Ana Saavedra, presidenta de Mirabal, asociación de mujeres maltratadas: «Es terrible decirlo, pero a veces deseo que a muchas les den un golpe»

Ana ha sido víctima, sufrió dos lesiones graves hace 20 años por parte de su pareja y ese fue el detonante para ponerse a ayudar a otras mujeres . «Los maltratadores son celópatas, posesivos y controladores», apunta


Ana Saavedra lleva más de 20 años al frente de las asociación Mirabal, en Betanzos, ayudando a muchísimas mujeres que no saben por dónde empezar cuando se enfrentan al maltrato. Muchas ni siquiera saben que son víctimas y es Ana quien las acoge, las levanta y las guía para salir de una espiral de sufrimiento que ellas no pueden encarar solas. Ana lo sabe bien porque empezó por ella misma, también es víctima (dos lesiones graves, en el cuello y en un ojo) y por tanto sabe mejor que nadie cómo se sienten estas mujeres que llegan a ella —dice— como caracolitos. «Están encogidas», a muchas tenemos que enseñarlas después a volver a vestirse, maquillarse y hasta a recolocarse en su postura, son mujeres con los hombros caídos que han perdido todo: trabajo, familia, amistades... No se valen por sí mismas».

-Cuando una mujer está siendo agredida, ¿qué le aconsejáis?

-Una de las primeras cosas que les enseñamos es que no digan la «a». Cuando te están agrediendo tú aún encima tienes que calmar a la persona, tienes que decirle todo con «o»: ‘Tranquilo, tranquilo’. No digas ‘ya’ o ‘para’ porque se aceleran más. Primero hay que frenarlos y en el momento en que se pueda, escapar. Nunca enfrentarse. Les aconsejamos ir a la policía o a la Guardia Civil después. Si la agresión es fuerte, que griten: ‘Socorro, vecinos’. Si te están agrediendo tú no puedes ni respirar. Aunque seas una mujer fuerte, tú te dejas hacer lo que sea en ese momento para que la violencia pare. Si tú mueves un dedo o le contestas, vas a generar más. La ira sube.

-¿Crees que los vecinos actúan?

-Hay mucho policía de balcón con el confinamiento y es cierto que luego escuchan y saben que hay mujeres que sufren maltrato y callan. Yo quiero pensar que no somos cómplices. Además, es importante que sepan que no tienen ni que dar su nombre, solo avisar.

-¿Cuál es el perfil del maltratador?

-Celópata, hombres que ven donde no hay, y posesivo: «¿Dónde estás? ¿Qué haces? ¿A qué hora llegas? Eres mi mujer, es mi casa...». Son también controladores que estresan a la víctima, ellas temen, por ejemplo, que si llegan un día tarde, les monten un follón. Las machacan con frases que les minan la autoestima: «Non che vai querer ninguén», «No vales para nada», «No sirves ni para joder», «Quién te va a querer si no soy yo».

-¿Y cómo son las víctimas?

-A las mujeres nos han metido en la cabeza que hemos nacido para ser madres y cuando somos madres creemos que nuestras parejas van a cambiar. Y no cambian. Además ellos las hacen dependientes. Y ellas te dicen: «No voy a encontrar a alguien como él». Incluso haciéndoles daño, les provocan dependencia. Las vacían. Ellos van de salvadores: «Gracias a mí tienes un techo, gracias a mí esto funciona...».

-¿Cómo consigues que vean que son mujeres maltratadas? Supongo que muchas ni lo saben.

-Muchas llegan y te preguntan: ‘¿Yo soy víctima?’. ¡Y te están contando unas cosas terribles! Algunos hombres las obligan a tener relaciones sexuales, las humillan. Ahora hay muchas niñas jóvenes que me dicen: «Tengo un geolocalizador en el móvil», «Me localizan en donde esté». Las obligan también a borrar Instagram, no quieren que publiquen determinadas cosas en las redes, a lo mejor solo fotos de ellos en pareja...

-Hay que insistirles mucho, sobre todo a las jóvenes, que el amor no es control.

-El amor no es control ni es maltrato. En el momento en que te maltrata de alguna manera, por ejemplo, haciéndote de menos delante de tus amigos, o si te obliga a hacer fotos íntimas subidas de tono, eso es acoso.

-¿Qué es maltrato?

-Acoso. El maltrato psicológico es terrible. Hay mujeres que por eso los echan de menos después, pese a todo lo malo que les han hecho, porque les crean dependencia.

-¿Es lo más difícil, romper esa dependencia?

-Sí, de ahí que sea muy importante que sepan adónde acudir. Necesitan saber qué les va a pasar si denuncian, ellas no son capaces de dar el paso porque tienen el miedo a lo que hay después.

-¿Ellas aguantan por miedo a que les hagan daño a sus hijos o se los quiten?

-Sí, por eso tienen que saber que ellas ganan, que no están solas, que se sale, que las amparamos. El problema es también económico, y es muy difícil para los niños reconocer que su padre es un maltratador.

-En muchos casos no hay golpes, ¿eso lo hace más complicado?

-Todos los maltratadores tienen un complejo detrás que flipas, ellos necesitan sentirse importantes, por eso maltratan. A mí me cuentan que solo por cómo abren la puerta de casa, ellas ya saben cómo vienen. Entonces las mujeres se ponen en alerta, modifican conductas, les dicen a los hijos: «Callaos, callaos». Porque él viene a buscar bronca. Y ellas necesitan calmar a la fiera. Por eso a veces yo les digo a ellas: ‘¡Ojalá os diesen un golpe!’ Siento decirlo así, pero es la única manera terrible de que espabilen. En ese momento se dan cuenta, es el detonante, el final. Ahí ellas dicen: ‘Ya no puedo más’.

-¿Cuál es la actitud de las familias?

-Las víctimas vienen a escondidas a la asociación porque piensan que qué van a decir los demás. Algunas llevan así 20, 30, 40 años. Por eso llegan tarde y las matan sin denuncias previas cuando lo sabía todo el barrio: el vecino, la madre, la suegra, el otro... Las familias tienen que informar. Tú a las víctimas les hablas de denuncia y se echan para atrás. Por eso yo les digo: ‘Vamos a manifestar lo que te está pasando; si el juzgado o la Guardia Civil no sabe lo que te pasa, no te pueden proteger’. Y ahí van más tranquilas. Hay que cambiar la palabra denuncia por manifestación, contar lo que te pasa. Ellas siguen pensando que les van a quitar a sus hijos y eso es retrógrado. Pero como dependen de ellos, lo creen.

-Es importante hacer ver que aquí están implicadas todo tipo de mujeres: con dinero, con formación, las que parecen felices, las fuertes de carácter...

-Por supuesto. Pero fíjate lo terrible que es que cuando yo voy con ellas al juzgado les tengo que quitar el maquillaje, el piercing, las uñas rosas... No pueden ir así, porque igual que le pasó a la pobre Carmina Ordóñez, si eres demasiado guapa, no te creen. Yo fui a mi juicio de chándal y engominada. La última mujer maltratada que me llamó es gerente de banca, para que lo sepa la gente. Pero lo que más odio es cuando matan a una y luego el vecino sale diciendo: ‘Era buena persona’. ¿Tú qué sabrás? Si le pegó y la mató, ¿cómo iba a ser bueno? Los maltratadores son embaucadores sociales.

-¿Alguna vez llegaste tarde?

-No, no me ha muerto ninguna. Tengo esa satisfacción. Tuve un caso muy gordo, él le plantó fuego a la casa con ella dentro, pero en el último momento se arrepintió, le abrió la puerta y pudo salir. Ella se quedó sin nada, pero él no entró en la cárcel porque consumía. Si consumen, los consideran enfermos, muchos abogados les recomiendan que digan eso para no ir a la cárcel.

-Hablas de la luna de miel, ¿qué es?

-Ellos al principio controlan: ‘No te pongas esto’, ‘¿con quién vas?’, etcétera. Pero cuando las presionan mucho, les dan un regalito, una guindita. Luego suben a los insultos y después llega el perdón: ‘No te quise llamar eso, se me fue la cabeza’. Después viene el empujón. Y de nuevo: ‘Perdona, son los nervios, el trabajo...’. Son todo excusas. Ellos apelan al estrés laboral, a problemas con la familia, cualquier detonante les vale. Ellos las presionan muchísimo y luego hasta las mandan al psicólogo para presentar un informe conforme ella es la enferma. Las mujeres maltratadas terminan tomando pastillas porque ellos las minan.

 
 
 

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Ana Saavedra, presidenta de Mirabal, asociación de mujeres maltratadas: «Es terrible decirlo, pero a veces deseo que a muchas les den un golpe»