Álex Rovira: «El entusiasmo se contagia, la mala leche también»

Un 20% de las personas cambiarán con esta crisis, sostiene Álex Rovira, que nos invita a aplicar la ley de Pareto a casi todo en la vida. «La salud emocional es muy contagiosa», asegura, y señala que nuestra mayor virtud puede ser también nuestro peor defecto

El experto en inteligencia emocional y liderazgo empresarial Álex Rovira
El experto en inteligencia emocional y liderazgo empresarial Álex Rovira

La regla del 80/20 es su favorita y podría aplicarse a casi todo en la vida, apunta el escritor, economista y conferenciante experto en autoconocimiento Álex Rovira, que acaba de publicar con Fernando Trías de Bes Las siete llaves. La ley de Pareto, que invita a aplicar en lo grande y lo pequeño, se basa en que el 80 % de las consecuencias provienen del 20 % de las causas. El 20 % de tus relaciones personales son de valor (el 80 % superfluas), el 20 % de los clientes te aportan el 80 % del beneficio, podrías quedarte con el 20 % de la ropa que te pones el 80 % de las veces... «y solo un 20 % de las personas van a cambiar con esta crisis», añade el maestro de la motivación. «Un 20 % de la población tiene la voluntad de cambiar, de crecer, de transformar la realidad, y un 80 % va a remolque. Un 20 % se elevan con la crisis, un 80 % se mantienen o se hunden. Pero ese 20 % generan un impacto en el cien por cien», no duda Rovira, autor de La buena vida.

-¿Cómo podemos afrontar esta pandemia de incertidumbre?

-La incertidumbre es el nombre que utiliza la sorpresa cuando quiere asustarnos. La incertidumbre es la realidad. El ser humano ha ido conquistando parcelas de seguridad, que no deja de ser falsa seguridad. Vivimos siempre sin saber qué va a pasar. Hay dos maneras de vivir, desde la certidumbre inconsciente o desde la incertidumbre consciente, que es donde está la madurez.

-¿Qué cambios deberíamos hacer ya?

-En primer lugar, el de la ecología. El covid es la emergencia que tenemos hoy, pero la siguiente será el cambio climático. Deberíamos enfrentarnos a una lógica de sobriedad en todo. Al final, la psicología crea la economía. Tan peligroso es el comunismo radical como el neoliberalismo rampante. Pero todo está inventado. Hay países que tienen una gobernanza ecológica, política, de emprendimiento, ética en general, que permiten que la sociedad avance y haya una calidad de vida para todos. Podemos mirar, por ejemplo, al norte de Europa. Hay mucho que aprender.

-¿Cambiarán nuestras relaciones?

-Dependerá… En este sentido creo mucho en la ley de Pareto; en mi observación profesional se cumple sistemáticamente. Un 20 % van a cambiar con esta crisis. Hay unas cuantas personas que están dando un cambio tremendo. Que va a haber cambios en los modos de trabajar lo estamos viendo, ¿no? Con la transformación a la que llevan las crisis habrá personas que se humanicen, y otras que por el dolor puedan caer en la rabia o la frustración.

-Describes ocho perfiles de la personalidad, con dos caras cada uno; una patológica y otra sana. ¿Encajamos todos en uno de esos ocho perfiles?

-Sí, en varios. Precisamente, la combinación de estos perfiles da lugar a la estructura de la personalidad.

-¿Lo de la cara sana y la patológica quiere decir que nuestra mayor virtud puede ser nuestro peor defecto?

-Sí. Por ejemplo, la persona que es muy empática, que es todo corazón, puede ser en situaciones de estrés dependiente, histérica. O un metódico puede ser tan pulcro que acabe por ser Jack Nicholson en Mejor imposible.

-¿Hay solución natural para la ansiedad?

-Aceptar lo que es. Resumo: hay personas que se pasan la vida preocupándose por algo que no llegó a pasar. Esto no quiere decir que no haya que planificar, pero si esto se convierte en una angustia constante incapacita a la persona. ¿Receta para la ansiedad? Venir al presente, porque a veces la ansiedad nace de una anticipación desmedida. No hay que preocuparse, sino ocuparse. Si te ocupas, te sientes capaz.

-¿Polos opuestos se atraen?

-Los polos opuestos se resultan atractivos, pero la relación suele fracasar porque lo de la media naranja es una falacia. Una relación se sostiene cuando los dos son completos, cuando no necesitas muletilla. En la segunda pareja las personas tienden a buscar a alguien mucho más afín en hábitos, valores, comportamiento afectivo-sexual, en confort relacional, en guion de vida.

-¿Podemos aprender a querer?

-¡Por supuesto! Se aprende a todo. También a amar. El amor no es ciego, solo es ciego cuando es deseo...

-¿Cómo engulle la energía y la buena predisposición la carencia económica?

-Engulle la energía porque la persona vive en una situación en la que su cerebro límbico y reptiliano están amigdalados, debido a un fuerte estrés. La respuesta es adaptativa, de mera supervivencia.

-¿En qué falla hoy la educación?

-Venimos ejerciendo un método de educación basado en el sistema prusiano de más de tres siglos atrás, hecho para educar básicamente a varones, trabajadores de fábrica, valientes, que repiten tareas a bajo coste, soldados obedientes. Ese sistema sigue en asignaturas compartimentadas, con campanita de inicio y cierre de sesión, con un memorizar para expulsar, y poca aplicación práctica. El cambio será lento, porque la mayor parte de los que gobiernan no están en la punta de lanza del conocimiento.

-Adviertes que hay gente muy formada, pero muy mal educada...

-La realización depende de dos variables, la educación y la formación. Si no se complementan, puedes tener personas bien formadas pero mal educadas, como puede ser Donald Trump. Por el contario, puede haber gente muy bien educada, como la generación a la que golpeó la guerra civil, pero que no ha tenido acceso al privilegio de una formación, como mis padres.

-¿Qué dicen de nosotros nuestras palabras, las que solemos decir?

-Todo. Y somos también las palabras no dichas. No podemos no comunicar. Como decía Raimundo Lulio, la palabra es el arma más poderosa.

-La salud es contagiosa, adviertes.

-... Es contagiosa sobre todo la salud emocional. El entusiasmo se contagia, la mala leche y el cinismo también.

-¿Qué define a buen líder? 

-Liderar es, o debería ser, servir. Un buen líder no va delante, va detrás, pendiente de que su clan avance y esté bien. Es un liderazgo que no abunda en el mundo laboral.

-¿Cuál es el problema de fondo?

-El problema no es solo el covid, el problema no es la economía, es la cultura. Porque la cultura es la que impulsa o hunde una estrategia, la que impulsa o hunde el clima laboral y humano. La cultura es lo que la gente hace cuando nadie les ve. Eso es la cultura... y la incultura.

-Hay un matiz decisivo en esa cita de Virgilio que sueles mencionar: «Pueden porque creen que pueden». No saben que pueden, creen que pueden...

-Sí. Pongo un ejemplo: todo el mundo sabe que se tiene que morir, pero poca gente se lo cree. Saberlo no transforma, creerlo sí. La vanidad ciega, la humildad revela. El que es prepotente manifiesta en el fondo una profunda inseguridad, es en realidad un miedo a ser rechazado, a perder. Y la paradoja es que el miedo a perder nos hace perder. Virgilio tiene razón. No vivimos a la altura de nuestras capacidades, sino a la altura de nuestras creencias.

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