Joaquín Reyes: «Miguel Bosé sería hoy el primero en mis parodias»

El cómico también lucha contra la pandemia. Tras recogerse en marzo e interrumpir su espectáculo «Festejen la broma», ha vuelto a los escenarios con este alocado monólogo. En diciembre le toca A Coruña y Narón, y en enero, Vigo y Santiago


Cualquier momento es bueno para entrevistar a Joaquín Reyes (Albacete, 1974), más aún este año, donde la pandemia ha borrado la sonrisa de nuestros rostros y el mensaje de los cómicos se hace más urgente. Joaquín es uno de esos enfermeros del alma que seguía haciendo reír y reflexionar desde los escenarios cuando en marzo se apagaron las luces y se cerraron las puertas de los teatros. El cartel de su último espectáculo interruptus se titula «Festejen la broma», con la que desembarcará en Galicia en mes y medio. Será el 12 de diciembre en A Coruña y el 13 en Narón y enero en Vigo y Santiago (días 8 y 9), aunque está por ver qué grado de ocupación tendrán los teatros para entonces. Tras la primera oleada, Joaquín Reyes, el padre de glorias televisivas como La Hora Chanante y Muchachada Nui, ha asomado a los medios de comunicación para promocionar este monólogo «90 % inédito» en el que también hace de pésimo ventrílocuo. Pero Reyes es humor en sí mismo. Sus intervenciones en televisión para promocionar Festejen la broma son como el tráiler excitante de una película. Cuando Reyes aparece pasan cosas como la de El Hormiguero, donde el presentador le invitó a atender la llamada a un teléfono anónimo con la pregunta «¿Sabe usted qué es lo que quiero?» y ofrecer 6.000 euros si daba la respuesta correcta. Pero el cómico y Pablo Motos se encontraron con una mujer que espetó que ni le gustaba El Hormiguero ni quería tanto dinero. Ese minuto se hizo tan viral como el covid. Decidí empezar la entrevista espetando la misma pregunta al cómico manchego.

-Buenas tardes, ¿sabe usted qué es lo que quiero?

-Quiero la tarjeta del Hormiguero, ¡quiero la tarjeta del Hormiguero!

-¿Pero 6.000 euros es mucha pasta?

-No las quiero, no las quiero, sois imbéciles. No me gusta El Hormiguerooooor.

-Hola Joaquín, te llamo desde de La Voz de Galicia.

-Voy a ponerme los auriculares, espérate… [susurra] un momento. ¿Qué tal?

-Bien, y a ti te veo bien de reflejos.

-Es curioso, esa mujer no quería la tarjeta, no quería nada, macho.

-Pero quien quedó tocadillo fue «El Hormiguero», no tú.

-Se vio que hay gustos para todos. Y al programa le ha dado mucho juego.

-Sobre tu último espectáculo, empecemos por el cartel. Aparecen una boca y un culo.

-Es que quería representar el Alfa y el Omega…

-Del proceso digestivo.

-Digestivo y creativo. Lo que doy en el espectáculo tiene que ver ya con el final, es un desahogo.

-Pero el culo aparece por encima de la boca. ¿Mensaje subliminal?

-Claro, la comedia también juega a invertir la realidad.

-El título «Festejen la broma», ¿es un mensaje para estos tiempos de piel fina?

-Muy buena pregunta. No creo que tengamos un problema de piel fina. La gente tiene herramientas para expresar su opinión, aunque también es verdad que muchas veces no lo hace de una manera moderada, se expresa con arrebatos, con crispación, pero no creo que tengamos un problema de piel fina. Como sociedad somos mejor que antes en términos generales. Como cómico no me encuentro incómodo, no tengo la sensación de que no se pueda bromear con nada, se puede seguir haciendo humor con todo. La cuestión es que tú tienes que ser responsable de tus bromas, saber que se te puede criticar y aceptar esas críticas.

-O no.

-Claro. Hay muchas veces que me pueden criticar y yo mantengo mi broma, ¿que estoy ofendiendo a gente? Pues lo asumo. O bien «Mira, que me he equivocado», pero no comparto esa reflexión de que no se puede bromear con nada. Hay bromas que hemos superado como sociedad, y no me parece mal. Yo creo que tienes que ser responsable de tu humor, porque el humor no es algo que no se pueda criticar. «No, es que era una broma». Pero a ver, ¿tú qué querías hacer con esa broma? ¿Querías ofender a uno, a otro, a nadie…? Eso no está mal debatirlo. No puedes gustar a todos, ni como cómico ni como nada.

-Ni como presentador de los Goya.

-Ni como… jajaja, no espera, como presentador de los Goya aspiras a gustar a alguien. Pero lo que quiero decir es que de alguna manera tienes que elegir. Y no está mal que a los cómicos se nos pidan explicaciones de qué queríamos decir con esas bromas. En el teatro siempre se establece una complicidad con el público.

-Hombre, quien va a verte al teatro es porque le gusta tu humor.

-Ya, pero lo que quiero decir es que cuando haces una broma en Twitter la estás poniendo en un espacio público, y no puedes evitar que la vea alguien a quien no le guste y te critique, eso no me parece algo malo. Y qué hago yo: no leo nada de lo que escriben de mí en las redes sociales, ni los halagos ni lo otro, yo sigo mi camino con una ignorancia que me hace feliz. ¿Me he explicado?

Enjuto Mojamuto ya vio venir el confinamiento, no ha notado el cambio

-¿En el humor se ve la evolución de la sociedad?

-Claro, al fin y al cabo esas bromas de mariquitas y gangosos antes aceptadas ya nadie las necesita, estaban vinculadas con la homofobia. ¿Echas de menos eso? Pues no, fin del asunto. No hemos perdido nada, al revés, hemos superado muchas cosas. ¿Que ahora la gente se tensa mucho? Sin duda, pero es que estamos manejando herramientas como las redes sociales de una forma regular. Seguramente nuestros nietos las manejen mejor.

-Cada uno tiene su altavoz individual, algo inimaginable hace años.

-Y además muchas veces ponemos todas las opiniones al mismo nivel y eso no se debe hacer, hay que elegir.

-¿Hay algo orgánicamente nuevo en «Festejen la broma»?

-Es un monólogo prácticamente nuevo, lo he escrito durante un año y pico. El 90 por ciento de lo que la gente va a oír es nuevo. Y luego, hay alguna chuminada en forma de vídeo y, el final del es-pec-tá-cu-lo… ¿cómo se dice espectáculo en gallego?

-Espectáculo.

-Igual, vale. Pues el final del ¡espectáculo! lo protagoniza un muñeco que es un señor mayor al que presento como amigo de mis padres y con el que establezco esta rutina tan divertida que es que él dice barbaridades y yo intento contenerlo. Qué pasa, que yo no hablo con la glotis, yo muevo el boquino, pero al final lo pasamos muy bien con el muñequete, tanto que me está ganando terreno y me está eclipsando, es graciosísimo.

-En el comunicado del espectáculo aparece la palabra chorrada. ¿Es una categoría del humor con entidad propia?

-Me gusta mucho el concepto chorrada porque me parece que tiene que ver con algo que no es muy reflexivo, con la espontaneidad, con la cosa urgente. Lo que me gusta es hacer chorradas en la vida real, y hacer bromas que no tienen fuste ninguno.

-¿Cómo ha llevado Enjuto Mojamuto el confinamiento?

-Lo ha pasado bastante bien porque él lleva confinado desde el 2005, él realmente no ha notado ningún cambio en su vida. Era una persona adelantada a su tiempo, de alguna manera ya se había adaptado a lo que se podía venir.

-¿Cómo es un día sin wifi para Enjuto?

-Él es de tensión baja. Es muy divertido cuando vas con tus hijos (tienen 13 y 11 años) a una casa rural y no hay wifi y te recreas en su sufrimiento: «¡No hay wifi, no hay wifi!», y entonces te empiezas a reír y te inventas historias del tipo «yo con un palo era feliz». Mentira, yo tenía un Spectrum.

-Pero nuestros hijos son una generación de Enjutos por la adoración de la pantalla.

-Sí, mis hijos son generación Z, ya no son millennials. Hay un término muy cursi que es «nativos digitales». También te digo una cosa, yo me tiraba las tardes mirando la tele. Tendemos a dulcificar el pasado, pero ellos parecen más avispados, no sospechemos de esta generación, no son peores que nosotros.

-«Ya no sé si es Miguel Bosé, o Joaquín Reyes imitando a Miguel Bosé». Esto lo he leído en redes.

-No lo he llegado a parodiar. Cuando hacíamos la Hora Chanante, Miguel Bosé no daba motivos, se portaba con normalidad.

-Como para pillarlo ahora.

-Ahora mismo si tuviera un programa lo parodiaba sin duda, sería el primero, ha perdido el oremus, dice un disparate tras otro. He visto sus vídeos y no hay por dónde cogerlos. Ay, si me pilla hoy con un programa.

-Vas diciendo por ahí que tienes novela existencialista manchega. A ver, sin hacer espóiler, ¿qué es eso que llevas cinco años escribiendo?

-El libro es una reflexión sobre el mundo de la fama. El protagonista es un cómico de un pueblo manchego que ve cómo su vida cambia por el hecho de hacerse famoso. Le va bien, la gente le halaga, lo admiran, e intenta dejar atrás cosas porque él se ve en otra esfera. Tiene una estructura muy clásica, podría ser una novela del siglo XIX, tiene casi de todo: amor, fiesta, traición, relato dentro del relato.

-¿Y algo autobiográfico?

-Sí, mucho, claro, sí.

No leo lo que escriben de mí en las redes sociales, ni halagos ni nada

-¿Se puede distinguir geográficamente el público por su reacción a los chistes?

-Es verdad que en el Levante el público es más desinhibido, luego los gallegos sois como más educados. Pero la gente se ríe más o menos igual en todos lados. Nunca me he encontrado un público que dijera «no vuelvo más».

-¿Tienes algún nexo con Galicia?

-Mi sobrino Guillermo estudia en Santiago de Compostela [lo pronuncia con acento gallego], es de Palma y se ha ido a estudiar Medicina a Santiago, y se le está pegando el acentillo. Y luego tengo otro nexo de unión con Galicia, neeeeeeno, es que soy amigo de Xoel López, que son coruños. Siempre he estado rodeado de gallegos, y al menos los que salís fuera, siempre tenéis algún negocio entre manos, los que están en la diáspora, los que estáis ahí no sé cómo os lo montáis.

-Lo podrás comprobar el 12 y 13 de diciembre.

-Si Dios quiere sí [otra vez con fuerte acento gallego].

-Si Dios quiere, y la pandemia.

-¿Vosotros cómo estáis?

-De momento no tenemos los datos tan altos de Madrid o Castilla-La Mancha.

-Y Albacete cuidao. Pasarlo lo tendremos que pasar todos en algún momento, vamos a tener que convivir con el virus, la cuestión es que no colapse la sanidad. De hecho, el espectáculo lo estrené en enero y luego lo tuve que interrumpir. Le añadí alguna broma con esta situación del confinamiento pero no con la enfermedad propiamente, claro.

-¿Qué palabra manchega dices cuando te enfadas?

-Hay una expresión que es «Vete a zurrir mierda con un látigo». A mí me encanta. La decía mi padre cuando quería que yo cejara en mi actitud, vamos a decirlo así, y me parece muy gráfica.

-Pues espero no haberte dado motivos para que me lances la frase. Fin de la entrevista, gracias y mucha mierda en los escenarios.

-Gracias, hemos pasado un ratico muy agradable.

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