Mario Vaquerizo: ¿Es ser tradicional decir que soy creyente y que me encanta ir a comulgar?

«Lo que opinen los demás está de más», esta es la verdadera fe de este «showman» que se declara fiel a sí mismo, con «incontinencia verbal», un lado «intenso» y que practica el vive y deja vivir. Sin pelos en la lengua y con gran honestidad, así se presenta Mario


Mario atiende la llamada en su casa de Madrid mientras apura la comida. Es miércoles y no son horas de llamar a nadie a casa en plena sobremesa, pero él coge el teléfono sin acritud, todo lo contrario. Con la misma profesionalidad que hace de profesor de Historia en Audible -la plataforma de Amazon de audiolibros y pódcast- o se planta en el escenario del teatro Calderón en Madrid para hacer La última tourné. Porque como bien dice hay que ser profesional «para todo en la vida. Hasta para ser marido hay que ser profesional y también para ser amigo». Así que «dispara, cariño, y vamos ya a por ello», que el tiempo es oro.

-Te conviertes en profesor en «La Historia con Mario» en Audible. ¿Cómo surgió la idea? Es genial...

-La idea no es mía, ¡eh! Es de Amazon Audible, que recogió un poco mi petición de querer hacer un pódcast y yo después me abrí a lo que me propusieron. Soy el mánager de Alaska y tuve la primera reunión con ellos para el pódcast que hace ella también en Audible, Gen Dro. Y como no tengo vergüenza, tengo incontinencia verbal y ese mundo me gusta mucho porque está muy relacionado con el mundo radiofónico, pues me ofrecí. Y me dijeron que si me gustaría contar la Historia de España para los alumnos que estén estudiando Segundo de Bachillerato. Y yo dije: «¡Me encanta!».

-Habrá llevado su tiempo...

-Sí, me he pasado todo el verano haciendo estos pódcast porque no era fácil. Por un lado querían tener al profesor Vaquerizo. ¿Y eso qué significa? Pues tener un profesor con personalidad, pero Mario Vaquerizo no es historiador, entonces le dimos forma, cogimos a un buen equipo de guionistas y a un director que es Juan Morali, que me ha dirigido como nunca, y¿qué ha pasado? Que me lo he pasado genial, que he vuelto a redescubrir cosas de la historia que sabía, pero que volvieron otra vez a mi cabeza y, después, que he aprendido a saber hablar en público, porque he tenido muchos problemas de dicción. Con lo cual, ¿qué quieres que te diga? Un lujo.

-Es una manera muy amena de acercar la Historia a los jóvenes...

-Ten en cuenta que todos hemos sido alumnos. Yo cuando estudiaba en el instituto o en la facultad, pues dependiendo de quién te diera la asignatura te interesaba más o no. Son 15 programas, que abarcan desde el Paleolítico y Neolítico hasta la actualidad. Está dirigido a los alumnos de segundo de bachillerato, pero también es un programa para todos los públicos, contado de una forma diferente, pero con rigor histórico, porque estamos dando clases de Historia. Y en ningún momento pretendo entrometerme en el mundo de los historiadores y de los profesores, porque no lo soy. Pero bueno yo soy un showman y tengo esa cercanía con el público porque siempre me he mostrado tal y como soy. No he pretendido engañar nunca a nadie y eso, a lo mejor, capta mucho la atención de los chavales, ¿sabes? Porque mi público son los niños, las mariquitas jovencitas y las señoras mayores.

-¿Y cómo eras como estudiante?

-Yo siempre he sido un empollón. Cariño, soy profesional hasta para ser estudiante. Si soy estudiante, pues quiero sacar matrícula de honor, que de hecho las sacaba. Hasta para ser marido hay que ser profesional, para ser amigo también, todo en la vida, en mi caso, es ser profesional.

-He leído que en algún momento no lo has pasado bien en el colegio, ¿se podría llamar ahora acoso?

-¡Ay! que no, hija, que no. No dramaticemos las cosas. Yo sin ser un niño estándar en la adolescencia porque en vez de estar jugando al fútbol jugaba a la Superpop y en vez de estar rodeado de chicos, me gustaban más las chicas porque me resultaban más interesantes, pues alguna que otra vez te decían lo de «maricón» y ese tipo de cosas, pero tampoco lo viví como un drama. Ni acoso ni bullying ni nada de nada. Porque en el momento en que me acosaron también acosé yo, así te lo digo. Tú me pegas y yo también te doy.

-Qué manía de encasillar a la gente en una determinada condición sexual, de poner etiquetas...

-Hacer esa pregunta también es una forma de seguir etiquetando, ¿sabes lo que te quiero decir? Sobre todo, cuando yo ya lo he explicado mil y dos mil veces y me siguen preguntando lo mismo. Como cuando me dicen que qué hay de Mario y qué hay de personaje.

-Y qué hay de uno y otro.

-Mario es Mario. Yo soy personaje ahora en el teatro, que hago de italiano y me pongo una peluca rubia. Pero después Mario cuando lo ves en la tele, en un reality o con las Nancys Rubias o cuando estoy hablando contigo, Mario es Mario así. Para lo bueno y para lo malo. Tiene sus momentos intensos, que trato de evitarlos porque la intensidad es muy pesada y tiene sus momentos despropositados y frívolos, que me encanta y que le doy rienda suelta siempre que puedo porque me hace feliz y es mi estado natural. ¿Y la condición sexual? Pues ya ves tú... Depende del referente que tengas.

-Sí, claro.

-También llamaban a las rubias Dolls (New York Dolls) maricones y las muñecas de Nueva York porque iban con maquillaje y con tacones. ¡Es que ese es mi referente! Claro que si tienes como referente a ¡yo qué sé!... un grupo de la Transición que iba con pana... pues piensas que no te puedes poner tacones porque eso solo corresponde al mundo femenino. Pero es que yo estoy hablando de Bowie o de los Kiss o de los Village People, uno de los grupos que más han hecho por el colectivo gay. Porque primero muchos de ellos no eran gais y después subliminalmente lanzaron un mensaje de normalización. Entonces yo hago lo que me gusta, cariño. Me lo puedo permitir. Y me he mostrado tal y como soy. Precisamente por eso a lo mejor me siguen llamando de propuestas tan interesantes como esta. No voy de nada ni etiqueto ni nada.

-¿Te sientes totalmente libre para hacer lo que te dé la gana?

-Yo sí. ¡Hombre! Ahora estamos en esta dictadura de lo políticamente correcto. Que no deja de ser una dictadura, y a veces me tengo que autocensurar. Y eso lo llevo muy, pero que muy mal porque no me deja ser libre. Eso no deja de ser una represión. Y las represiones son muy malas. Pero bueno. Yo me autocensuro, pero muy poquito, según me pille el día.

-Te molesta.

-Me produce tristeza la dictadura de lo políticamente correcto y, sobre todo, la dictadura de las opiniones con Twitter, un rollo patatero. La gente tendría que trabajar más, preocuparse por sí misma y no darle tanta importancia a las cosas que yo diga. No me creo tan importante, pero se ve que tengo que serlo, porque cada vez que digo una cosa, que si soy profesor, que si hago un programa de música o si salgo en Tu cara me suena... siempre es motivo de algo. Pero lo único que pretendo es pasármelo bien y ser yo mismo, lo que opinen los demás está de más.

-¿En qué eres más tradicional o conservador?

-Pero, ¿qué es ser tradicional y conservador? ¿Es tradicional y conservador decir que soy creyente, que Jesucristo para mí es el hombre más importante de la humanidad y que me encanta ir a comulgar a misa? No, eso es hacer en todo momento lo que te apetezca porque es lo que te hace sentir bien. Si ser conservador significa hacer las cosas que te hacen sentir bien, yo lo quiero todo, soy la persona más conservadora del mundo. También me gusta salir y emborracharme con mis amigos otro día, ¿sabes? Soy una persona a la que le gustan los valores establecidos y considerados como tradicionales porque me gusta mucho la tradición, el valor de la familia, de la amistad, de la espiritualidad, aunque después me pinte un ojo o hable en femenino. No sé, es que no todo está reñido. No todo tiene que ser blanco o negro. En la variedad está el gusto y cuantos más colores tengamos, mejor. Si va todo el mundo vestido del mismo color es un rollo patatero.

-Parece que todos tenemos que ir por el redil...

-El que quiera que vaya. Jamás le voy a decir a la gente lo que tiene que hacer.

-Y también estás en el Teatro Calderón con «La última tourné».

-Sí, interpretando a un coreógrafo italiano, pero en realidad no es Italia ni se llama Enzo. Es de Albacete y se llama Lorenzo, ¿sabes? Y es una especie de mentirosillo, pero no de mala leche, es un mentiroso piadoso. Miente a esa compañía que está desapareciendo por la nueva cultura dominante, que ha desplazado al teatro de variedades y miente por hacer un poquito más llevadera esa situación que están afrontando. Y ese es el personaje que hago yo y estoy feliz en el teatro. Feliz, feliz.

-¿Y con las Nancy Rubias?

-Vamos a sacar un disco nuevo que se va a llamar Orquesta Nancy porque ahora nos hemos convertido en una orquesta. Cantaremos canciones de Paulina Rubio, de Kasabian, de Blondie, de mucha gente que nos gusta y haremos un recopilatorio con todas las versiones que hemos hecho durante mucho tiempo, más las que estamos grabando ahora. No sé aún cuándo lo sacaremos.

-Sabes que en cuanto a orquestas en Galicia somos los reyes...

-Hombre, claro, total. Los mejores escenarios y los mejores montajes son de las orquestas gallegas. Llevan unos montajes espectaculares. Ojalá las Nancys pudiéramos trabajar en ese tipo de escenarios porque son preciosos. Y, sobre todo, porque la orquesta cumple un papel primordial que es entretener, sin pretender aleccionar. Las fiestas populares tienen que seguir existiendo. Que si ahora están un poquito apartadas por esta pandemia de mierda que ha tocado vivir, por supuesto que hay que hacerlo, pero que tenemos que volver a lo que hacíamos antes. Esta normalidad absurda no tiene que quedar impuesta. Tenemos que verla de manera momentánea y volver a las tradiciones, cariño. Mira, ¿soy tradicional? Soy muy tradicional. Me gusta la feria del marisco de O Grove, me gusta todo lo clásico, el queso de Arzúa. Eso es tradición, ¿no? A mí las tradiciones me hacen feliz. Los pregones en Galicia que yo he dado en los carnavales de Vigo, que se sigan manteniendo. Ahora no se puede hacer, y es verdad, pero en el momento en el que se vaya todo esto, a volver a ser lo que éramos antes. Es que si no yo me vuelvo terrorista.

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