«Soy la única soldadora de nasas de Galicia»

Mujeres como ella no hay. Lorena Barreiro está acostumbrada a hacer «trabajos de hombres», dice. «Prefiero echar el cemento y poner bloques que coser». Desde hace dos años el hierro es su pasión


No es habitual este trabajo ni una cree cuando está en el colegio que el futuro pueda pasar por soldar nasas. Pero ahí está Lorena Barreiro, de Verdillo (Carballo), que a sus 40 años tiene el título de ser la única mujer de Galicia con este oficio. ¿Cómo se te ocurrió dedicarte a esto?, le pregunto. «Mi marido es soldador y a mí siempre me gustó el trabajo de los hombres, estuve dos años con él codo con codo, probé, hice un curso de soldadora, aprendí lo de los electrodos, hilos, y bueno, lo de las nasas salió así: fue ponerme a ello». Lorena asegura que puede realizar unas doscientas en una semana, siempre de distintos tamaños, y ese proceso le encanta. «Hago también calderas, portales, cierres, tejados, no solo nasas, pero me atraen especialmente porque por lo que me dicen los clientes las hago muy resistentes. Uso mucho material y eso en el acabado se nota». «La nasa es como un puzle, te vienen en piezas, yo hago un molde para cada una (hay de varios tipos), la preparo e intento soldarla lo más fuerte posible. En eso soy muy meticulosa, me paro bastante, quizás ahí esté la clave, soy detallista». Nécoras, pulpos, centollos caen después en esta red en la que Lorena pone el armazón de hierro, cuidando sobre todo, que con el tiempo no se oxide.

¿Cómo es eso de que solo te gustan «los trabajos de los hombres»? «A ver, a mí no me gusta, por ejemplo, coser. Yo prefiero hacer el cierre de una casa, hacer el cemento, poner el bloque, soy más machote, hago trabajos más duros, más de albañilería», responde convencida. Sin etiquetas y sin divisiones, ella es consciente de que hay gente ya de toda Galicia, pero también de Asturias, que reclama sus nasas. Las nasas de Lorena. Como una marca para una clientela fija que se ha rendido a su resistencia.

«NON VAN PARA UN MUSEO»

«Yo suelo mirarlas muy bien, después van a galvanizar y si lleva un hierro mal soldado luego coge mal color y se oxida. Además hay que ponerle una red dentro, lleva un proceso». Lorena, por una parte, dice que tal vez esa entrega a su trabajo termine siendo perjudicial si con tanta resistencia no renueva la clientela, pero por otro, sabe que esa meticulosidad es un boca a boca que termina dando beneficios. «Me acuerdo de que cuando empecé con las nasas iba tan amodiño que mi marido me decía: ‘Espabila, dálle para adiante que non é ningún cadro que vaia para o museo'», se ríe. Ella por el momento no tiene pensado cambiar de oficio, aunque le encantaría trabajar en una funeraria. Ya lo hizo un tiempo, pero explica que no le renovaron por ser mujer. «No nos quieren, al final se dedican los hombres, cuando yo creo que una mujer para preparar el cuerpo de otra mujer sabría hacerlo mejor. Me llama la atención todo el proceso, a mí es el trabajo que más me gusta, pero las mujeres en este sector no son bienvenidas», concluye reivindicando eso que ella viene expresando desde el principio: «Que no haya trabajos de hombres y de mujeres». Lorena lo sabe bien, también estuvo un tiempo en una gasolinera. Allí donde esté ella, desde luego, no hay esa división. Las nasas por el momento son su vocación.

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