José María Gasalla, coach: «A cada hijo hay que tratarlo diferente, no vale: «¡Ay, es que no quiero que tenga envidia!»

Cada una de sus frases es una lección para poner en práctica. Después de años trabajando el liderazgo en grandes empresas, este experto conferenciante y escritor aplica sus conocimientos al ámbito de la familia. Su especialidad: los adolescentes


Conferenciante, escritor, profesor universitario y coach son algunas de la actividades en las que ha brillado el gallego José María Gasalla, que ha dedicado buena parte de su vida a enseñar a las personas a tener confianza y a liderar. Toda la sabiduría que durante años aplicó a los ejecutivos de las grandes empresas ahora la traslada a la familia, en donde también hay que mostrar muchas habilidades para manejarse con los hijos y la pareja. A los adolescentes les dedica el congreso virtual que se celebra esta semana y que termina el sábado 7 de noviembre

-¿Qué tienen los adolescentes que a los «coachs» les atraen tanto?

-[Risas] Nos atraen porque en ellos se produce una verdadera revolución. Es como una innovación disruptiva, en donde las hormonas empiezan a agitarse y ellos sienten la necesidad de mostrar su identidad: ‘Estoy pasando de niño a otra cosa’.

-¿Son hoy muy diferentes a otras épocas? ¿Se repiten los patrones?

-Yo creo que internamente no han cambiado, lo que sí ha cambiado son los atractivos y los estímulos externos. Y también los medios, toda la tecnología sí ha transformado la forma de relacionarse o aislarse de un adolescente.

-¿Cree que hoy están más aislados, aunque estén más conectados?

-Sí, les resulta mejor estar acompañados de una máquina, porque aunque sea una pequeña falacia, ellos creen que la máquina la pueden manejar y que les hace caso. Antes eso no existía; y la tribu, los amigos, tenía un mayor peso en la huida del lecho materno. Ahora tienen amigos, pero pueden sentirse más solos porque se contentan con tener la máquina. Lo cual es un problema. Con los amigos antes podían crearse muchas frustraciones, pero al final era una relación humana que te ayudaba a aprender el tema relacional. Yo he trabajado mucho en el plano ejecutivo de las empresas y no hay duda de que el capital fundamental es el relacional. Es decir, la capacidad que tengas de relacionarte y la respuesta que puedas tener de los demás cuando los necesites.

-Pero ellos están conectados a través del móvil.

-Sí, pero ellos pueden decirte que tienen 25.000 amigos en Facebook, en Instagram..., y resulta que amigos, al final, muy pocos. A muy pocos van a poder acudir para que les ayuden.

-¿Es fundamental entonces relacionarse de tú a tú?

-Sí, el tú a tú personal va más allá del escaparatismo. En las redes se presenta lo bonito que tienes alrededor de ti, vivimos en sociedades donde se valora mucho el escaparate, la forma, y sin embargo al fondo se llega poco. En la relación virtual hay más forma que fondo.

-Antes los padres se comportaban con los hijos de una manera muy diferente. No se decía «te quiero», ahora los mimamos, les consentimos...

-Es cierto. Se consideran como un tesoro, valoramos la escasez. Hay muchos menos hijos que antes, por lo tanto, reaccionamos en plan: ‘Que el niño no se altere, que no se desequilibre, que no se enfade, que sea feliz’. Y se le consiente todo o casi todo; por lo tanto, el niño piensa que la vida es eso, que solo son derechos. Y hay padres que no se dan cuenta de que si no marcas unos límites a los hijos y no los gestionas adecuadamente, les estás perjudicando porque ellos no van aprendiendo que la vida tiene límites. Eso al final se lo van a encontrar.

-¿Los padres crían en el exceso?

-Sí. Fíjate, yo hubo una época en la que estuve investigando sobre la felicidad y visité distintos países. Bután, que se decía que era el país de la felicidad; Italia, ejemplo del buen vivir, y Noruega, que es el paradigma del bienestar. Pero al llegar allí vi que había un gran índice de suicidios. Pregunté a los colegas si era por el frío y respondieron: ‘No, José María, es que aquí los niños tienen desde pequeños todo lo que necesitan, no tienen esfuerzo que desarrollar’. Así que cuando empiezan los palos de la vida, cuando despiertan en la adolescencia, no tienen los anticuerpos. El ser humano necesita crearse esos anticuerpos tanto físicos como emocionales.

-¿Necesitamos inmunizarnos emocionalmente?

-Sí, cuando yo voy por ahí dando charlas, llevo conmigo un tentetieso, ese muñeco al que le das golpes, que se mueve, pero nunca se queda en el suelo. Ese es el símbolo. Tenemos que estar preparados para aguantar los golpes, por eso se habla tanto de resiliencia. De recuperarte después de que te hayan dado un golpe. Lo que pasa es que en la educación de los nuevos padres hay demasiada protección, miedo e inseguridades. Por eso en el Congreso de Adolescentes voy a hablar de liderazgo familiar, para aplicar lo que sabemos del liderazgo en la empresa a la familia.

-Deme tres consejos para aplicar ese liderazgo y que no se enteren mis hijos.

-Hay que tratar a cada hijo con respeto y sensibilidad hacia sus diferencias. Cada niño es diferente. No vale eso de ‘Ay, es que no quiero que tenga envidia de su hermano’, no, no, no. Tú lo sabes: uno come más, otro menos, pues tendrás que hacer un trato diferente. Porque son diferentes. Por eso falla la educación en las escuelas también, porque no tenemos en cuenta las diferencias.

-A lo mejor un hijo es más celoso, más envidioso, más autónomo...

-El mejor modelo de liderazgo apunta que hay que dirigir en base a la madurez, a algunos tienes que estarles más encima y a otros debes dejarles más espacio. Pero hay que darles también responsabilidades desde pequeños. Que poco a poco, aunque sea jugando, asuman parte del trabajo en casa, como sacar los platos del lavavajillas, hacer la cama, hay que ponerles retos y desafíos. Otro punto es la paciencia, porque hay crecimientos desiguales, algunos lentos.

-Ahora hay también una corriente de padres muy presencialista: los van a buscar al cole, están con ellos en el parque, comen juntos. ¿Qué opina?

-Es verdad, yo no recuerdo eso, y no pasa nada. Además, todo lo que se convierte en rutina al final pierde mucho valor. El niño que no está acostumbrado y de repente te ve en el cole, te grita: ‘¡Papá!’. Y es una fiesta. Hay que tener mucho cuidado con las acomodaciones. Dicho esto, creo que hay que actuar con equidad entre los hijos, que no es lo mismo que igualdad. Y sobre todo hay que conversar. Ahora hasta los wasapeamos. Así que no debemos caer en rutinas, pero sí que el niño sienta que estás. Estar accesible no es estar presente. Además hay que dar ejemplo: no puedes decirle a un hijo que no fume y fumar tú... Hay que cuidar la coherencia.

-¿Qué les molesta más a los chicos?

-La falta de respeto. Es como lo de la media naranja en el amor. ¡Cada uno somos una naranja entera! Pues con los hijos igual. Cuando oigo a los padres decir: «Es que es parte de mí»... ¡A tomar viento!, no señor, ese chaval es distinto que tú. Pero lo más importante es escuchar, escuchar y escuchar. A los adolescentes les revienta que cuando empiezan a hablar inmediatamente el padre o la madre ya les corta y les explica. Los padres tienen que ser grandes coachs, solo deben preguntar y escuchar, no hablar. Eso es uno de los problemas en la comunicación.

-Usted es experto en confianza. ¿Cómo podemos ganarla?

-Yo me fío de cinco parámetros: el autoconcepto, es decir, qué pienso yo de mí mismo. Después la autoestima, porque si la tienes baja, sientes miedo, crees que el otro te va a atacar, que no te respeta, te creas unas fantasías y te crees una víctima. ¿Has oído aquello de amar al prójimo como a ti mismo?, pues no puedes dar amor si no te lo das a ti, hay que trabajar eso. Muchos problemas de los trastornos alimenticios o ansiedades tienen que ver con eso. Luego es necesaria la autocrítica, ver cuáles son tus fortalezas y tus áreas de mejora, y trabajar la autoeficiencia, los logros que has conseguido en tu vida, y todos, todos hemos conseguido grandes logros.

-Sobrevivir.

-Eso es. Ese ya es el primero. Que con el covid es un gran logro, que a mí me llevó en abril al único hermano que me quedaba... Y quinto elemento: la autodisciplina. Eso es increíblemente poderoso: tiene que ser algo voluntario, algo sistemático y algo que te cueste un esfuerzo. Que te propongas tú. ¡Ya está bien de esos propósitos de Fin de Año que duran tres meses!: ‘Voy a ir al gimnasio’, ‘a alemán’... La autodisciplina es el primer paso para el autoliderazgo y este es el paso para liderar a otros.

-Mi madre lo hubiera resumido: «Para mandar, primeiro hai que saber facer».

-Eso es. Otro día hablamos de los quejicas que nos inundan en este tiempo. ¡Ya está bien! Hay que mandarlos al rincón y que se pudran en su quejido [lo dice con humor]. Eso sí es tóxico.

A los quejicas los mandamos al rincón y que se pudran”

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