La nueva vida de la finca que enamoró a Suárez

Renacer con vistas únicas. De ser uno de los destinos más cotizados para las bodas a acumular cancelaciones del 90 %. El covid obligó a esta finca a su renovación, y en unos meses lidera el ránking de los mejores restaurantes


El nombre puede parecer pretencioso, pero una vez que se llega a lo alto de la ladera, a los pies del monte de A Siradella y con todo el istmo de A Lanzada separando la ría de Arousa del bravo Atlántico debajo, la ocurrencia cobra sentido. La Atlántida es una finca de más de 65.000 metros cuadrados, casi siete hectáreas de terreno, coronada por un palacete cuya torre, símbolo del poder del que fue uno de los empresarios más importantes de Galicia, se ha fundido con el paisaje de San Vicente de O Grove.

 

Desde el 2010 este impresionante recinto privado al que no le faltan leyendas, magia ni polémicas por su pasado dejó de ser un territorio vedado para vecinos y visitantes. Isidro Caballería, al frente de la empresa Sens Gestión Hotelera, llegó a un acuerdo con los propietarios para explotar parte de las instalaciones. «El espacio es tan grande que ni nos escuchamos», dice sonriendo Caballería, ya que los dueños siguen disfrutando de la casona, ajenos al ajetreo de los jardines y la carpa acristalada creada para los eventos.

En un decenio consiguieron que la Finca Atlántida se situase como un referente en la celebración de grandes banquetes. Tiene aforo para albergar más de 400 personas. Pero la pandemia del covid echó por tierra las previsiones de un 2020 que prometía ser muy bueno. «Cancelaron el 90 % de las bodas programadas», asiente Isidro. Con este panorama, quedaban dos opciones. O cerrar o reinventarse.

«Durante el confinamiento pensamos qué podíamos hacer si queríamos mantener la plantilla y la actividad. Fue así como decidimos transformarnos temporalmente en restaurante. Nos daba miedo, por la pandemia y porque requería una inversión, pero ha resultado mucho mejor de lo que esperábamos», destaca. Con su doble oferta de menús gastronómicos, uno de cinco platos por 36 euros y otro de ocho por 66 euros, ambos sin contar las bebidas, no solo han conseguido salvar los muebles esta temporada, sino que escalaron posiciones en la plataforma TripAdvisor en tiempo récord.

En dos meses se colocaron en el top cinco de los mejores restaurantes de Galicia. «Tengo que destacar el papel de Javier Vidal», destaca Caballería sobre su jefe de cocina, hijo de los dueños de un establecimiento no menos histórico en O Grove, el Hotel Villa Juanita. «Convertirnos en restaurante ha potenciado la finca, somos más atractivos y populares. Esto es importante para la gastronomía de O Grove, que lleva años superándose. Aquí tenemos referentes como Culler de Pau». Mesas de casi dos metros muy distanciadas en un comedor acristalado y abierto con vistas a las islas Cíes y Ons y medidas de seguridad como la toma de temperatura ayudaron a convencer a los comensales.

SUÁREZ Y JULIO IGLESIAS

Pero, además del entorno, «el aura, la leyenda» que aporta la historia de la Atlántida son otro de los pluses que hacen único este paraje. Para los vecinos de O Grove y Sanxenxo, la finca está vinculada a Raymundo Vázquez Lera, el gran constructor de la provincia, rey de la obra pública desde los años 40 a los 70. Así lo fue hasta que en 1980 la empresa entró en suspensión de pagos y el palacete, construido en 1965, fue subastado. Tras varias pujas, nuevo dueño en 1984 y de nuevo otro embargo en el 95, ahora pertenece a uno de los hermanos Mirón de Pontevedra.

Antes de la quiebra, Raymundo Vázquez era un empresario con muchos contactos. «Este era un sitio para venir a esconderse de la prensa y de los paparazi. Tanto Julio Iglesias como el expresidente Adolfo Suárez venían aquí muchas veces de tapadillo. Suárez hasta llegó un par de veces en helicóptero al pequeño aeródromo que había en A Lanzada. Se armó un revuelo y salió en la prensa», recuerda Caballería.

En el verano de 1980, antes de que las finanzas de la Atlántida saltaran por los aires, Suárez pasó aquí una estancia más larga de vacaciones. «Después también está la leyenda negra. Dicen que hay dos pasadizos que conectan con la playa, la casa llegó a ser desvalijada cuando estaba vacía y también se cuenta que antes el dueño era el párroco. Dicen que se fue haciendo con los terrenos por donaciones, de ahí esta excepción de finca en la Galicia del minifundio y de ahí también que al lado exista una casa rural más antigua que el palacete que se llama Casal do Crego», cuenta Isidro. Varios gobiernos locales llegaron a reclamar la finca, pegada a una antigua cantera. Alegaron que la casa no tenía licencia y que la propiedad de la totalidad de los terrenos nunca estuvo clara.

Todo esto forma parte hoy del encanto de la Atlántida, que cierra temporada. «Este sábado tenemos la última boda. Algo pequeño. Ahora vamos a pensar los dos nuevos menús para la próxima reapertura, en marzo», avanza Caballería, porque sí, lo que fue una solución de urgencia, el restaurante, junto con los eventos, son el nuevo futuro de este lugar bañado de historias.

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