Santiago Niño-Becerra: «El capitalismo va a colapsar por agotamiento»

«La crisis climática se resolverá por puro interés», afirma el economista que predijo la crisis. La inteligencia artificial no es el futuro, sino el presente, sostiene. Y en él se desploma la clase media, se queda el teletrabajo, se mantiene el alto directivo y el poder se va a concentrar en manos de las grandes corporaciones

El economista Santiago Niño-Becerra, que anticipó el crash del 2010
El economista Santiago Niño-Becerra, que anticipó el crash del 2010

En el 2050 nada será como ahora, pero el cambio ya está sucediendo, asegura Santiago Niño-Becerra, doctor en Economía y catedrático de Estructura Económica de la IQS School of Management (Universitat Ramon Llull) que anticipó el crash del 2010 y cuenta los días (los años) que le quedan al sistema actual en su nuevo libro, Capitalismo 1679-2065. A la crisis, señala, le ha salido un «cisne negro», el imprevisto de la pandemia del covid-19. La crisis se resolverá en un período de dos a cuatro años, pero el diagnóstico del economista asusta: «¿Por qué? Porque lo que viene es nuevo. Si hay que hacer un símil, estamos como hacia el 1785. Fue un momento con una crisis agraria fuerte, un parón total de la economía en toda Europa y una situación de gran incertidumbre. Como ahora».

-¿Cómo agravó y aceleró el covid la crisis que afrontamos desde hace una década?

-La pandemia lo que ha hecho es que seamos conscientes de cosas que se sabían o de herramientas que se tenían y no se utilizaban. Ha sido por necesidad. Ya tenemos una novedad que se llama teletrabajo. El teletrabajo llegó para quedarse. Ahora, lo que muestran los estudios es que hay personas que prefieren no teletrabajar, es un tema personal. Pero a la empresa media teletrabajar le sale mucho más barato que el trabajo presencial.

-¿Entonces, el enemigo del teletrabajo es más social que económico?

-Sí. Pero la realidad es impepinable: antes del virus estaba teletrabajando, en España, un poco más del 5 % de la población, hoy lo está el 26 %. Esto, claro, tiene consecuencias. El otro día fui a poner gasolina en la moto y le pregunté al de gasolinera si se había recuperado la venta. Me dijo: «¡Qué va!, estamos en un 30 % menos». Se está moviendo menos gente.

-¿Eso cambiará tras la pandemia?

-En el 2019 se movieron en el mundo unos mil millones de personas. Estoy convencido de que jamás volverán a moverse mil millones de personas. Una de las consecuencias del virus es que influye en nuestro modo de actuar. Muchas personas han aprovechado estos momentos para hacer reformas en casa. No sé qué ha pasado, que todo el mundo está cambiando las ventanas. Se busca el confort en casa, y esto va a tener unas consecuencias. Y sobre todo en un país como España, que es, o era, de salir mucho...

«Gran parte de la culpa de la crisis climática la tiene el sistema productivo, un derrochador de recursos, pero estoy seguro de la que se va a resolver» 

-Hay pronósticos más optimistas que el suyo respecto a lo que viene, con confianza en un cambio social y empresarial que paliará la crisis climática.

-La crisis climática estoy seguro de que se va a resolver. Gran parte de la culpa de la crisis climática la tiene el sistema productivo, un inmenso derrochador de recursos. El humo que sale de una chimenea sale porque el sistema productivo no aprovecha los recursos al cien por cien. La tecnología va a resolver la crisis climática. Pero tiene que haber un interés. Dos elementos poderosos se pelean cuando pueden sacar algo, pero si se llega a un equilibrio de poder, ninguno va a ganar; entonces, mejor pactar. La crisis climática se va a resolver no porque todos nos volvamos buenos de golpe, sino por puro interés.

-La clave del cambio estará en la inteligencia artificial, asegura.

-Sin duda. Cuidado, lo que nosotros estamos llamando inteligencia artificial no es auténtica inteligencia artificial. La inteligencia artificial será un sistema que irá sin que nadie lo controle, solo; él se regulará, aprenderá, llegará a la conclusión de que necesita esto y no lo otro. Será positivo, buscará el proceso idóneo, pero, claro, la persona pasará a un segundo plano. Darwin dice que en la evolución sobrevive la especie que logra adaptarse. Pero ahora sobrevive aquello que se decide que ha de sobrevivir. Blade Runner 2049 lo explica bien: el humano como tal está en retroceso. Hay una especie nueva, evolucionada, que ha tomado el protagonismo. Las personas de la generación T (las que tienen hoy menos de 12 años) dentro de 40 años ¿cómo lo verán, cómo vivirán? No habrán conocido otra cosa...

-Su tesis en este libro es que verán el fin del sistema capitalista.

-Desde luego. Pero yo no digo que vaya a haber una guerra...

«Nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Dentro de 40 años los retazos que queden del modelo de protección social serán insuficientes»

-¿Vivirán nuestros hijos peor que nosotros y nosotros peor que vivieron nuestros padres? Pongamos que me refiero a alguien de entre 40 y 50 años.

-Sí. Una persona de 40 a 50 años cuando tenga 65 vivirá peor de lo que vive hoy una persona de 65. Porque las personas que hoy tienen 65 años han podido disfrutar de un modelo de protección social sólido, incluso ahora tienen acceso a él. Los que tienen hoy 20 o 25 años en el 2060 van a estar peor que sus padres. Los retazos que queden del modelo de protección social serán entonces insuficientes.

-Advierte que el problema específico de España es la estructura del PIB, conformada a partir de un modelo productivo muy limitado, ¿y muy dependiente del turismo y el ocio?

-Piense que el 28 % del PIB en España lo genera turismo más ocio más restauración más hostelería más transporte. Son actividades que requieren todas socializar y moverse. La pregunta es: ¿qué hacemos para sustituir eso que se va?

-¿Cambiar el modelo productivo?

-Sí, pero para esto hace falta tiempo, inversión. Le recuerdo que hubo un ministro de Industria en democracia en España que dijo que la mejor política industrial es la que no existe.

«Los fondos europeos están sujetos a unos proyectos que se tendrán que presentar a Bruselas, y ver el retorno de esta inversión. Esos fondos no nos van a salvar la vida»

-Ahora la preocupación es cuándo llegarán los fondos europeos.

-Lo de los famosos 140.000 millones, de los cuales, dicen, 60.000 nos van a regalar por nuestra cara bonita y el resto van a ser préstamos, no va a ser así. Esos fondos estarán sujetos a unos proyectos (de cosas como digitalización, avance tecnológico, medio ambiente... no van a ser para arreglar un hotel) que se tendrán que presentar a Bruselas, y verse el retorno que tendrá esa inversión. Dinamarca lo va a aprovechar, pero España tiene actividades muy tradicionales. Estos fondos no nos van a salvar la vida.

-¿Veremos cada vez más desempleo?

-¿Más gente parada? Muy poca más, o incluso nada más. Veremos crecer mucho el subempleo. Un contrato por dos horas diarias durante un mes, cosas así. La tecnología a medida que se sofistique va a sustituir mucho trabajo, pero será dentro de 15 años cuando empezaremos a ver sustitución masiva de trabajo por tecnología. Y esto favorecerá el subempleo.

-¿Quiénes se beneficiarán?

-El gran capital, las grandes corporaciones, que además se están concentrando cada vez más. El sector bancario es un ejemplo. Hemos llegado al punto de que cuando una empresa decide absorber a otra el precio no importa. En el mundo sobra dinero. Lo difícil es encontrar cuota de mercado, valor añadido...

«Amazon será el dueño de una parte del mundo. El mundo es de las grandes plataformas, las que ya existen y las que se están creando»

-¿Amazon será el dueño del mundo?

-Amazon será dueño de una parte del mundo. Creo que el mundo es de las grandes plataformas, las que existen y las que se están creando, como Walmart. Y lo ligo con el tema climático: por octubre del año pasado se empezó a acusar a Amazon de que con tanta distribución estaba contaminando. Amazon dijo que compraría 100.000 furgonetas eléctricas. El mensaje: «¿Contamino? No es problema, ya lo arreglo».

-¿La libertad está realmente amenazada por las medidas anticovid?

-La libertad individual y la privacidad van a menos. El sistema, a través del Estado y los poderes públicos, ofrece mayor seguridad, pero el precio es la libertad. Hubo que ceder libertad primero por el terrorismo, ahora por la pandemia (que no la niego) y luego será por la necesidad ante la escasez de recursos.

-¿La libertad depende de la renta?

-Sí, pero hasta cierto punto. Hoy ni el más multimillonario puede ir por una autopista a 300 por hora. Hay cosas que ni con renta. El ejemplo es China.

-Un modelo con grandes defensores...

-Porque garantiza un orden.

-La nueva normalidad ya estaba aquí años antes del covid, advierte.

-Sí, llevar mascarilla no es la nueva normalidad. La nueva normalidad es la inteligencia artificial, la concentración de capital... todo esto que viene de atrás, pero la dinámica se va acelerando.

 «La esperanza de vida se va a reducir a medida que el modelo de protección social que tenemos vaya retrocediendo»

-¿Habrá mayor esperanza de vida?

-No. La esperanza de vida ha ido creciendo, gracias a la extensión de la sanidad pública universal, porque interesaba. Cuantas más personas había, más PIB se generaba. Cada vez hay una población excedente mayor, no es necesario que la gente viva mucho si no es útil. La esperanza de vida se va a reducir a medida que el modelo de protección social retroceda.

-Habla solo de dos clases en el futuro, alta y baja.

-Sí, pero es que la clase media está retrocediendo desde finales de los 80. Esto influye, claro está, en la redistribución de la renta.

-¿Qué cree que pasará en noviembre en EE.UU.?

-Va a cambiar el lenguaje, porque todo apunta a que la Administración Trump va a salir y entrar la de Biden. Pero a nivel económico van a cambiar muy pocas cosas. EE.UU. es cada vez menos competitivo, necesita defenderse del resto del mundo con proteccionismo. Esto no va a cambiar.

 «Como no haya una reconversión de la deuda, los nietos de los niños que están naciendo hoy seguirán pagando deuda»

-¿Seguirá creciendo el populismo avivado por esta crisis?

-El populismo ha emergido, porque le ha interesado a una serie de sectores, pero va a menos. El ejemplo está en Alemania.

-El sistema capitalista morirá, dice. ¿Víctima de sí mismo?

-Va a colapsar por agotamiento. Morirá, sí, como todos. ¿Por qué murió el sistema feudal? Porque dejó de ser útil. Lo mismo ocurrirá con el capitalismo, y se empieza a ver ya en la caída de la libertad individual. No es que sea trágico, es que la historia cambia. Y en este cambio muchos sectores van a ir a peor. El hombre de la calle no se morirá de hambre, pero, en resumen, alegrías pocas.

-¿Qué nos espera este invierno y en el 2021?

-Estará dominado por el virus, pero nos iremos adaptando. Sevilla ha anulado la cabalgata de Reyes, veremos cosas así en toda España y no nos rebelaremos, nos adaptaremos. Si se hacen test masivos, y un poco como en Minority Report, con el departamento del precrimen, se consigue detectar al enfermo antes de que la enfermedad se manifieste, y se van haciendo confinamientos selectivos, y se desarrollan medicamentos, se va a poder dulcificar algo la vida. Pero España va a cerrar este año en un rango de déficit entre el 9 y el 12 %. Como no haya una reconversión de la deuda, los nietos de los niños que están naciendo hoy seguirán pagando deuda.

-Señala que «probablemente la Revolución francesa del sistema capitalista puede ser la desaparición del Estado» y vendrá un modelo tipo «Un mundo feliz», de Huxley.

-Sí, un mundo en el que cada uno sabe cuál es su lugar, donde lo necesario pasa a ser lo importante. La tecnología llevará el control operativo de la vida. La sostenibilidad, justificada por la eficiencia, impregnará al cabo de un tiempo todas las acciones productivas. Yo acabo mi libro con una frase de Manuel Castells, hoy ministro de universidades, que es una frase brutal: «Lo que la gente llama futuro es el presente, lo que pasa es que lo ignora». El futuro lo tenemos aquí.

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