Cecilia Súarez: «A los gallegos los amo, definitivamente estoy enamorada de Galicia»

La conocimos mundialmente por su papel en «La Casa de las Flores», pero desde que está instalada en Madrid, la actriz mexicana ha recuperado sus raíces asturianas. Tras el confinamiento, estuvo en Galicia disfrutando del rodaje de una serie por la que ha hecho el Camino


Lleva años en lo más alto de la escena internacional, ha sido premiada con un Emmy, pero a Cecilia Suárez el éxito brutal le llegó por su papel de Paulina en La Casa de las Flores, donde su particular acento fue imitado en todo el mundo. «Salúdame al Cacas» es ya una frase que nos sitúa en un estado de ánimo y Cecilia se acoge a esa mirada del humor para afrontar la vida. Pero ella no es Paulina, habla pausado, eso sí, y no desvía su conversación de lo feliz que está de vivir ahora en España. Madre de un hijo, Cecilia tiene raíces asturianas, pero Galicia le ha hecho disfrutar por primera vez del Camino.

  

-Has estado rodando aquí «3 Caminos», que se estrena el viernes 22 en Amazon Prime. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

-¡Al fin! Muy particular, porque veníamos todos del confinamiento, y llegar a todos esos paisajes después de estar en casa tres meses fue muy sanador, muy reparador. En ese momento entendí por qué tantísima gente acude al llamado del Camino.

-¿Habías estado antes? ¿Cómo te recibieron los gallegos?

-No, no, fue mi primera vez. Los amo, definitivamente estoy enamorada de Galicia, de su gente, de la comida, del camino, de los paisajes. La verdad es que me encanta, para mí fue una experiencia única.

 -Te embarcas en un proyecto en el que el Camino actúa como catalizador, una excusa para reunirse con amigos. ¿Tú te plantearías ahora hacerlo?

-Por supuesto. Y se lo digo muchas veces a amigos queridos, que sé que tienen ese interés, les digo: ‘Sin duda, no puedes dejar de hacer eso’. Es una experiencia transformadora y sobre todo con lo que hemos vivido este año, y seguiremos viviendo, es una forma fantástica de tomar un poquito de entendimiento.

 -En ese proceso, aunque sea a través de la ficción, reflexionas sobre el paso del tiempo, los sueños rotos. ¿Cuál ha sido tu sueño roto?

-Mmm. Has amanecido muy intensa, eh [risas]. No lo sé, más que eso para mí lo que crea el Camino es que sin duda es una experiencia absolutamente personal, es decir, tú puedes ir en grupo, pero seguro que tu modo de vivirlo no tiene nada que ver con el de al lado. Es realmente un viaje al interior y de los tramos que pude hacer, de caminar sola, es un salto al interior y eso es único.

-Pero a lo largo de tu vida has pegado algún giro de guion. ¿El más importante?

-Todos. Yo creo que periódicamente tenemos que ir dando esos saltos, creo que convertirme en madre ha sido una cosa única. Y luego vivir en ciertos sitios: en Estados Unidos seis años, volver a México después fue otro salto, ahora vivir acá también ha sido muy importante. Más de lo que yo en un principio creía. Finalmente España tiene que ver con mis raíces, con mi abuelo, mi padre.

 -Eran asturianos, ¿no?

-Mi abuelo. Mi papá ya nació en México, pero, claro, tenía esa influencia de haber sido criado por asturianos, por su padre y su tía. Su mamá, mi abuela, era maya. Entonces realmente somos una combinación, venir para acá ha sido un encuentro con parte de mi historia, de mi familia, de mí, que sigue siendo muy conmovedora, interesante y transparente. También habla de cómo estamos construidos todos, venimos de algún sitio.

 -En ese regreso a España, ¿te has llevado alguna sorpresa sobre lo que todos tenemos preconcebido? ¿Pensabas que estábamos todo el día de fiesta?

-No, no. Yo creo que la pandemia ha desconstruido todo [risas] sobre lo que tal vez yo podía haberme construido. Ese tipo de ideas se tienen en todas partes, luego depende de uno si te las vas a colgar o no. O vas a decir: ‘Con permiso, no me pertenece’. Y me pasa un poco eso. Lo mejor es no hacer mucho caso a ese tipo de cosas. Lo que sí me he llevado es una impresión de España muy grata, evidentemente tiene sus conflictos, pero se han reinventado y están en ese proceso de definición todavía y me gusta mucho.

 -¿Vas a quedarte? ¿Tienes intención de que sea por mucho tiempo?

-No lo tengo claro, pero no creo que sea tan pasajero. Veremos, veremos [risas]. Estoy muy agradecida con España, con su gente, con los amigos que hemos hecho en este tramo. A veces veo a mi papá tan feliz de la vida por acá, en mi casa, a mi hijo con su abuelo que sí creo que ha habido mucha cosa linda para nosotros.

 -Por lo que cuentas, te dejas llevar por el azar, ¿o has construido el camino, por volver a la metáfora, de una manera más planificada?

-Lo de venir acá se ha construido de las dos formas. México está pasando un momento muy, muy álgido y a mí me venía bien echar un salto para otro lado y ver qué me deparaba el destino. Y sucedió todo, cómo decirte, suena un poco cursi, pero mágicamente, de manera muy natural. Entonces yo tomé la decisión. Lo venía sintiendo y salió la ley de memoria histórica, tenemos pasaportes españoles, y nada, agradecimiento.

-¡Ah! ¡Fue por eso!

-Sí, yo los tenía desde hacía unos años junto con mis hermanas. Lo hice un poco por entender esa parte de nosotras, por mi papá, sobre todo, y mira, las vueltas de la vida. Una nunca sabe, ¿no? Lo hicimos un poco de manera simbólica, y ya ves adónde me trajo.

El acento de Paulina salió de casualidad, no estaba planeado

-En esa vista atrás, ¿cuál fue tu mayor golpe de suerte?

-Buf, yo creo que la forma en que se han acomodado cada una de las cosas. Todo empezó por un proyecto de Manolo Caro y ese fue el estado inicial de una suerte de cosas muy afortunadas. Después de ese proyecto se alineó otro, que era teatro cuando nos estábamos confinando, pero finalmente se alinearon otras: apareció 3 caminos, después otro proyecto, ahora en febrero otro, ha sido un efecto dominó superarmonioso.

 -¿Dirías, entonces, que estás en una etapa equilibrada?

-Yo no me voy a quejar, después de un tiempo tan convulso, ahora que estamos con Estados Unidos así, yo creo que es un proceso de depuración, de redefinición de estructuras políticas y económicas que se tienen que revisar. Yo creo que hay poco espacio para quejarse, tengo lo esencial: salud, comida, techo.

-Manolo Caro entra en tu vida y es definitivo en tu carrera.

-¡Manolo es mi familia! Y yo soy parte de la de él. Hemos crecido juntos en muchos aspectos y es un compañero de vida como lo son los amigos.

-Tu hermana está también metida en el mundo de la producción, ¿tú tenías el destino marcado?

-No lo tenía tan claro antes. Pero cuando me fui a estudiar sí sabía que me tenía que dedicar a esto, no iba a haber manera de cambiar, fue como un golpetazo que me sacudió cuando descubrí aquello. Sabía que por ahí iba a caminar y así ha sido.

-Has estado nominada a un Emmy, tienes dos premios Platino, pero el bum te ha llegado con «La casa de las flores». ¿Cómo cambia tu vida? Ahora eres muy, muy conocida a partir de tu personaje.

-Yo agradezco el momento en que me llegó porque fue en la madurez. Pero tengo una sacudida así inmensa, no más entendiendo esto mejor que si me hubiera tocado a los veintitantos.

-No lo hubieras encajado bien.

-¡Yo creo que no! [Risas] A esa edad está uno muy vulnerable, es más difícil entender lo efímero que tiene todo esto, la velocidad con la que cambia. Y sobre todo al servicio de quién está lo que hacemos, qué significado le das. Eso te lo da el tiempo. Es muy linda la fama, pero a mí de La casa de las Flores una de las cosas más bonitas fue que justamente en un vuelo una azafata se puso en cuclillas y me dijo: ‘Te tengo que agradecer porque vi la serie en el momento en que me estaba separando y eso hizo que mi hija y yo saliéramos adelante, en una crisis inmensa, hubo tiempo para reír’. Eso hace que todo tenga sentido.

 -Es verdad. Cada uno en el fondo nos vemos en un tiempo viendo una serie. En «La casa de las Flores» irrumpe esa Paulina que dio una forma tan particular de hablar. Tú hiciste el personaje a partir de alguien conocido de un estatus determinado.

-Yo tenía claro que no quería que hablara como yo, por el universo en el que se mueve, el estatus, pero no daba con esa cadencia ni con esa voz. Hasta que dije: ‘Esto lo tengo que dejar y ya vendrá en un momento solo, tendré que confiar en que va a llegar’. Y llegué al set a filmar hablando como yo misma, grabamos así varios capítulos. Al cuarto día de filmación empezó a ocurrir esto de manera espontánea, así, y ese día Manolo Caro se acercó y me dijo: ‘Oye, está pasando esto’. Y yo le contesté: ‘Sí, ya veo, pero tú al final decides, a mí me está llevando ahí. ¿Seguimos?’. Y él me dijo: ‘Sí, pero métele el acelerador al fondo’ [risas]. Y después tuve que volver a doblar los tres días de filmación, no a grabar. Él editó para que yo estuviera de espaldas, o de lado.

 «Paco León es una joya, y me declaro fan de Carmen Maura»

-«Salúdame al Cacas» ya nos sitúa en el mundo e incluso en un cierto estado de ánimo.

-Ja, ja, ja.

 -¿Tú eres una persona con mucho sentido del humor?

-Yo creo que sí, me gusta reírme, pasármela bien y yo creo que el sentido del humor es una mirada sobre la vida, si no la tiene uno, pues qué pena.

-En ese sentido del humor, ¿cómo ha sido encontrarte con tu María José, Paco León?

-Precioso, total. Él y toda su familia, pero bueno, él es una joya y un compañero increíble, divertido, respetuoso, siempre ligero. Yo lo adoro.

-¿En qué parte del tópico mexicano no te reconoces?

-No, no. Yo soy acá frijoles y tortilla a ful. La mexicanidad es algo que tengo muy encendida en mí, de lo cual me siento muy orgullosa. Evidentemente, hay cosas de mi cultura que preferiría ver cambiar, pero la esencia de lo que somos los mexicanos me parece maravillosa y es algo de lo que me siento orgullosísima.

-¿Has cocinado mucho?

-Esa parte no se me da tanto, aunque la pandemia nos ha venido a enseñar todo aquello que no habíamos aprendido y también le tuve que entrar.

-¿Cómo has vivido el confinamiento? ¿Resistes bien contigo mismo sola?

-Sí, bueno, estoy con mi hijo. Pero la verdad es que sí. Me gusta estar en casa y me ha gustado tener ese tiempo familiar, de calma, un poco de bajar el ritmo. Para mí fue bonito. Hace poco leía un tuit que decía: ‘El año pasado uno de mis deseos y propósitos fue pasar más tiempo en casa con los míos, este año estoy determinado a pedir la lotería’, ja, ja, ja. Así que un poco sí, pero ya está. Se acabó.

 -¿Esta Úrsula que interpretas está basada en alguien o salió de dentro?

-Como todos veníamos del confinamiento entendí que lo que quería el director era un personaje mirando para dentro, eso ayudó mucho. Era imposible entrar en esta historia sin dejar de lado lo que habíamos pasado en marzo, abril y mayo.

 -Tú has llegado a trabajar en la industria americana, ¿no te interesó?

-Me encanta, me encanta trabajar con ellos, ellos me construyeron como actriz, estudié allí. Rodar con ellos es maravilloso: la maquinaria que tienen, tanto en tele, teatro o cine, es especial. Los sueldos son bestiales, pero más allá de eso, la forma en la que entienden el compromiso con el trabajo es preciosa. El tema es en qué roles me iban a sujetar ellos, aun así, mientras trabajé allá tuve la fortuna de hacer unos papeles que no tenían nada que ver con lo que tradicionalmente ellos le darían a una mexicana.

 -¿Eres cinéfila, ves muchas series? ¿Estás al día?

-Me gustaría tener más tiempo, pero entre ser madre, trabajar, la verdad siempre voy un palmo detrás con mis hermanas.

-¿De quién eres fan?

-Buf. Muchísimos. A veces soy fan incluso de gente que no sé cómo se llama, ja, ja. Pero de los conocidos, me encanta Carmen Maura, estoy agradecida de ser su amiga, ella parece que no le da tantas vueltas, no lo procesa tanto el trabajo en la cabeza, sino que le sale de la piel que la habita. William Dafoe me encanta, Giulietta Masina, de otra generación, ahí puedo seguir diciéndote.

 -¿Sabes diferenciar bien el trabajo de la parte personal?

-Quiero pensar que no me llevo el personaje a casa, pero sí le dedico muchas horas.

 -¿Pero no eres intensita, como me decías tú al principio?

-No te sé decir. Sí creo plenamente que lo que hacemos tiene que conectarse plenamente con el gozo. A partir de ahí es que uno encuentra la relajación que necesita para concentrarse.

 -Te has criado con hermanas mayores, entre mujeres, ¿han sido determinantes en tu forma de ser?

-Finalmente somos una familia de mujeres, claro, está mi padre que siempre estuvo ahí presente. Todas mujeres fuertes, empezando por mi mamá, mis hermanas también, y mujeres que desde luego tienen que ver con quiénes somos la otra. Todas nos hemos ayudado ahí. Yo soy la pequeña.

 -¿Eres la consentida?

-Pues no lo sé cómo me ven ellas, para algunas cosas sí, eso es así, los pequeños suelen serlo [risas]. Pero siempre ha habido mucha cercanía como familia, mucho respeto, muchísimo amor.

 -¿Y tú como madre te reconoces en la tuya? En plan: ‘Ya estoy diciendo lo que me decía mi madre a mí’.

-Hay unas cosas inevitables, y otras que van cambiando, pero venimos de esas personas y somos parte, ellas son parte de nosotros. Es nuestra raíz y con el tiempo vas entendiendo que también la honras, la abrazas y te hace sentir orgullosa de donde vienes.

 -¿Eres menos estricta que ella?

-Son tiempos distintos, obedecen a otras circunstancias, pero hay unos valores que van a permanecer.

 -Una curiosidad: ¿cuál es tu flor preferida, ya que eres la de «La Casa de las Flores»

-¡No soy la de La Casa de las Flores, por favor.! Me gustan las peonias.

 -Bueno, no te recibiremos con peonias, pero sí con la flor de toxo, así que esperemos que el Camino te traiga de vuelta más veces.

-Me encantará volver y comer esas delicias. El mundo gallego me encanta.

 
 

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