Un regalo al día para una niña gallega confinada en Nueva Zelanda

La ruesa Elisa Alonso y sus hijos han tenido que hacer cuarentena en un hotel del país a donde se han mudado. Una amiga de la pequeña fabricó un calendario de Adviento que les ayudó a que cada día fuera especial

Allegra fabricó un monstruo con uno de sus regalos. La familia, con Michelle al otro lado de la valla, durante el confinamiento. Elisa, antes de dejar Sídney
Allegra fabricó un monstruo con uno de sus regalos. La familia, con Michelle al otro lado de la valla, durante el confinamiento. Elisa, antes de dejar Sídney

La ruesa Elisa Alonso, su marido Michele Petris y sus hijos Enzo y Allegra saben bien lo que es un cambio de residencia y de país. Lo han hecho en numerosas ocasiones y este 2020 que acaba de terminar supone para ellos un nuevo destino en una trayectoria que suma experiencias en países de lo más variopinto. Sin embargo, la llegada a Nueva Zelanda, el país donde van a vivir a partir de ahora, ha sido un poco diferente, como no podía serlo en este año marcado por la pandemia.

Él, dedicado a la construcción, llegó a Auckland hace tres meses, y ella decidió posponer su marcha de Sídney, donde han vivido los últimos tres años, para que los pequeños, de 15 y 12 años, terminaran el curso escolar. Las fuertes restricciones de movimientos que tiene su nuevo país de residencia les han obligado a pasar los últimos 14 días del año confinados en una habitación de hotel. «Nueva Zelanda tiene unas condiciones muy estrictas y obliga a pasar una cuarentena en un hotel que paga el Estado a cualquier persona que entre al país; una vez te dan la autorización, tienes 48 horas para comprar un billete de avión», cuenta en una conversación telefónica, con 12 horas de diferencia en el día 11 de confinamiento. Consiguieron el permiso el pasado día 16 y les ha tocado pasar una Navidad muy diferente a las anteriores, pues siempre viajaban a Galicia en estas fechas. Ni siquiera han podido juntarse con Michele, que acude cada día a las afueras del hotel para ver a su familia a través de una valla, desde la que pueden hablar y a donde él puede llevarles cosas para hacer más amena su estancia. «Él no puede sacar absolutamente nada del hotel, pero sí puede traernos cosas», cuenta.

Aunque con ganas de salir, Elisa hace balance y asegura que estas dos semanas no han sido muy duras. Y parte del mérito lo tiene Darcy, la mejor amiga australiana de su hija Allegra que, al enterarse del confinamiento que tendrían que pasar, decidió preparar un calendario de Adviento especial para su amiga: un regalo para cada día de esa cuarentena, hecho por ella misma, envuelto de una forma tan especial como solo una niña puede hacer pensando en una amiga y acompañando cada paquete por unos caramelos y un mensaje personalizado. «Cada mañana mi hija abre su regalo y lee el mensaje que lleva escrito; cada día es una nueva aventura», cuenta emocionada. Y, aunque reconoce que según pasan los días, la emoción se ha ido atenuando un poco, asegura que ver el mensaje diario de la pequeña les ha servido para afrontar cada jornada de una manera diferente. «Está siendo una historia preciosa, tierna y muy humana, ella estaba emocionada por emprender este viaje y empezar a desenvolver los paquetes». Y Elisa, que ha encontrado en la escritura un nuevo aliciente, aprovecha cada día para inmortalizar estos detalles a través de las redes sociales y reflexionar sobre los valores de la amistad: «Solo tienen 12 años y ya utilizan su propio lenguaje secreto para comunicarse, a eso se le llama complicidad», escribe.

Algunos de los paquetes que preparó Dalzy, la amiga australiana de Allegra
Algunos de los paquetes que preparó Dalzy, la amiga australiana de Allegra

Vida Nómada

Puede que para Allegra no haya sido fácil dejar atrás esos tres años vividos en Australia con amigas como Darcy; sin embargo, Elisa asegura que sus hijos no llevan mal esa vida nómada: «Viven en un momento en el que las distancias no existen gracias a Internet, ahora pueden estar aquí en el hotel jugando a la vez en dos idiomas diferentes», explica orgullosa,y asegura que tienen un círculo de amigos muy grande y que con las redes sociales siempre están acompañados. En cualquier caso, los padres intentan tener algún aliciente para motivar a sus hijos en cada nuevo destino: en Nueva Zelanda se unirá a la familia un perro.

Enzo nació hace 15 años en Navarra, donde Elisa conoció a Michele, que es italiano. Tras pasar por varias ciudades españolas se instalaron en Hong Kong. Allegra nació en Galicia «es gallega a propósito, yo quería que fuera así», remarca. Y después, siguieron viajando: Malasia, tres años en Australia y ahora Nueva Zelanda. «Aquí estaremos al menos tres años más», explica. Destinos a los que les lleva la empresa de construcción italiana en la que trabaja Michele. «Ellos lo llevan bien, somos los adultos los que analizamos más las distancias; los niños son más prácticos, no ven esa parte tan melodramática», dice. Y es que, pese a todos estos destinos y culturas que van modelando a a estos futuros adultos, su madre asegura que los dos hablan perfectamente el español y tienen muy definidas las raíces gallega e italiana que llevan en los genes.

Allegra, de 12 años, recuerda sus orígenes gallegos con una pintada con tiza en el parking del hotel
Allegra, de 12 años, recuerda sus orígenes gallegos con una pintada con tiza en el parking del hotel

Cada año viajan a Ourense en verano y Navidades pero en este 2020 ha sido imposible hacerlo. «Y todos lo echamos mucho de menos», asegura. En vez de a Galicia, el destino les ha llevado a pasar los últimos días del año en un hotel lleno de gente de muchas nacionalidades que, como ellos, tienen que permanecer dos semanas aislados como medida para evitar la propagación del coronavirus por Nueva Zelanda. Elisa cuenta que hay mucha seguridad y, aunque hay mucha gente amable, en general, todos evitan relacionarse mucho con otros; cualquier contacto puede provocar contagios que obligarían a ampliar el confinamiento, algo que nadie quiere.

Ella hace ejercicio, pasea y, sobre todo, escribe para acercarse a sus seres queridos que, tras años recorriendo el mundo, están repartidos por todo el planeta. Y confiesa que, a pesar de la singularidad de su confinamiento en una habitación de hotel en el primer país del mundo que ha recibido al 2021, la sensación que está viviendo es prácticamente la misma que siente su familia con las restricciones de Galicia, las de Italia o las del último país en el que vivió, Australia: «Tengo amigos en todo el mundo y al final todos tenemos la misma sensación con esta pandemia».

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