Sandra Barneda: «Yo siempre he sido más de dar amor, más amante»

«Soy puro sentimiento. Me ilusiono aún como una niña», confiesa. Esta todoterreno, que compagina su labor como presentadora de «Gran Hermano Vip», «Supervivientes» o «La isla de las tentaciones» con la escritura, ejerce de «cirujana emocional» en su nueva novela, finalista del Planeta 2020


Mañana de locos para Sandra Barneda (Barcelona, 1975), finalista del Premio Planeta por su novela Un océano para llegar a ti. La periodista, escritora y viajera incansable, como se define ella misma, encadena una entrevista tras otra sin perder la sonrisa y el entusiasmo. «¿Me das cinco minutos y me preparo un cafetito mientras charlamos? Así cojo fuerzas». A los cinco minutos, responde a la llamada con un: «Vamos allá. Estoy lista». Derrocha simpatía y energía a partes iguales y responde a las preguntas sin titubear y con decisión. Charlamos con ella sobre las emociones, la incomunicación y sobre cómo el amor lo cura todo.

-Con tu novela «Un océano para llegar a ti» has quedado finalista del Planeta 2020. ¿Cómo reaccionaste al escuchar tu nombre?

-Me invadió una enorme alegría y mucha ilusión. Y eso que no pude acudir a la entrega del galardón. Este premio es una súper recompensa, un regalo precioso y además merecido, porque es una novela redonda, donde he llevado a cabo el trabajo minucioso de una cirujana emocional. Estoy feliz, no puedo pedir más.

-¿Cuánto de ti hay en esta historia sobre las emociones silenciadas?

- Quiero dejar claro que no es una novela autobiográfica. Necesitaba escribir una historia de algo de lo que se habla muy poco, que son las pérdidas y sobre cómo nos cambian. Los escritores no siempre escribimos sobre lo que nos ocurre, pero sí utilizamos parte de nuestro laberinto emocional y esa es nuestra paleta de colores.

-¿Cómo surge la historia de Gabriele? ¿Cuál fue el detonante que te empujó a escribir esta emotiva novela sobre segundas oportunidades?

-Surgió hace mas de dos años en un viaje que hice sola en coche. Recuerdo que me planteaba: «¿Qué quiero escribir?». Pensé que lo primero era definir la intención y me se ocurrió escribir una historia de gente extraordinaria con una vida ordinaria. Hablar de lo cotidiano, quitando neones y poniendo el foco en una familia representativa y así, poco a poco, fue surgiendo la historia de Gabriele, el distanciamiento con su padre, Félix, y la pérdida de la madre, Greta. Y tomando como punto de partida la frase: «Solo hay algo más fuerte que la voluntad, el amor»; tejí esta historia de secretos, de largos silencios, de incomunicación y en la que nada es lo que parece.

-Localizas la historia en Candeleda, un paraje que has definido como zen.

-Sí, es un lugar muy luminoso y muy bello al que acudo con frecuencia y en el que me han acogido con mucho cariño y simpatía. Tiene rincones maravillosos y me parecía el escenario perfecto para hablar de lo esencial, de lo íntimo, del amor, del universo familiar y de un océano de emociones.

-Muchos lectores pueden sentirse identificados con los personajes de tu novela. ¿Ese era tu objetivo?

-Creo que Un océano para llegar a ti cuenta la historia de muchas familias, de muchas vidas. También creo que es una historia reconfortante, porque es una novela muy luminosa pese a partir de las pérdidas. Habla de la esperanza y muestra cómo los personajes van transitando de una emoción a otra en función de ir descubriendo todo lo que ocurre en ese seno familiar.

-Dices que no hay mayor bálsamo que el amor.

-Sí, eso es. El amor es el pegamento más fuerte que existe y es capaz de reconstruir las relaciones rotas. Cuando se habla desde el amor, desde todas las aristas posibles, es decir, desde una mirada, una palabra, un gesto, un abrazo, un beso… siempre hay una puerta abierta a la reconciliación y al reencuentro.

- Y cuántas veces, un prejuicio o un malentendido provocan rupturas y distanciamientos entre padres e hijos o hermanos o incluso amigos que parecen insalvables...

-Pues sí. Los reproches, la falta de empatía y la incomunicación provocan demasiados conflictos. Y cuando uno se da cuenta de que nuestro tiempo es limitado para estar con los que queremos, reaccionamos. A veces, la vida nos da una segunda oportunidad, pero en otras ocasiones no es posible. Por eso, esta novela es un canto a la vida, donde hay luces y sombras, como en el día a día.

-Y tú, ¿cuántos océanos has tenido que cruzar a lo largo de tu vida?

-[Silencio]. He cruzado unos cuantos océanos para reencontrarme conmigo misma. Una vez que cruzas ese océano y te reencuentras contigo o con esa persona de la que has estado distanciado durante un tiempo, te sientes tan pleno y te invade una sensación de bienestar y de gratitud tan placentera, que merece la pena el camino recorrido por difícil que haya sido.

-¿Cómo es la relación con tu familia?

-La relación con mi familia es muy buena. Hemos superado muchas etapas de la vida y tengo una gran suerte de poder disfrutar de su amor y cariño. Tengo que reconocer que no fue fácil para mí, como tampoco lo fue para ellos aceptar mi manera de sentir. Además, no fue algo inmediato. Hubo una evolución, fuimos recorriendo juntos un camino desde el amor, la comunicación y la comprensión.

-El escritor Antonio Gala decía hablando del amor y las relaciones que hay personas que son amantes y otras amadas. ¿Con cuál te identificas tú?

-Yo he sido siempre más de dar amor, más amante, pero creo que eso es una condena y hace que te pierdas la otra faceta; ahora me estoy permitiendo ser más amada y es un regalo. Creo que el equilibrio es lo ideal.

-Entonces, ¿te dejas llevar más por el corazón o por la razón?

-Depende del momento. La razón me ayuda a tomar decisiones, pero, cuando algo me toca el corazón, dejo que fluyan las emociones, no las reprimo. Soy puro sentimiento. Me emociono con cualquier cosa. Soy muy niña. Eso me dicen mis amigos, porque cuando algo me emociona me ilusiono tanto como cuando era pequeña.

-Tras seis libros publicados, Sandra, ¿por qué escribes?

-Necesito escribir porque me calma, me da mucha serenidad y paz. La mayoría de las artes son un medio para expiar los demonios. Quizá es otra fórmula para aprender a gestionar las emociones más difíciles.

-Cuando empezaste a trabajar, ¿soñabas con llevar a cabo una carrera profesional como la que tienes hoy?

-Nunca, la verdad. Jamás se me pasó por la cabeza. Las metas fijas hacen que te pierdas muchas vías y caminos alternativos durante los que puedes aprender mucho y vivir nuevas experiencias. Soy una mujer muy vitalista y humanista, fíjate creo que podría ser psicóloga, porque me interesa mucho el mundo emocional. Además, no soporto la rutina. No me gusta que me encajen en un perfil determinado, necesito hacer y participar en proyectos diferentes, ponerme a prueba para crecer y enriquecerme. Me veo como una mujer del Renacimiento.

-Te vemos al frente del programa «La isla de las tentaciones». ¿Te habrías animado a participar en un programa como este?

- ¡Uy! Qué va. Yo soy muy pudorosa con mi vida privada y no sería capaz. Retrocedo a mis 25 años y ni me veo acudiendo con una pareja ni como tentadora tampoco.

-Mantienes una relación sentimental con Nagore Robles desde hace un tiempo. ¿Cómo vives el ver reflejadas parcelas de tu vida privada en las revistas del corazón y en programas de televisión un día sí y otro también?

-El hecho de trabajar en la televisión y escribir libros ha provocado que tenga cierta popularidad. Sin embargo, hace tiempo que he aprendido a no darles importancia a las fotos o comentarios que descubro sobre mí en las revistas. No vivo a través de los titulares.

-Se te ve una mujer que tira adelante ante las dificultades. ¿Eres así?

- Sí. Te diría que uno de mis puntos fuertes es la voluntad. Tengo mucha voluntad y soy muy perseverante. No paro hasta que consigo lo que me propongo. En el confinamiento, mi preparador personal me puso un intenso entrenamiento y él me confesó, semanas más tarde, que dudó de que fuera capaz de llevarlo a cabo. Me costó al principio, pero una vez que decido integrarlo a mi vida, no paro.

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