«El confinamiento me salvó el matrimonio»

EL ESTADO DE ALARMA LES UNIÓ tras casi dos años de relación a distancia. Y en plena pandemia la vida les dio otra alegría, el pequeño Izan. «El parto fue con mascarilla, pero él estuvo en todo momento», dice Natalia. Un amor de historia

Fran, Natalia, Valeria y el pequeño Izan, un soplo de alegría en la pandemia
Fran, Natalia, Valeria y el pequeño Izan, un soplo de alegría en la pandemia

La pandemia del covid ha traído un aumento de los conflictos de pareja. Es un hecho constatado antes de la expansión del virus: cada vez hay menos matrimonios que resisten la convivencia. Pero la ola de divorcios, contenida en parte por las restricciones y las dificultades económicas, se viene abajo con historias como la de Natalia y Fran. A veces la distancia es el olvido; otras, la que gana es la memoria del corazón.

Ella es coruñesa, él gaditano, y el flechazo surgió en África por una fotografía. «Él estaba embarcado allá y me conoció por una foto. Se la enseñó por Facebook mi mejor amiga, que estaba embarcada con él», relata Natalia. Cuando él volvió a tierra, dos meses después de enamorarse de un vistazo, subió a Coruña a conocerla y así empezó un año y medio de relación a distancia. Él se escapaba cuando podía a verla, por lo general una vez al mes. Ella bajaba otras veces al sur a verlo a él. La noticia más dulce llegó en agosto del 2019, un par de años después de conocerse, antes de que el coronavirus le diese el alto a nuestras vidas. Natalia ya no era solo Natalia: «Me quedé embarazada ese verano. Contábamos con que él se viniese de Cartagena a Ferrol en junio del año pasado, que fue cuando nos comprometimos. Por el covid, tuvimos que posponer la boda. Pero, de alguna manera, también gracias al covid él pudo venirse antes a Coruña y vivimos juntos el final de mi embarazo» y la llegada del bebé.

Cuando se decretó el estado de alarma, a Fran le dijeron que debía marcharse a casa. Y su hogar estaba construido ya sobre la distancia junto a Natalia. «Hasta ese momento solo habíamos convivido una semana al mes o en vacaciones... El coronavirus nos unió más», aseguran.

UN PARTO CON MASCARILLA

Ella tenía la duda de que él pudiese ver nacer a su hijo y el temor de afrontar en solitario el ochomil cotidiano de los primeros meses del bebé. Como una alegría de 3,180 kilos de peso y 49 centímetros, Izan llegó el 9 mayo del 2020, días antes de lo previsto, y tuvo ese regalo grande: se encontró a sus padres juntos al nacer. Natalia cree en que las manos de la vida, si la dejas, van poniendo las cosas en su lugar. Abrió su peluquería, Heaven, poco antes de estallar la pandemia, la cerró por las restricciones. Reabrió solo una semana antes del parto, en cuanto lo permitió el Gobierno; cerró para dar a luz y volvió al trabajo solamente una semana después. «En cuanto me encontré bien», asegura. No tardó...

Izan traía el pan bajo el brazo, pero había que pelearlo. Con amor. Con papá al fin en casa y confianza en que todo iría saliendo bien. «A nosotros el confinamiento nos ayudó. ¡Nos salvó el matrimonio! No estábamos en crisis, al revés, queríamos estar juntos. La distancia es dura y se estaba haciendo muy pesada. Queríamos estar. Cuando me quedé embarazada, se me cayó el mundo encima porque pensé que lo pasaría sola. Tienes a tu madre, pero yo quería que él estuviese conmigo», sonríe Natalia.

En el momento en que supo que Izan estaba en camino, Natalia le hizo una foto a su barriga. «Fran estaba de maniobras en Cáceres. Le mandé una foto de mi tripa y del predictor». Sorpresa. La distancia, si hay amor, también aprieta. «Nos echábamos de menos en el día a día, poder hablar en el sofá, acostarnos y levantarnos juntos, desayunar, ver una película... A lo mejor, veíamos una película a distancia. Yo le decía: ‘Voy a ver esta película’. Y él: ‘Yo también’. Y pensaba: ‘Qué guay sería eso, poder estar...’».

Fue el 13 de marzo, al decretarse el estado de alarma, cuando Fran viajó a Galicia, «porque tenían miedo de que pudiese haber contagios en la residencia donde estaba en Cartagena», explica Natalia.

En su caso el roce no hizo el conflicto, fue al revés. «Desde el confinamiento, disfrutamos de las pequeñas cosas. Y lo más grande, vivimos juntos el nacimiento del niño. Fue maravilloso. Increíble».

El parto fue rodado en el materno de A Coruña. «Como tengo a Valeria, de 7 años, estaba abierto el camino. Ella estaba emocionadísima porque no dejaba de pedir un hermanito. Lo cuida, se quieren mucho los dos», cuenta su madre. «Lo peor del parto fue tener que llevar la mascarilla para dar a luz. Solo me dejaron quitarla un momento para darle un beso al niño cuando nació», recuerda Natalia ocho meses y medio después. Fran no se perdió nada de la llegada de Izan. «Él estuvo conmigo en todo momento. Fue inesperado y muy bonito. ¡Y tenemos un niño monísimo!», con una maestra increíble de 7 años, Valeria.

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