Ahora hay más distancia entre mesas. Los camareros van con la mascarilla más segura. Hay gel hidroalcohólico en varios puntos. Pero lo que sigue igual desde hace 35 años es el churrasco y los chorizos criollos. «Nuestro buque insignia es el churrasco de cerdo, que triplica al de ternera en cantidad de pedidos. Y la clave es que cortamos la costilla de manera distinta, no le quitamos la tapa y tiene más carne. Los chorizos se los compramos a una carnicería de barrio, Alsumar. En ese sentido no ha cambiado nada desde que abrimos en diciembre de 1985», asegura Manuel Martínez Rodríguez, propietario de la mítica parrillada Buenos Aires y yerno del fundador. Este negocio de hostelería de la calle San Leandro, en el entorno de un barrio humilde como el de la Sagrada Familia, es uno de los más antiguos de la ciudad de A Coruña en manos de la misma familia. Existen otras parrilladas en Galicia con solera, pero no hay demasiadas como esta.

ORIGEN ORTEGANO

La abrieron Luis Modesto Carrodeguas Cela y Manuel López Trasancos, naturales de Couzadoiro, Ortigueira. Por cierto, muy cerquita está un negocio de nombre Baleo, que prepara una de las pizzas más ricas que recuerdo. Vuelvo a A Coruña capital. «Mi suegro, Luis, ya tenía el bar Buenos Aires que estaba en San Lucas esquina San Isidoro, en la misma zona, y que funcionaba muy bien. Manuel, por su parte, regresó de trabajar en Inglaterra en el sector hostelero y lo convenció para montar algo juntos. Yo era un chaval de 20 años y recuerdo que estuvieron mirando locales hasta que cogieron la antigua Casa Juan, donde seguimos ahora. Entonces era un mesón con una parrilla pequeña y capacidad para 35 personas. Abrimos el 21 de diciembre de 1985». Al día siguiente no les tocó la lotería, pero ahí siguen, que hasta contrataron una persona a mayores para los fines de semana a pesar de la que está cayendo. «El otro día despachamos 58 raciones para casa. Y también está teniendo mucho éxito el chuletón de vaca vieja», apunta Manuel.

SIEMPRE EN EL NEGOCIO

Con el paso de los años, cogieron el bajo de al lado, su suegro se jubiló y la parrillada se convirtió en un local para un centenar de personas (ahora muchas menos por las restricciones ya conocidas). Y llevan así 35 años. Desde el siglo pasado. «El secreto es hacer las cosas bien y, aunque tenemos empleados que son grandes profesionales, que el negocio lo lleve alguien de casa. Siempre estuvimos aquí. No nos compramos un Audi y nos fuimos de fiesta cuando las cosas empezaron a ir bien», explica con claridad. Habla con humildad y experiencia, esa combinación tan típica en locales de hostelería de Galicia que, por desgracia, se va perdiendo. De esa gente que se las sabe todas pero que cada día se levanta dispuesto a conquistar a la clientela. De esos profesionales que ya han escuchado de todo pero que saben que la clave del negocio es que parezca que todavía pueden aprender algo. «Ahora los fundadores se jubilaron, pero tenemos un gran equipo y una clientela fiel», explica Manuel, que se expresa con la mano en el corazón. Además de estar siempre al pie del cañón, explica otro aspecto clave: «La otra mitad del éxito es la comida y que la relación calidad-precio sea buena. En estos momentos, el cliente también demanda seguridad, por eso extremamos todas las medidas que nos exigen y más», asegura. Para hacer la foto del 35 aniversario llamó a los fundadores de esta parrillada que lleva con el mismo churrasco y los mismos chorizos criollos desde 1985. «A nuestros clientes no les podemos cambiar la fórmula», sentencia. Ahora que la hostelería de toda Galicia lo está pasando tan mal es importante resaltar historias como la de estos parrilleros de siempre.

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El mismo churrasco y el mismo criollo desde hace 35 años