Carlos Suárez-Mira, juez: «Mis dos espinas son los asesinatos de Iria García y Elisa Abruñedo»

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VÍTOR MEJUTO

Su etapa en los juzgados ferrolanos le dejó estas dos huellas imborrables. Confía en que encuentren al asesino de Elisa y sigue pesándole el crimen de Iria: «Vino un viernes al juzgado, dicté la orden de protección y apareció el lunes degollada. Eso me dejó helado», confiesa el penalista

25 nov 2020 . Actualizado a las 14:51 h.

Hoy Carlos Suárez-Mira se encuentra en la Audiencia Provincial de A Coruña, y muy pronto será el titular del Juzgado de Instrucción número 3 de esta ciudad. Pero de entre toda su carrera, los casos más duros que le han tocado afrontar le llegaron como juez de violencia de género. En su etapa como titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Ferrol, que incluía estos asuntos, vivió en primera persona el sufrimiento de muchas mujeres maltratadas. Reconoce que el afán manipulador del agresor le complica un poco el trabajo al instructor, «esa doble cara de amable en público y monstruo en privado dificulta la labor probatoria», admite. Sin embargo, asegura que en el tiempo acaban cometiendo errores y anima a todas aquellas que, sin lesiones físicas, están atemorizadas por la agresión psicológica. «¿Es difícil? Claro, mucho más que si hay un parte de lesiones o si existe directamente un testigo que ve cómo la empuja o abofetea, pero no es imposible», afirma.

-¿Qué ocurre cuando no hay pruebas de ese maltrato?

-Es difícil, porque hay dos tipos de delitos que inciden sobre la mujer. Uno es el arranque explosivo, instantáneo, que suele cristalizarse en una agresión física, mayor o menor. Puede ser un golpetazo, un empujón o cosas ya más serias. Y junto a esto está el día a día, el maltrato psicológico, que ya es un tema de desprecios continuos, humillaciones, vejaciones, dejar quedar mal a la mujer delante de los amigos o la familia... Son cosas sutiles, a veces incluso miradas de agresividad, de censura... Y, evidentemente, lo que no deja un rastro físico es más difícil de probar. Eso no quiere decir que no se pueda, simplemente es más complicado. La realidad es que en la mayoría de casos se da una mezcla de las dos cosas, lo habitual es que haya humillaciones y desprecios, pero también agresiones de mayor o menor contundencia. Por eso esas hipótesis de que solo haya un maltrato psicológico son las menos, porque el que es maltratador suele serlo en todos los ámbitos. Pero si se diese ese caso, que se diese únicamente la parte psicológica, tendría que ser con referencias indirectas.

-¿Cuáles son las pruebas válidas en un proceso judicial por violencia de género?

-Los medios probatorios en el proceso penal son los que son: los testigos, los peritos y los documentos, básicamente. En esos casos de maltrato únicamente psicológico difícilmente vamos a tener peritos, aunque tampoco es imposible, porque evidentemente a través de la evaluación psicológica que pueda hacer un perito psicólogo forense, claro que se pueden extraer datos. Detectarán un posible trauma que tengas, ansiedad, depresión.... y valorarán si eso está vinculado con el maltrato. Ciertamente, como también puede ir asociado a otras causas, será la pericia del perito la que nos pueda dar algún tipo de pista. Ahí las unidades de valoración integral, que en Galicia no tenemos pero sí contamos con el Imelga, que tiene magníficos profesionales en el ámbito de la psicología forense, se pueden extraer conclusiones.

-¿Qué tipos de testigos se pueden presentar a la causa?

-En primer lugar, tenemos el testigo víctima, que admite la legislación española y es el testimonio único de la víctima. Siempre que esté rodeado de ciertas cautelas, el juez puede valorar las propias palabras de la víctima, es eso que siempre se dice: «Es que es la palabra de uno contra la del otro». Bueno, sí, no tienes por qué darle más crédito a uno que a otro. Pero claro, si eso lo rodeas de algún otro elemento ya te empiezan a salir las cuentas. Tú ves el propio estado anímico de la persona, decaído, triste, ansioso... eso lo percibes. Y si te lo están contando en relación a una serie de episodios o a un episodio continuado durante meses o años de humillaciones o de maltrato, eso se advierte por parte del juez de instrucción y de violencia, o por el órgano de enjuiciamiento si llega a juicio. Junto a esto también puede darse el caso de que haya testigos directos de esas humillaciones o vejaciones. Muchas veces no controla tanto el maltratador como para no haber hecho algún episodio de esos delante de alguien. Esos testimonios se suman al de la propia víctima. Y luego también están los testigos de referencia, personas que no han visto con sus propios ojos u oídos nada, pero a los que la víctima sí les ha contado. Así se va haciendo un acúmulo de información. Y tampoco hay que descartar algún wasap, mensaje de correo y de Instagram. ¿Es difícil? Claro, mucho más que si hay un parte de lesiones o si hay directamente un testigo que ve cómo la empuja o abofetea, pero no es imposible.

-El problema es que fuera de casa suelen mostrarse encantadores, y solo enseñan la otra cara a solas, cuando saben a la mujer indefensa.

-Eso es verdad. Pero como esto suele perdurar a lo largo del tiempo, siempre es posible que comenta un error. Y a toro pasado también mucha gente dice: «¡Aaah! Sí, es que era excesivamente amable, sí que estaba siempre pendiente...». La gente va captando incluso esa amabilidad extrema, ese trato exquisito de enamorado permanente... se le notan esos rasgos cuando pasa el tiempo y los encajan. Pero no cabe duda que eso entraña una dificultad, esa doble cara de amable en público y monstruo en privado dificulta la labor probatoria.

-Los datos dicen que durante el confinamiento bajaron las denuncias, pero aumentaron las llamadas al 016, y apuntan a que el encierro agudizó el maltrato.

-Yo los datos no los conozco porque ya no trabajo en ese campo, y como los asuntos de violencia de género llegan a la sección especializada en la Audiencia Provincial, que es la primera y yo estoy en la segunda, no lo sé. Además, tardarían en llegar a la Audiencia por vía apelación. Todavía no se sabe, por los tiempos. Pero vamos, es fácil intuir que hayan aumentado el número de casos reales porque claro, la convivencia todavía más estrecha y más íntima, la imposibilidad de separarse del agresor, habrá tenido que fructificar en más episodios de violencia física o psíquica. Cuando estás obligado a convivir tantas horas con una persona que ya habitualmente te maltrata, digamos que saltarán chispas por muchas más cosas que antes por una cuestión estadística, de más tiempo. Parece razonable.