Héctor Ruiz, investigador: «Ignorar las distracciones es algo que agota a tu cerebro»

La memoria no es un almacén donde cualquier conocimiento entra del mismo modo. Ese es el punto de partida de «Aprendiendo a aprender», el libro que explora cómo la información se retiene y se desecha en nuestra cabeza


Entendiendo cómo funciona el cerebro por dentro se puede comprender mejor el aprendizaje. El biólogo e investigador en los campos de la psicología cognitiva de la memoria y el aprendizaje Héctor Martín lo ha plasmado en Aprendiendo a aprender (Vergara), un manual que pretende precisamente mejorar la capacidad de asimilar conocimiento, descubriendo todo el complejo engranaje que existe en nuestras cabezas.

-¿Uno nace inteligente o se hace? ¿Si yo me esfuerzo puedo serlo más o me tengo que conformar con lo que soy?

-Actualmente, hay un consenso en la comunidad científica de que estaríamos en un 50 % de un lado y un 50 % del otro. Hay una parte innata y biológica que es innegable. La otra es ambiental. Ocurre lo mismo con la inmensa mayoría de las habilidades.

-¿Es cierto el mito de que el cerebro es un músculo y, como tal, hay que ejercitarlo para que funcione mejor?

-Eso es un mito que tenemos proyectado, sobre todo en la memoria. La gente piensa que, si hace ejercicios de memorizar cosas, luego será más capaz de aprender cualquier otra cosa. Y la memoria no funciona así. La memoria son cientos de miles de millones de músculos. Cada uno de ellos lo ejercitas cuando aprendes acerca de algo. Cuanto más aprendes sobre algo más capacidad tienes de aprender cosas relacionadas con ello. ¿Por qué? Nuestra memoria no opera como un almacén que puede guardar todo tipo de información con la misma facilidad, como si fueran bultos. Al contrario, discrimina la información en función de si la puede relacionar o no con conocimientos que ya contiene. Por ejemplo, si yo estudio mucha biología eso no me va a dar ventaja para estudiar derecho romano. En cambio, sí que me va a hacer más fácil aprender luego cosas de medicina.

No podemos estar evitándole todas las frustraciones a los niños

-Hace años estaban de moda los personajes que memorizaban grandes secuencias de números. ¿Eso no sirve para ejercitar la memoria?

-Una cosa es que desarrolles estrategias de memorización que, luego, sí te pueden servir para otro ámbito. Pero me gusta mucho que comentes eso. Hay un buen ejemplo de que la memoria no la puedes ejercitar de manera general. Se trata de un estudio de 1980 de un investigador muy famoso, Ericson. Entrenó a un estudiante de su universidad para que fuera capaz de recordar hasta 79 dígitos al azar. Y lo conseguía. Pero, si en vez de números, usabas 10 letras recordaba las mismas que yo, unas 7 u 8. La memoria no es ese músculo general que sirve para memorizar todo, sino que está condicionada.

-Hace poco se difundió la noticia de que el cociente intelectual de la población general había descendido por primera vez desde que se mide. Se señalaba a la tecnología. ¿Tiene fundamento?

-Realmente, el cociente ha ido subiendo en las últimas décadas sorprendentemente, hasta el punto de tener que ajustar los test. Pero no se sabe por qué hay ese incremento, es el llamado efecto Flynn. Al desconocer eso también es difícil que ahora sepamos dar una explicación de por qué ahora la tendencia es a la baja. Sería muy precipitado.

-Te planteo una escena común: jóvenes que hablan contigo y usan el WhatsApp del móvil simultáneamente. ¿Los nativos digitales tienen el cerebro compartimentado para ser multitarea?

-Sobre eso es importante tener claro que uno puede tener la percepción puntual de que puede estar haciendo dos cosas a la vez. Lo que pasa es que es una percepción seguramente incompleta. Si lo analizas científicamente, podemos ver que no hay manera de hacer dos cosas a la vez, a no ser que una esté automatizada. Somos capaces de conducir y hablar con la persona que tienes al lado o pensar en lo que vas a hacer luego. Pero cuando empezaste a conducir no podías, porque necesitabas pensar en ello. Cuando una tarea requiere cognición es imposible. Si tú estás con el móvil y yo te pregunto cómo te llamas, seguramente puedas contestarme. Pero si me refiero a algo que dijiste antes, seguramente no. No puedes hacer dos cosas a la vez. Lo que puedes es cambiar el foco de atención de una a la otra e ir alternando. Pero la consecuencia de ello es que haces las dos peor.

-Afirmas en el libro que ignorar la distracción cansa. ¿Leer en una cafetería agota más que hacerlo en una biblioteca silenciosa?

-Exacto. Inhibir todos esos estímulos tiene un coste cognitivo. Tu cerebro va a estar recopilando todo lo que pasa a tu alrededor. Es una cuestión de supervivencia. Pero, para no prestarles atención, tienes que inhibirlos. Eso causa cansancio mental. Ignorar las distracciones es algo que agota a tu cerebro. Te das cuenta cuando desaparece el ruido. De repente, experimentas el gusto de que haya parado y sientes un gran alivio.

-Hay gente que dice que trabaja y estudia mucho mejor con música. ¿Qué opinas de ello?

-Lo mejor es el silencio. Ahí puedes aprovechar al máximo sus recursos cognitivos. Pero sí que es cierto que la música es más fácil de ignorar que los sonidos aleatorios. El cerebro presta atención automáticamente a lo que sobresale. En el caso de usar música, lo recomendable es que sea relajante y que no contenga letra en un idioma que entiendas. No hay cosa que genere más distracción que esa. En cualquier caso, es muy habitual confundir lo que nos gusta con lo que nos conviene.

-¿A qué te refieres?

-Alrededor del aprendizaje existe el mito de que cada uno tiene su estilo. Dices: «Es que yo aprendo mucho mejor así». Y no, aprender tiene estrategias y técnicas que son efectivas para ayudarnos a todos para sacar el máximo provecho de nuestro esfuerzo. Y otras, no. Las malas te engañan normalmente. Lo de la música es un caso típico de ese engaño.

-Hay niños que aprenden las tablas de multiplicar con vídeos de YouTube que tienen música y dibujos. Parece que asumen que el aprendizaje debe ser divertido. ¿Es un error?

-La motivación es importante para aprender, pero no se debe confundir con diversión. La motivación te lleva a hacer el esfuerzo. Cosas como la lectura o las tablas de multiplicar se automatizan y necesitan de mucha práctica. Es importante tener en cuenta que la repetición masiva y masificada sirve de poco. Parece que sí, pero no es nada eficaz. Es mucho mejor dedicarle media hora a la tabla del uno al cuatro y al día siguiente, otra media hora más, que no hacer una hora entera seguida. Pero sí que es cierto que se confunde la motivación por aprender con poner algo disfrazado de aprendizaje. Es como cuando ponemos la verdura dentro de un pastel. No es lo mismo.

-Luego viene el miedo a frustrar a los niños, evitando decirles que han hecho las cosas mal. ¿Otro obstáculo?

-La investigación dice que es importante mantener altas expectativas y ser exigentes con ellos, aunque al mismo tiempo ser alentadores. Una cosa es poner un marco de reglas consistentes y, a partir de ahí, ayudar. Otra, bajar el listón. La idea que hay que transmitir es que ese listón no lo puedes modificar tú. Es el que es. En ese sentido hay que levantar la voz de alarma: no podemos estar evitándole todas las frustraciones a los niños, ni solucionándoles todos los problemas. Los niños tienen que saber lo que es frustrarse y superarlo, para así poder seguir aprendiendo.

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