Irene Villa: «En 15 años me casé, tuve tres hijos, me divorcié y sufrí el golpe más duro»

A Irene Villa la vida la ha llevado a coronar varios ochomiles desde el día en el que sobrevivió a un atentado de ETA en 1991. Psicóloga, periodista y deportista de esquí adaptado, acaba de publicar un libro que impulsa a alcanzar un pico de optimismo. Y sí, está viendo «Patria»...

Irene Villa acaba de publicar el libro «Los ochomiles de la vida»
Irene Villa acaba de publicar el libro «Los ochomiles de la vida»

La vida le dio la primera oportunidad cuando solo tenía 12 años, asegura Irene Villa (Madrid, 1978). Es curioso que la oportunidad lleve debajo una bomba lapa, pero hay miradas capaces de ver lo que hay más allá de la tragedia. La de Irene es una de ellas. «Mi destino era morir. Como el de tantas personas que cayeron en manos de una banda terrorista que empezó a asesinar en los sesenta», relata, con toda la crudeza de la realidad de los hechos pero sin rencor, esta superviviente, candidata al Príncipe de Asturias de la Concordia, que creó en el 2014 una fundación para favorecer la educación, el deporte y la integración de las personas con discapacidad. Aquel atentado que Irene sufrió junto a su madre, que se llevó sus piernas en el 91, fue «el inicio de un sinfín de cosas buenas», asegura en Los ochomiles de la vida, un libro que nos lleva de escalada por los retos vitales que ha tenido que enfrentar a lo largo de sus 41 años la periodista, psicóloga, escritora, conferenciante y deportista. «La única discapacidad es la actitud negativa», considera.

-Con 41 años te has superado ya varias veces. ¿Con cuál de los ochomiles que te ha puesto la vida te quedas?

-Superar un ochomil es como un regalo, es otra oportunidad que te da la vida, pero creo que lo más duro, el ochomil más difícil de superar, es sin duda la pérdida, perder a alguien que quieres. 

-¿Peor que ser víctima de un atentado?

-Cuando la gente decía «Qué pena, la niña del atentado», pensaba: «¡Pero si estoy viva!». Hay gente a la que han matado a su padre, a su hermano, a su marido. Para mí eso es mucho peor. Sin embargo, todo el cariño y el respaldo fue para nosotras [para Irene y su madre], que estábamos aquí, vivas. Perder a alguien que quieres es infinitamente peor. El año pasado perdí a mi compañera de esquí, a mi amiga, mi consejera de fiestas, la que me apoyó tanto en momentos duros... Esther, que se nos fue por un cáncer.

-Lo cuentas en este libro, doloroso pero también luminoso, optimista. Fascina tu capacidad de hacer del error o el horror una oportunidad. ¿Cómo se consigue?

-Dándole la vuelta a la tragedia. Hay situaciones que no puedes cambiar. Pero quizá sí puedes cambiar tú, y en lugar de ver la cosa como el mayor drama lo ves como una oportunidad para sacar una versión de ti nueva, más potente, empoderada... Hay gente que se acerca a la fe, o al deporte, al baile. Hay muchas formas, muchas cosas que puedes hacer para ocuparte, para ocupar tu mente e impedir que lo te ha pasado condicione tu presente y tu futuro. Se trata de enfocarnos en lo positivo, no en el problema sino en la solución. Y es una responsabilidad que tenemos todos. 

«Mi madre ha sido el pilar fundamental en todas las etapas de mi vida. Me dijo desde pequeña: 'Para qué vamos a sufrir por lo que no podemos cambiar'»

-Tu madre es un referente desde la infancia. 

-Exactamente. Mi madre fue mi psicóloga improvisada... Y es verdad, por qué voy a lamentarme y odiar al que casi me mata. Estoy aquí y doy gracias. Estoy viva, ¿qué más quiero? Mi madre ha sido el pilar fundamental en todas las etapas de mi vida. Me decía: «Para qué vamos a sufrir por lo que no podemos cambiar». Siempre con planes: «¡Vamos a hacer esto y lo otro!», «Vamos a viajar». Y luego he tenido suerte de tener a mi alrededor amigos, gente especial, mucho cariño. El amor es lo que te hace invencible. Tengo tres hijos que son el centro de todo. 

-No tienes un sueño, dices, sino tres... ¡que van creciendo! 

-Jajaja, sí, y vinieron los tres además como un regalo, como viene lo más grande de la vida. Al igual que vienen las tragedias vienen las recompensas. Es que la vida es así: amor y dolor.

-A cada uno nos van a tocar dos o tres golpes duros en la vida, dice la estadística.

-Es estadística pura y dura.

-Dices en «Los ochomiles de la vida»: «La vida es fracaso». Choca con la ansiedad por el estatus y el éxito que se lleva desde hace unos años. Queremos siempre más y mejor.

-Claro que la vida es también fracaso, pero no te martirices, no te fustigues, no te flageles... ¡Del fracaso se aprende muchísimo más! La sensación de fracasar es incómoda, muy fea, pero fracasar te enseña humildad, te enseña a prepararte mejor, a tener mayor autoconfianza y a no tirar la toalla.

«Recuerdo como algo muy emocionante entrar con las bicis, con las 'handbikes', en la catedral de Santiago»

-Escritora, psicóloga, campeona de esquí alpino adaptado, has hecho el descenso del Sella, has hecho el Camino de Santiago...

-Bueno, algunas etapas del Camino, eh... Fue con la bicicleta adaptada. Recuerdo como algo muy emocionante entrar con las bicis, con las handbikes, en la catedral de Santiago, porque, claro, porque la mayoría no caminan... Fue inolvidable. Este año teníamos todo organizado para hacer el Camino de Santiago en el puente del Pilar, pero nos confinaron en Madrid, y casi todos los usuarios éramos de allí. Iba a ser un grupo pequeño, con mascarilla, con los geles, las distancias... Teníamos todo organizado y lo tuvimos que cancelar por la pandemia.

-Ves la pandemia como otra gran oportunidad para cambiar lo que no funciona. «Nos dio la oportunidad de elegir, entre esos dos caminos que me propuso mi madre cuando era solo una niña: lamentarme y maldecir (...) o decidir, con valentía y optimismo, que nuestra vida empezaba de nuevo», escribes sobre el parón del covid. ¿Cómo has llevado este momento, ha sido fácil en la práctica?

-Es importante darle la vuelta. Tenemos las dos opciones: pensar «Mira estos políticos, que no se ponen de acuerdo, que lo están haciendo fatal...» o «Bueno, pues hay que tratar de adaptarse», y dejas a un lado la crispación, dejas de enfadarte con la vida. Hay mucha crispación, y es contagiosa.

«Mi ángel de la guarda está harto, le doy mucho trabajo»

-Han pasado 15 años desde que publicaste «Saber que se puede». Ahora llega la segunda parte. ¿Qué ha cambiado sobre todo en estos 15 años?

-En estos 15 años me casé, tuve tres hijos, sufrí una bacteria que casi fue letal, un divorció y el golpe más duro. Perdí a mi cuarto bebé... y perdí a mi mejor amiga.

-Y sigues viva. Ofreciéndonos consejos para superar una pérdida, un divorcio, la adicción al móvil o las relaciones tóxicas.

-Sí, estos últimos 15 años han venido repletitos. Han sido una montaña rusa. La verdad es que lo miras y dices: «Son solo 15 años, pero dan para mucho». Si me estuviese un poco quieta... Me mandaron el chiste ese del ángel de la guarda, que te arropa y te dice al oído: «Me tienes hasta los cojones». El mío debe de estar harto de mí, le doy mucho trabajo. Pero ahora les toca escalar ochomiles a mis hijos. Los míos espero que a partir de ahora sean un poco más suaves. Pero, claro, nunca se sabe. Lo importante es estar armado contra lo que venga y no tener miedo. El miedo a sufrir es peor que el sufrimiento. Y este libro lo escribí para que quien lo lea se sienta protegido, se sienta más fuerte emocionalmente. La vida es a veces muy dura, y hay que quitarse las gafas de colores. No voy a empeñarme en ver la realidad como no es y maquillarla o pintarla siempre de colorines. La realidad es cruda, pero siento que con pensamientos positivos se vive mejor, sin tener que buscarle el porqué y el para qué a todo. 

-El ejercicio físico es una de tus recetas para el bienestar.

-Sí, yoga, Pilates... Ahora estoy haciendo Pilates online todos los días. Duermes mucho mejor. La autoestima es muy frágil y muy importante, hay que trabajarla para afrontar lo que venga, una ruptura o un accidente. Y el ejercicio siempre ayuda.

-El divorcio es junto a una pérdida, dicen los expertos, lo que provoca mayor impacto emocional. 

-Es que hay divorcios que te llevan por delante...

-Pero «hasta un divorcio se puede hacer con amor», aseguras sobre la experiencia de tu separación del padre de tus hijos. ¿Cuál es la clave?

-Poner a los hijos en el centro. En el libro hablo del divorcio porque me consta que hay mucha gente que está llevando el divorcio muy mal. Es fácil hacerlo desde el rencor, la rabia, la tristeza, la ira... Pero los primeros damnificados son los hijos, y eso no se puede perder de vista. Yo con este libro quiero ayudar a que el divorcio se tome con serenidad, con cierta armonía, como una transición... En este libro digo lo que yo creo que debería hacerse. 

-¿La clave?

-Ceder, ceder y ceder. Es así. El orgullo no te lleva a ningún lado y estar con las espadas en alto menos todavía. Ceder, por los hijos. Si no lo quieres hacer por tu pareja, porque te ha engañado durante años (hay mucha gente que se ha enterado de esto... es común), hazlo por tus hijos. Si pones a los niños en el centro, todo se suaviza. Lo comprobé en el caso de nuestro divorcio con las mediadoras, que no dejaban de decirnos: «No vamos a mirar ni por ti ni por él. Vamos a mirar por los niños». Qué bueno fue eso. Yo cada día doy gracias, porque mis hijos son felices. No ha sido nada traumático para ellos. Ojalá esto fuera, en la práctica, siempre obligatorio.

-Pero se necesita voluntad de las dos partes, no basta con la voluntad de uno solo.

-Exacto. Y es mejor para los hijos ver a cada uno de sus padres felices que verlos juntos sin quererse. El amor, la cordialidad, tienen que palparlos ellos, vivir ese buen clima a diario.

-¿Es perjudicial mirar constantemente el móvil?, lanzas la pregunta. Y respondes...

-Sí. Es una de las asignaturas pendientes en mi vida. Tengo mucha fuerza de voluntad en todo, soy muy perfeccionista y exigente conmigo misma... y sin embargo debería depender menos del móvil. Inconscientemente incluso estoy casi siempre mirando el móvil, respondiendo un e-mail..

«'Patria' no ofende a nadie, se pone en la piel de todos, consigue que llegues a comprender»

-¿Cuál es tu próximo reto?

-Volver a competir en esquí adaptado y viajar, si se puede, por todo el mundo. En noviembre tengo previstas tres conferencias en México y estoy muy ilusionada. Iré, con todas las medidas sanitarias, a contagiar mi mensaje de optimismo. 

-¿Lo mejor que te ha pasado en la vida?

-Mis hijos. Y no cambiaría nada de nada de lo que me ha pasado. Yo me siento agradecida a todo lo vivido.

-Todo el mundo habla de «Patria». ¿La ves? ¿Te parece un retrato justo de los años de plomo?

-¡Sí! Me parece maravilloso que de una historia tan dramática y reciente, que en cierta forma parece que se quiere tapar y pasar página, se haya sacado así a la luz. No podemos olvidar esa parte de nuestra historia tan sangrienta, tan dramática. Y además creo que no ofende a nadie, se pone en la piel de todos, en todos los puntos de vista. Patria consigue que llegues a comprender esa ideología que se te inyecta. Que las familias vecinas estén enfrentadas por temas políticos, ideológicos... da mucha pena, y está de actualidad. Ojalá Patria haga reaccionar a mucha gente y se cierren las heridas. Y ya está.

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