Javier Gutiérrez: «A los 50 empieza lo mejor»

«Eso me lo dicen los amigos de 60, no los de 40», matiza el actor, gallego de corazón, que estrena este viernes «Bajo cero»

El actor Javier Gutiérrez
El actor Javier Gutiérrez

En un Madrid «lleno de nieve por todos lados» nos atiende el gallego de corazón Javier Gutiérrez (Luanco, 17 de enero de 1971), con los 50 recién cumplidos y con un nuevo thriller decidido a congelarnos a través de la pantalla. Bajo cero, que se estrena este viernes en Netflix, nos sumerge en una violenta historia en la que un agente a cargo del traslado de un furgón de presos se ve atacado en mitad de la nada y con un frío mortal. ¿Les suena? La realidad, a veces, se parece a la ficción. A Netflix le pasó ya con el estreno de Hogar en marzo, en pleno confinamiento. Y ahora la nevada histórica de Madrid tiene la utilidad de una insuperable campaña de promoción para Bajo cero.

-En «Bajo cero» asumes el papel de un padre de dos hijas, un policía ante un traslado muy duro, violento, que mete miedo.

-Es un policía que tiene un alto sentido del deber y de la justicia. Un hombre que está destinado más bien a labores administrativas y (esto es quizá una licencia que se permite el escritor y guionista Lluís Quílez) una noche que tiene que cubrir a un compañero hace un primer viaje custodiando un furgón en el que hay ocho presos que deben ir de un penal a otro con el hándicap de que son presos de máxima seguridad. Durante esa hora y media que dura la película, a él le va a pasar una cosa que va a hacer que cambie absolutamente su visión de la ley. Tiene un tercio final que es muy interesante y que va a invitar a la reflexión. 

-¿Nos hace escoger entre el sentido del deber y la ley de los afectos?

-Pero va mucho más allá. No está inspirada en hechos reales, pero hay casos cercanos en este país en los que la sociedad no ha sabido muy bien de qué lado ponerse, si del lado de la justicia, en un sistema con agujeros que han hecho que los delincuentes no hayan salido perjudicados, o que las víctimas hayan salido más perjudicadas incluso que los propios delincuentes... Esto es muy reconocible para cualquier espectador porque lo ha visto en varios sucesos de los últimos años en España. Pero no quiero poner ningún caso concreto por no llevar a asociaciones que no son. El dilema no solo es del individuo, sino de la sociedad, de qué lado ponerse ante un sistema que deja al individuo solo, indefenso. Y que lleva en cierto modo a tomarse uno la justicia por su mano.

«Números uno, como 'La casa de papel', hablan del buen músculo de nuestro audiovisual»

-¿Ves bien de salud a nuestro cine, resiste con calidad la pandemia? Pese a los cierres de salas por las restricciones...

-El audiovisual español goza de muy buena salud. En cuanto a series, solo hay que ver lo que ha pasado en pocos años, cómo series nuestras han traspasado fronteras y son un éxito por el mundo adelante. Me refiero, por ejemplo, a La casa de papel. Son auténticos números uno que hablan del buen músculo de nuestra ficción. Pero más allá de eso creo que hay una docena de buenas películas que aspiran a ganar premios en todas las temporadas y son filmes de todo pelaje. Mira este año el caso de Las niñas, de Pilar Palomero, una película muy pequeña que se ha convertido en una de las grandes favoritas del Goya. Te la recomiendo, es deliciosa... y son esas cosas que se hacen en nuestro país y no tienen nada que ver con un cine de mayor producción.

-¿Es un cine «frágil», como dicen algunos directores?

-No lo parece, yo diría más un cine de autoría, diferente... Puede ser mucho más potente y poderosa esta película, con menos dinero y menos medios, que una gran producción, que otras películas que salen a lo grande y no tienen la mitad de poderío que Las niñas. Me estoy acordando ahora de Estiu 1993, una película muy pequeñita que se convirtió en la gran sorpresa de la temporada. Este cine es un tipo de cine que nos gusta hacer, que sabemos hacer y que cada vez les gusta más a los espectadores.

-Has cumplido el medio siglo. Lo compartiste con nosotros con un mensaje en Instagram: «Y llegó el fatídico día...o no. Gracias a todos aquellos amig@s que insisten en que los 50' sin lugar a dudas es la mejor época». ¿Entonces, te felicitamos o te compadecemos? 

-Lo de «fatídico» decía con socarronería... ¡Yo me siento muy bien! Muy a gusto a nivel personal y profesional. Y la verdad es que los 50 de hoy no tienen nada que ver con los 50 de otras décadas. La gente, en general, se cuida más o eso quiero creer. No siento el peso de los 50, pero tampoco te voy a decir que estoy como un chaval de 20. 

-Hay amigos que te dicen incluso que a los 50 empieza lo bueno.

-Sí, a los 50 empieza lo mejor, pero según los amigos que han rebasado ya los 50 o los 60, jajaja, con lo cual me lo dicen desde el poso de la madurez. Un amigo de 35 o de 40 no me dice eso. Pero sí hay un punto de madurez, de mochila vital, que te hace pensar que hay mucho camino recorrido pero aún hay camino por hacer. 

-¿Te notas muy diferente en la vida y en el cine respecto a los 40?

-No, porque yo sigo manteniendo el ritmo vertiginoso de los 40 y sigo compaginando teatro y televisión o teatro y cine, ¡que es algo que muchas veces no hay que hacer! No hay que estar todo el día en la carretera o de plató en plató, pero más allá de esto yo no siento menos energía. Hay una energía especial, uno sabe dosificarse mejor. No la malgastas ya en cosas superfluas. Sabes qué es lo importante.

-¿Qué es lo importante?

-Para mí, un grupo de amigos a los que tengo muy en cuenta, la familia, mi hijo... Son pilares fundamentales, y con el paso de los años vamos cuidando eso. Esta pandemia nos ha hecho ver mejor qué es lo importante, lo que merece la pena. Lo importante son las relaciones, querer y cuidar a las personas que son importantes en tu vida. Puedes vivir con más o menos dinero, en una casa más grande, viajando o no, pero el mayor patrimonio de un ser humano es este, el amor, la amistad, cuidar las relaciones que para cual son importantes. A mí es lo que me alimenta, más allá de lo material y lo banal en este mundo de las relaciones de las redes sociales. 

-¿Nos cuesta hoy distinguir los afectos reales de las amistades del Facebook?

-Sí, las redes sociales han venido un poco a pervertir nuestro modo de vivir, de relacionarnos con los demás, y han hecho que una persona anónima juegue a ser una celebrity, exponiendo lo mejor de sí mismo, mostrando un mundo en muchas ocasiones irreal. Ni siquiera es su mundo, sino su mundo ideal, un mundo deseado, donde uno muestra su mejor cara para satisfacerse a uno mismo o no sé si dar envidia a los demás.Yo no sé muy bien... La tecnología nos hace avanzar y enriquece a la sociedad en muchos aspectos, pero las redes sociales aportan más bien poco y tienden a pervertir un mundo ya de por sí pervertido, ¿no? Con pervertido hablo de un mundo que no es honesto ni sincero ni verdadero. Yo, que soy bastante ajeno a ellas, me veo a veces en esa rueda sin querer. No tengo Facebook, y Twitter lo uso para recibir noticias y estar al tanto de las cosas que publica la gente que me interesa... Pero no vierto ninguna opinión personal ni entro a debatir absolutamente nada en Twitter. E Instagram lo tengo porque en una profesión como la nuestra la visibilidad es importante.

«No hay que caer en el onanismo. No hacemos cine para nosotros mismos. Hay que llegar al público, al mayor número de gente»

-Puede resultar molesto para vosotros, pero parte del público agradece veros de esa manera, asomarse a vuestro trabajo pero también un poco a la parte más personal.

-Claro, y la promoción de los proyectos lo requier en cierto modo. No podemos caer en el onanismo. No hacemos cine o televisión para nosotros mismos. Hay que llegar al mayor número de gente posible. Envidio muchísimo, por ejemplo, cómo es capaz de llegar Santiago Segura. 

-Llegar a la gente es un premio, pero no siempre hay reconocimiento. ¿Hay un complejo con la comedia en el mundo del cine español, de puertas adentro?

-Pasa siempre con las comedias, pero no solo en España, en todas partes. La comedia es la hermana pobre. Es casi imposible que se premie un trabajo que viene de la comedia cuando compite con trabajos que vienen del drama. En este país da más rabia todavía, habida cuenta de las buenas comedias que se han hecho hasta hace poco.

-¿Rechazaste el papel de profesor de «La casa de papel»?

-Sí. Coincidía en el tiempo la película de Campeones con el comienzo del rodaje y tuve que elegir. Primero la decisión fue por lealtad a Javier Fesser, que había confiado en mí y me esperó para hacer la película, y luego, al tener un hijo con una discapacidad, creo que era mucho mejor. Me iba yo a sentir mucho mejor, en definitiva, haciendo Campeones que rechazándola por hacer una serie como La casa de papel, que en ese momento nadie intuía dónde iba a llevar. Pero habiendo llegado adonde ha llegado habría elegido lo mismo. No me dolerían prendas. Si me hablas de otra película, sí rechazaría el proyecto por La casa de papel, pero sería muy difícil rechazar la propuesta de Campeones por cualquier otra.

«A medida que vas cumpliendo años cuesta ser visible. Las mujeres se vuelven invisibles antes que los hombres, y tanto para ellos como para ellas en general a partir de los 50 es más difícil acceder a proyectos»

-Tu hijo Mateo ya está entrando en la adolescencia...

-Bueno, todavía le queda, que tiene 11... Pero ya tiene un carácter, ¡dan más guerra!

—En marzo del 2020, soñabas, nos dijiste, con escaparte a Galicia y recorrértela entera en coche. ¿Deseo cumplido?

—No, no he podido... No he vuelto a Galicia desde que fui en verano a recoger un premio en Santiago, el de Cineuropa, ¡pero fue visto y no visto! Y ahora estoy expectante... ¡A ver si podemos ir con Principiantes [sobre el famoso libro de relatos de Carver]! De Galicia hecho de menos todo... Ver a los amigos, viajar con libertad. Estas Navidades no he podido ir. Pero lo primero es la salud. Y hay que apelar a la responsabilidad individual.

-Me he quedado con esto que advertías en otra entrevista: «A los 50 los hombres empezamos a ser invisibles en el cine, y las mujeres antes».

-No es exactamente así. Me refería a que a medida que vas cumpliendo años cuesta ser visible. Las mujeres se vuelven bastante invisibles incluso antes, y tanto para ellos como para ellas en general a partir de los 50 es más difícil acceder a proyectos. En Hogar la premisa es la de un publicista que una vez que pierde el trabajo y rozando la cincuentena tiene muy complicado, a pesar de haber sido un número uno en su faceta laboral, volver a esa rueda. Hoy ser joven te abre muchas puertas. A partir de los 50 en el mercado laboral quien se desengancha lo tiene muy complicado para volver.

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