Nerea Barros: «Estuve trabajando de enfermera sin que supieran que era yo»

Dice que el papel de María en «La isla de las mentiras», que se estrenó ayer en los cines gallegos, le ha marcado más que el de Rocío, por el que se llevó el Goya. Le da pena que la peli no debute a lo grande, pero entiende perfectamente el momento que estamos pasando. Ella lo vivió en primera línea y nos lo cuenta


En cuanto descubrió el personaje de María hizo todo lo posible por meterse en él, incluso le pidió por favor a la directora que se lo dejase levantar. Y lo logró. Nerea Barros (Santiago, 1981) ha conseguido con María lo que ya hizo con Rocío en La isla mínima: un papelón. Retrata a una mujer gallega del siglo XX, valiente, dura, que arriesga su vida por los demás, y de la que asegura que son polos opuestos, de una forma brillante. Normal que confiese que este papel le ha marcado como actriz.

-No podía ser más gallega la peli...

-Sí, supergallega. A mí la verdad es que me encanta que a la gente le guste, porque está teniendo unas críticas muy buenas, se ve Galicia de una forma bellísima, que ya hacía falta, mostrar nuestra tierra, lo bonita que es, nuestras abuelas, el gen de esta mujer fuerte, valiente y dura, que trabaja sin descanso, que es lo que recordamos de nuestras abuelas y bisabuelas. Me parece precioso.

-Que sea tan gallega ¿hace más fácil o más difícil meterse en el personaje?

-Es maravilloso. María para mí fue un regalo de Paula (Cons), que le agradeceré siempre. En cuanto leí el guion me tiré a la piscina, le dije a Paula que por favor la levantásemos, la pusiésemos de pie en mí para ver si la veía, yo quería hacer ese personaje, porque me encanta, pero a la vez no tenía nada que ver conmigo. Es muy complejo, somos dos polos opuestos físicamente, cómo nos movemos, cómo encaramos las cosas... Nada tiene que ver conmigo. De hecho, Paula no paraba de decirme: «Nerea, tú eres un gato, y esta mujer es un toro bravo. Es bruta, no tiene sensibilidad a la hora de tocar». Tienes que cambiar todo, desde tu forma de mirar a cómo agarras las cosas, cómo caminas.

-A mí me costó reconocerte.

-¡Qué bueno! Ese es el mejor piropo que me podías decir.

-Leí que te había costado el acento.

-El acento a cualquier persona gallega le costaría, es un acento determinado, no es hacer el que tú quieras. Hay que trabajarlo con una lingüista, en este caso Rosa Estévez, que también trabajó el acento en Fariña. Para mí trabajar con ella fue una revelación. Desde lo que yo sé de gallego, que me encanta y que amo, que es mi lengua materna y lo que llevo en la sangre, pues cuando tú quieres hablar un castellano con ese acento, es muy interesante cómo ella te enseña, cómo yo o cualquiera de nosotros siendo gallegos, tendemos a exagerar. Necesitaba conseguir un acento gallego puro, bien trabajado, y que a la vez el castellano se pudiera entender en todo el mundo para hacerla más universal.

-Con lo de cerca que te pillaba la historia, ¿tú la conocías?

-No, es lo increíble. Yo llevo veraneando toda mi vida entre A Pobra do Caramiñal y Castiñeiras. La isla de Sálvora para mí era un referente, siempre me iba al faro de Castiñeiras por detrás, a las rocas y me sentaba durante horas a leer o a observar el mar y la isla de Sálvora. Para mí, Sálvora era como algo muy íntimo, es una isla que quiero mucho, pero no tenía ni idea de esta historia, ni tampoco me la habían comentado, porque yo tengo muchos amigos que ya son familia en Castiñeiras y nunca me habían comentado nada.

-Ojo con los prejuicios. Pensamos mal de cualquiera.

-Pero eso es muy interesante que lo retrate la película, incluso para nosotros, yo porque he vivido mucho en esa zona, cuando Paula me hablaba de cómo se comportaban esas mujeres, no lo veía extraño. Yo he vivido en esa zona, me he criado con personas que miraban desde ese lugar, porque es la forma de ser de muchas personas de la costa, sobre todo que ya son mayores, que parece que son extrañas para alguien que no ha vivido ahí, pero lo único que encierra es una timidez, una desconfianza, pero también son personas que, una vez que rompen esa carcasa, son todo amor, ternura y generosidad.

-¿A ti te han jugado malas pasadas las primeras impresiones?

-Sí, me ha pasado lógicamente de tener primeras impresiones y luego decir: «Era impresión», pero normalmente intento seguir un instinto que tiene que ver con algo energético o instintivo que te da una persona. Hay personas que están a tu lado y dices: «No estoy cómodo», y otras con las que sí lo estás en el segundo cero. Son instintos que debemos seguir, pero sí que es cierto que, a pesar de eso, te dejas llevar por la cabeza.

-María es impulsiva, valiente... Dices que no tiene nada que ver contigo. Nerea le da más vueltas a las cosas.

-Sí claro, al lado de María, cualquiera le da más vueltas a las cosas. Tiene muchas características que ya me gustaría reconocer en mí.

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