Inés Queijeiro: «Los que solían quedarse hasta las tantas ahora van colocados a horas muy tempranas»

El confinamiento y el cierre de los bares a la una ha empeorado muchas adicciones al alcohol. «El `no´ no funciona, y ahora beben lo mismo en menos tiempo», indica la directora médica de la Unidad de Trastornos de Alcohol y Conductas Adictivas de A Coruña


La radiografía de las adicciones que más enganchan en plena pandemia es clara. «Primero el alcohol, y después la marihuana y los fármacos tranquilizantes», resume Inés Queijeiro, la directora médica de Utaca en A Coruña. Pero las restricciones, cuando vienen de una realidad impuesta y no de uno mismo, no funcionan. Y eso es lo que impera en la sociedad de la era covid. «Hay que dar siempre las prescripciones de forma indirecta. Hay personas que vienen convencidas de que para dejarlo no pueden probar ni una gota de alcohol. A otras, si cumplen unos requisitos, les damos la posibilidad de intentar controlarlo», asegura la profesional, que afirma que la normativa anticoronavirus ha empeorado en muchos casos los trastornos adictivos.

-A las once de la noche ya se ve a gente muy borracha por la calle, como si fuesen las siete de la madrugada.

-Sí. A mí me ha sorprendido porque tuve que estar en cuarentena, aunque di negativo. Yo vivo en una zona con mucho bar, como casi todas en A Coruña. Tenía las ventanas abiertas para ventilar y empezaba a oír a los jóvenes ya colocados, llamándose de acera a acera. También observé que los que antes estaban hasta las tantas ahora van colocados a horas muy tempranas. Después de un confinamiento que llevaron más o menos bien, se vuelve a la calle con más ansiedad, con más craving, más deseo, al ocio anterior. Un ocio que, fundamentalmente y por desgracia, se centra en el alcohol.

-Pero se ve a gente de todas las edades. ¿Las restricciones solo adelantaron el consumo en el reloj?

-Sí, el «no» no funciona, y ahora hacen y beben lo mismo en menos tiempo.

-¿Y eso qué efectos tiene, el hecho de condensar la ingesta en menos tiempo?

-Se ha cambiado la pauta de bebida, que suele ser latina, de salir toda la noche y beber a poquitos. Ahora se hace como los anglosajones, beber muy rápido hasta caer sentados. La misma cantidad en menos tiempo hace mucho más daño, no da tiempo a que se vaya eliminando con los parámetros normales de eliminación hepática y renal. Se hace todo de una forma mucho más intensiva y con más daño, sobre todo también a nivel psicológico, porque la pérdida de control es también mucho más rápida.

Gente que tenía caídas o recaídas continuas, estaba bien. Acabó el confinamiento y es increíble, porque volvieron a lo mismo y más

-¿Las restricciones, con el cierre temprano de los bares, están incluso empeorando la adicción?

-Yo creo que sí, por muchos factores. Durante el confinamiento manteníamos el contacto telefónico con muchos pacientes y, curiosamente, muchos de los bebedores sociales iban de maravilla. Gente que tenía caídas o recaídas continuas, estaban bien. Acabó el confinamiento y es increíble, porque volvieron a lo mismo y más. Es como en todas las adicciones, cuesta mucho dejarlas, y si lo haces con mucha dificultad y te abren la mano, te dicen que ya lo puedes hacer, hay como una ansiedad mayor por consumir. Y aparte hay factores añadidos, porque al margen de que se beba por relaciones sociales, también se bebe por problemas emocionales. Y todos sabemos que con esta pandemia hay muchísima ansiedad, depresión y problemas adaptativos incluso en gente ya muy joven.

-¿Cuando la decisión no viene de lo que uno quiere, sino de una prohibición o imposición externa, como la del cierre de los bares, el fracaso está asegurado?

-Lo has definido muy bien, sí. La mente no entiende el no. Nosotros en consulta decimos no bebas, no fumes, pero de una forma velada. El no genera más ansiedad, el cerebro no lo entiende. Tienes que dar siempre las prescripciones de forma indirecta. Todas las restricciones se llevan muy mal y generan ansiedad, y a su vez todo lo que genera ansiedad va a aumentar el fracaso, aunque quieras.

-¿Hay que rebajar la ansiedad que generan las expectativas muy altas?

-Sí, pero para rebajar la ansiedad hay que abrir alternativas. Igual que hay centros cívicos para mayores, llevamos años diciendo que debería haber alternativas de ocio y lugares en los que los jóvenes estén, entre comillas, controlados, con personal de vigilancia. Un ocio que puede ser de deporte por ejemplo, porque hay que fomentar otros ocios. Y gratuito, porque no es lo mismo tener un nivel económico medio-alto que bajo. Si lo tienes muy bajo ni vas a jugar al pádel ni a un gimnasio que te cobre no sé cuánto, o a hacer viajes culturales o ir a un museo.

-¿Desde qué punto mental tiene uno que afrontar el momento de dejarlo?

-Se trata de motivar. A veces quieren dejarlo, pero que sea gratis y sin esforzarse. Por eso hay que trabajar mucho la motivación, haciendo que busquen respuestas. ¿Cómo te quieres imaginar dentro de un tiempo? ¿Cómo podrías mejorar? De una forma indirecta, hacer que piensen. ¿Qué ventajas y desventajas tiene beber? ¿Y estar sin beber? ¿Y qué pesa más? Primero hay que trabajar eso. Y la situación ideal puede ser cualquiera, a no ser que estén cerrados en banda. Como mínimo van a mejorar las relaciones sociales, familiares, la salud psicológica, la física... Hay que hacer que la persona piense para que quiera, no para que tenga que hacerlo. Eso no funciona, actúa en contra.

-¿A qué se está enganchando más la gente ahora en Galicia?

-A lo que más se enganchan sigue siendo al alcohol. Y a la marihuana también, por encima de otras drogas. Sigue habiendo coca y demás, y benzodiazepinas, los tranquilizantes. Depende del perfil de la persona, pero de forma general se busca la relajación, eliminar la ansiedad. Claro, el alcohol es una sustancia depresógena, el hachís y la marihuana también, las benzodiazepinas, los tranquilizantes que te dan para las adicciones, no hay quien se las saque a veces, o toman de más. Las personas dicen que quieren desconectar.

-Y eso se agrava con la pandemia.

-Sí. Antes podían tener problemas como podemos tener cualquiera, pero esta situación es como una losa encima que te genera un estrés que intentas eliminar de la forma más rápida. La psicoterapia es genial, pero lo que es inmediato son los fármacos, el alcohol y las sustancias que relajen. Que relajen en un primer momento, que después va a haber ansiedad de rebote, pero el cerebro se agarra al primer resultado.

Para las adicciones, creo que cuando no se prohíbe tanto es mejor

-Una vez que haya vía libre para salir de noche, ¿crees que habrá un nuevo repunte de adicciones?

-Creo que las adicciones siempre van a estar ahí, pero no creo que después, cuando haya menos estrés social y la pandemia esté controlada o no haya prohibiciones, haya repunte. No sé ya en la patología dual, que llamamos así cuando tienen un problema de alcohol que puede incluso estar controlado, y tienen ansiedad o depresión. Es como cuando nos muere alguien, el duelo lo hacemos después. Habrá de todo, hay personas que ya lo estén haciendo y lo estén pasando fatal, pero otras están fuertes pensando en que hay que mirar para adelante, cuidarse, seguir las normas y hacer lo que hay que hacer, aunque después caen en picado. Para las adicciones, creo que cuando no se prohíbe tanto es mejor.

-¿El perfil de la persona con adicción?

-Están ganando los jóvenes, ¿sabes? En los mayores quizás el miedo a contraer el covid, las personas vulnerables a partir de una edad o con otras patologías y que venían por alcohol, también se están cuidando algo más. En cambio, están viniendo muchas personas jóvenes a las que se les está disparando el problema. Y en cuanto a géneros, se están igualando. Siguen ganando los hombres, pero la velocidad a la que se están acercando es alta. No te puedo decir, pero si en algún momento era un 20 % mujeres y un 80 % hombres, ahora ya podemos estar en un 40 % y un 60 % o un 45 % y un 55 %.

Por encima de tres cervezas en hombres y dos en mujeres todos los días habría un abuso. Si el hábito es discontinuo y no diario, serían 21 unidades en el hombre o 14 en la mujer a la semana

-Mencionaste a los bebedores sociales. ¿Cuál es la línea que marca el inicio de un problema?

-Hay varios diagnósticos en cuanto a los trastornos del alcohol. Cuando te trae problemas, sin hablar de cantidades ya, sino cuando te trae discusiones, controles de alcoholemia repetidas veces, disminución del rendimiento, problemas físicos, conductas inadecuadas como quedarse dormido en la calle... Ahí hay un problema y está clarísimo. Si ya nos atenemos a las cantidades, sabemos que una unidad son diez gramos de alcohol. Por ejemplo, por encima de tres cervezas o tres vinos en hombres todos los días habría un abuso. Y en mujeres, dos unidades. Si el hábito es discontinuo y no diario, serían 21 unidades en el hombre o 14 en la mujer a la semana. Por encima de esas cantidades se sabe que la toxicidad del alcohol podría generar un daño físico. Pero hay otros daños que no son físicos y que pueden afectar al área social y psicológica.

-El no explícito no funciona, pero quienes deciden dejar el alcohol aseguran que no pueden volver a probarlo. ¿No es un poco contradictorio?

-Bueno, hay personas que vienen convencidas de eso. Otras, quizás porque no han tenido un intento anterior y no saben lo que es una recaída, y aún teniéndola, siguen con la esperanza de beber y controlar. Si no hay un motivo médico, como por ejemplo una cirrosis, ni un trastorno mental que al beber empeore mucho o haya que ingresarlos, también les dices: «Lo ideal es no beber». Pero no somos de la liga antialcohólica. Si ya has bebido moderadamente y no has tenido problemas, no pasa nada. Ahora, si tuviste problemas, puedes probar a beber de forma controlada. Hay una opción terapéutica con un fármaco que reduce el refuerzo positivo que te da el beber, con lo cual tú bebes y no te va tirando por más. Es un estímulo neutro, sin ese beneficio de las drogas del primer momento. Ese comprimido te lo corta. Si quieres probar así, bueno. Ahora, cuando al año se retire el medicamento, a ver qué pasa. Hay gente que sí, que dura, y es tiempo ganado. A veces el objetivo no tiene que ser el perfecto, que sería que no beban nada. Y otras veces ellos mismos van cambiando de idea.

-¿Alguna novedad, una adicción que haya aumentado?

-El juego online, y en gente muy joven. Estaban confinados en casa, las familias pensando que estaban en su habitación estudiando y en realidad estaban enganchados a ello.

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