Ellos son los canteiros de la catedral de Santiago

Discípulos del Maestro Mateo por casualidad. Una propuesta de trabajo ha llevado a estos tres vecinos de la Costa da Morte a restaurar las piedras del mayor legado artístico de Galicia. Todo un honor


José Miranda, Julio Bermúdez e Ismael Cernadas se han convertido casi de casualidad en los discípulos del Maestro Mateo. Ellos han tocado y restaurado las mismas piedras que en su día vio levantar el gran escultor y director de obra de la catedral de Santiago. Casi nada. Por eso, cuando les propusieron formar parte del equipo de restauración no se lo pensaron dos veces.

«Isto é como se tes un restaurante de aldea e che dan as tres estrelas Michelin», resume Ismael cuando recibió la propuesta de participar en el proyecto. Sin dudarlo, se lo propuso a José y a Julio, de la empresa Mármoles Bustelo, de Dumbría, que están especializados en trabajar la piedra. Y los tres se convirtieron en los canteiros de la catedral de Santiago durante siete meses.

Al principio, su trabajo era menor: «Limpar pedra, picar o rexuntado vello que había que facelo novo e así. Pero despois propuxéronnos rehabilitar a xirola -nave semicircular rodeada de capillas por detrás del altar y donde está el Apóstol-, a tribuna e todas as naves interiores. Tamén na cuberta fixemos algo».

Los tres reconocen que las condiciones en las que estaban algunas zonas de la catedral no eran las mejores, pero el resultado es más que sorprendente: «Para min, quedou espectacular. O cambio foi grandísimo. Foi unha gran reforma. Quedei moi abraiado cando vin o resultado», explica José.

«É unha honra poder traballar na catedral», confiesa Ismael que reconoce que llegaron a hacer más incluso de lo previsto: «Fomos collendo confianza co equipo. E había moitas cousas que ían quedar sen facer porque non estaban previstas, pero ao ver que faciamos as cousas ben e rápidas fixemos máis do que estaba programado», dice este joven de apenas 31 años que lleva trabajando la piedra desde los 16. «Para min foi unha experiencia única e unha aprendizaxe total. Valeu coma se estivese 20 anos seguidos traballando». Jose y Julio, por su parte, echan de menos que no haya más canteros ni carpinteros profesionales: «É un problema serio. O día que nos xubilemos os que temos agora 50, non vai haber quen se dedique a isto». Y será por obras para rehabilitar. De hecho, después de estar siete meses trabajando en la catedral, también participaron en un proyecto de rehabilitación en el pazo de Xelmírez, y del que José habla maravillas: «Ten uns espazos dentro impresionantes».

Ahora están pendientes de que Patrimonio les diga cómo tienen que actuar en la cubierta de la catedral para restaurar el óculo más antiguo del edificio: «Quedaranos 15 días ou un mes, depende do que nos digan que hai que facer», asegura.

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