«El covid me dio un montón de oportunidades y trabajo fijo en Alemania»

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Tamara en Dublín, donde estuvo trabajando este otoño en una escuela Montessori antes de viajar a Alemania
Tamara en Dublín, donde estuvo trabajando este otoño en una escuela Montessori antes de viajar a Alemania

Esta educadora coruñesa cerró la puerta de su empresa para viajar, en solo ocho meses, a Sevilla, Dublín y Bremen, donde ejerce hoy de maestra por 2.600 euros brutos al mes

13 dic 2020 . Actualizado a las 16:56 h.

Que no hay mal que por bien no venga es un dicho que pasa varias veces la prueba del algodón en el caso de Tamara Yuste, una educadora infantil de A Coruña que, cuando estalló la pandemia, despejó las penas, metió las ganas de empezar de nuevo en la maleta y no tardó en encontrar su sitio, aunque su sitio, por lo que cuenta, no está en un solo lugar.

Tamara lleva la psicología positiva y la sed de aprender en su ADN, una visión de la vida como un gran mapa con accidentes geográficos, diversos y estimulante. Con 26 años empezó a trabajar y estudiar (es sisi) para cumplir su vocación de maestra. Tras ser librera, esta amante de los libros, el riesgo y los niños se lanzó a poner en marcha Lóxica-mente, su sueño, una empresa educativa infantil que echó a andar justo cuando la pandemia paró a España.

Ahora está en Alemania, adonde voló desde Irlanda, tras varias cancelaciones por el covid. «Volé a Berlín y de Berlín me vine a Bremen, a dos horas y media en coche de la capital. ¡Arriba de todo!», sitúa.

El parón de marzo fue su impulso. «Pedí una beca Eures. Tenías que aprobar el B1 de alemán. El proceso empezó en Sevilla. Tuve que irme a vivir allí tres meses. En agosto era el examen y, una vez aprobado, la idea era irse a Alemania», comienza. El coronavirus alteró sus planes, obligó a retrasar el viaje a Berlín «primero 15 días, después un mes, luego un mes y medio... Pero estando en Sevilla me llamaron para trabajar en Irlanda y dije: ¡Voy!». Sobre la marcha, en su verano al sol del sur, Tamara mandó una solicitud de empleo a un colegio Montessori en Dublín y la respuesta fue sí. «Como era de lo mío, no lo dudé. En Sevilla había gente feliz de poder volver a casa por un mes y medio o dos. Pero yo no le vi sentido a volver a casa sin tener en qué trabajar. Cuando me llamaron de Irlanda para empezar en el Montessori, acababa la beca de Sevilla, así que cogí el avión y me fui», sin dudas ni turbulencias.

Oírla es una manera de moverse, de volar. El tiempo jugaba en contra, pero cualquier limitación es, para ella, una oportunidad. Tuvo solo dos días para cambiar Sevilla por Dublín. Dijo adiós al calor para subirse en coche a Galicia «y cambiar la ropa de la maleta, porque en Andalucía estábamos a 40 grados y en Irlanda a 5». Aun con bajón térmico, todo fue rodado: «Le dije hola a mi familia, cambié la ropa, me fui a Madrid porque desde aquí ya no había vuelos y cogí el avión a Irlanda con una maleta grande y otra pequeña. Nada más».

Viaja sola pero no está sola, tiene a la ilusión por compañera. Y no la pierde aunque sus sobrinos no estén cerca, y haya tenido que pasar, por los protocolos, varias cuarentenas.

En Dublín el cole en el que empezaba de nuevo estaba a las afueras. Buscó alojamiento y se sintió como en casa, quizá porque «en ese cole casi toda la plantilla era española. Veinte personas españolas y seis irlandesas».

Sus fotos en Instagram llaman al like. «Me sentí muy arropada. Como había mayoría de españoles, teníamos la sensación de estar en el mismo barco, pasando lo mismo: todos lejos de su casa, todos nuevos. Como todos nos sentíamos solos hicimos una piña fuerte. En realidad, nunca estabas sola, la gente quedaba contigo, había plan todos los fines de semana. Yo encajé muy bien», recuerda.