Pablo López: «Recuerdo tres ataques de pánico fuertes, pero seguí en el escenario»

Se define como torpe, tímido y muy barroco, aunque siempre da lo mejor de sí mismo. Ahora presenta su álbum «Unikornio», ha vuelto a tocar en el metro y avanza que procura aburrirse una hora al día


Tengo que decir que lo que viene a continuación no es una entrevista al uso, porque cada vez que Pablo López (Fuengirola, 1984) y yo nos ponemos a hablar acabamos enredados en un juego de risas, malos entendidos y mucha complicidad, de esa que no se sabe muy bien de dónde nace, porque en persona nunca nos hemos visto la cara. Hablamos mucho, eso sí, en este año que acaba y con esa confianza generada cada vez que él saca nuevo trabajo, nos volvemos a encontrar en el mismo punto de no retorno. En en medio de esta entrevista empieza a toser y a toser, yo paro la grabación porque pienso que se está asfixianddo, él cuelga y al cabo de unos minutos vuelve a llamarme y me suelta: «Tía, me daba vergüenza decirte que me había atrangantado con una aceituna». «Será que te pones nervioso cada vez que hablamos», le digo muerta de risa. Y así retomamos.

-Presentas tu cuarto álbum en tres años, no está mal. ¿Eres prolífico?

-He tardado tres añitos, sí, despacito pero con buena letra.

-Dices en tu canción: «Voy a quedarme parado 7 segundos mirándote a los ojos». ¿Qué hay de mágico en ese tiempo?

-Yo estaba pensando cuando escribí eso que a veces elegimos con un lenguaje no verbal y nos hipotecamos peligrosamente los seres humanos. Y cuando se cruza una mirada hay un punto de no retorno. Yo recalculé, con esa distancia poética por supuesto, que serían aproximadamente 7 segundos el tiempo en que se queda el ‘ADN’ de una persona en ti. Y probablemente sea perenne.

-Voy a quedarme yo entonces mirándote siete segundos a ver qué pasa.

-Eso va a ser un lío, ya te aviso.

-Pues será un lío [risas]. ¿Por qué «Unikornio» con «k», está herido?

-Sí, es un unikornio gamberro, un poquito irreverente, transgresor, porque es un crápula, es buena persona, pero tiene alas. Y hay que respetarle eso. Es un unikornio que tengo que recoger de la comisaría prácticamente, no quería darle la imagen perfecta, rosa, me gusta que ese unikornio, aunque tenga alas, camine por el suelo y se enfangue.

-Haces un juego con «KLPSO» y te preguntas si se puede querer en exceso, ¿se puede?

-A veces quiero provocar que el significado etimológico de querer no sea solo dar amor en sí, sino querer, solicitar, requerir. De alguna manera, puede dar esa intención de ‘secuestrar’ y eso es peligroso.

-Pero en otra letra hablas incluso de: «Me voy a quedar para siempre». ¿Tú crees en eso?

-Yo creo en los para siempre, y creo que hay situaciones en las que uno no puede librarse de la hipoteca mejor que hay que es sentir, es una semilla instalada con una raíz muy fuerte en el alma. Y ahí no hay gimnasio que te quite ese peso, no hay abogado que te separe de eso. A veces el ser humano intenta hacer ley de lo que es imposible: que son los sentimientos.

-¿Te ha costado meterte en este disco o salió fácil?

-Tiempo sí me ha costado, pero esos chispazos que se necesitan para iniciar una canción han sido muy agresivos, han sido como si me cayera un trueno en lo alto. Por ejemplo, cuando digo: «Todos los días sales tú» o «La niña de la linterna»..., todas esas frases me han salido de chispazos, así que la génesis ha sido fácil, pero el desarrollo ha sido difícil para no caer en lo pretencioso.

-¿Qué es lo más diferente de este álbum?

-Que he tenido una libertad absoluta, porque me echado a la espalda todo el trabajo de la producción, aunque he tenido grandes compañeros, como mi hermano; pero el sonido es lo más parecido a lo que soy yo en un cien por cien, con lo bueno y con lo malo.

-Dime lo malo.

-Uno redunda mucho en su propio cerebro, en su propio discurso, y hay cosas del discurso que pueden parecer barrocas, pero es como realmente soy yo.

-¿Tú te consideras barroco?

-Sí, a veces barroco y a veces sutil, pero más barroco que sutil.

-¿Y en esos casos quién te centra? ¿Quién te dice ‘hasta aquí’?

-En esos casos, Chema Martín, que trabaja conmigo, me dice: ‘Pichón [porque siempre me llama pichón], yo creo que te estás complicando: la versión 21 ya valía’, me tira algún insulto suave, y ya se acaba todo; y hablando en plata, uno ya se va dando cuenta cuando se encuentra con la canción.

-Hay muchos artistas que paran en la cima del éxito, que giran de golpe cuando están en lo mejor, ¿tú qué piensas?

-Es una pregunta que me hago últimamente y que me inquieta, porque uno puede caer en el error de precipitarse. Sin embargo, de pronto puedes decidir que te vas un año, y a los dos meses te entra el vicio del escenario, la neurosis tan agresiva, el masoquismo de la música, y mandas todo al carajo y te pones a tocar otra vez. Yo creo que como todo lo bueno, interesante y duradero de la vida eso llegará solo.

-Imagínate que te confinan sin piano, ¿qué hubiera pasado?

-No, no, no, eso no, de ninguna manera. Yo lo digo abiertamente, en esa etapa dura en que estuvimos sin salir tuve pesadillas con que me levantaba y no había piano. Si me hubiera pasado eso, tú y yo no estaríamos hablando. Así de dramático. Para mí es vital, un bálsamo, es que es mi juguete, a los niños no les puedes quitar su juguete.

-Te he visto también tocando en el metro con la guitarra. ¿Cómo fue eso?

-Durante el programa de La Voz tuve la oportunidad de compartir con Andrés, un gran músico, y él tocaba en el metro. Entonces para acercarme más y volver a sentir lo que sentía yo en Londres cuando tocaba en el metro, quise hacerlo aquí en España y fue una experiencia que repetiría mil veces. Muy bonita, agradable y divertidísima. La gente no se quería bajar en su parada [risas], fue un contacto hermoso y me demostré a mí mismo que soy un obseso de la música. Soy muy tímido, pero al final no puedo evitar tocar constantemente.

-Has dado conciertos en lugares enormes y muy pequeños. ¿Alguna vez te has levantado y has dicho: ‘Lo dejo’?

-¡En la vida! Bueno, una vez me bajé por un espacio de breve de tiempo, porque me dio un golpe de calor en Murcia. Me mareé.

-¿Nunca te ha dado ningún tipo de ansiedad el contacto con el público?-

-Sí, sí. He tenido ansiedad porque sufro de ansiedad muchas veces, y en tres ocasiones, en San Cugat, en San Sebastián y en Marbella, me pasó. Tuve ataques de pánico fuertes, pero le eché coraje, le eché huevos, y tiré para adelante. Porque tú ahí crees que te estás muriendo, pero le tengo tanto respeto al público que no se me pasó por la cabeza bajarme. A mí me sacan del escenario con los pies por delante, ja, ja. Pero ahora, en serio, se pasa mal. Con esos ataques y atado al piano con 5.000 personas delante... Un lío, vaya.

-Has dicho en un titular «Me levanto por la mañana y veo el culo más hermoso del mundo».

-Y lo confirmo...

-¿Y cuál es?...

-¡El del piano! He tenido suerte en la vida, pero como ese culo ninguno, ja, ja.

-¿Sigues teniendo esa misma pasión?

—No, mucho más, va en crecimiento constante, en ebullición absoluta. Va a acabar siendo un delirio.

-¿Qué esperas de este 2021?

-Lo primero que quiero es no renegar del 2020, estoy un poquito cansado de que la gente se cague tanto, porque en algún momento seguro que te has reído. Uno no puede renegar de un minuto de vida, hay que ser fuerte también y no pensar que el 2021de pronto va a ir todo bien. Sin embargo, yo voy a hacer lo mismo que en el 20: andar como un funambulista y enamorarme hasta de las piedras.

-Es interesante eso que dices, porque también se refleja en el disco: la fortaleza en el equilibrio.

-Acabas de decir una frase hermosa, que no sé porque me entrevistas tú a mí y no yo a ti, el titular es tuyo: la fortaleza está en el equilibrio. Uno no puede estar siempre con el síndrome de Stendhal perenne y enamorándose, hay que gestionar bien los sentimientos. Y es verdad que por fin he aprendido a aburrirme. Paro media hora o una hora al día y me intento aburrir un poco, porque es el gimnasio de la mente.

-Iván Ferreiro nos dijo en una ocasión que aburrirse era un superpoder.

-¿Ves? Él sí es un superpoder. Espera que esto se lo tengo que contar a mi hermano [para y se lo comenta y se ríen]. ¡Me estás dando tú todos los titulares!

-Tú has dicho que la torpeza es bonita. ¿Eres torpe o no eres torpe?

-Sí, señora, es bonita. Yo soy absolutamente torpe... Con el WhatsApp, soy también manazas, soy torpe con la gestión de mis propios sentimientos, pero la torpeza es inocencia y es bella. Y sobre todo me hace niño, si la torpeza me lleva a ser ese niño, quiero ser torpe.

-¿Y eres de los que piden perdón cuando la cagan?

-[Se ríe y se queda en silencio] Sandra, me he parado a pensar esta pregunta porque casi nunca pido perdón y para eso intento no cagarla. Siempre he tenido rechazo a que me pidan perdón, prefiero que no lo hagan, no creo en la expresión. Pero sí creo en perdonar, hay diferencia. Como decir te quiero y quererte de verdad.

-Tú eres de querer.

-Yo te quiero a ti y no te estoy viendo la cara.

-Y yo a ti. ¡Que es la tercera vez que hablamos en un año, lo nuestro sí que es prolífico y no tu carrera!

-Ja, ja, ja. Si el 2021 nos trae la oportunidad de hablar otra vez, yo estaré satisfecho. Y a ver si por fin voy a Coruña, hoy mismo acabo de cerrar la fecha: la segunda semana de abril estoy ahí. Prometido.

 

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