o que penso. Todo o deixo nas cancións». Pero nunca se llegó a imaginar en el escenarios con el Chaca, el boxeador, rapero y superwélter campeón de Europa. Y lo no esperado llegó a ser.

El otro salvavidas de Aleixo es la familia, la de sangre. «E tamén a que teño fóra da casa, por distintos sitios: os amigos. Hai dous ou tres que son máis que amigos, son familia», asegura.

¿Qué aprendió en el hospital? «Estar toda a vida nos hospitais foi aprender a darme de conta de que nos momentos de verdade dá igual quen estea, ás veces non se pode facer nada. Estás só. Non sempre vai haber alguén aí», dice. Pero siempre hay gente. «Pero hai que afacerse a estar só...».

El niño de fuego es una herida que quema el corazón. «Eu non son un exemplo. Non hai nada bo que aprender de min...», dice Aleixo, pero su documental le contradice. ¿Qué le diría a alguien que pase por algo como lo que él pasó? «Non sei... Non me gusta dar consellos, pero un debe tratar de ser quen é, atreverse a ser quen é», piensa.

¿Qué le da la vida? «A xente que me rodea. Os mellores momentos son nos que me rodeo da xente», no duda.

«Somos de afogarnos nun vaso de auga. Mira algúns chavales queixándose do confinamento. Hai xente que vive no hospital, dende antes da pandemia. Cando estás alí, miras máis ao que está dentro que ao que sae fóra».

Te queremos en el escenario, chaval.

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