Tres mil mujeres


Compiten en el quiosco los titulares de los dos grandes machos ibéricos españoles. De Julio Iglesias constatan las 3.000 mujeres que, según confesión propia, se ha cepillado o neno da Peroxa en sus 71 años de vida, algunos de los cuales al parecer transcurrieron con un movimiento de entradas y salidas al catre similar al del metro de London Waterloo en la era pre-covid. El otro es Bertín Osborne, versión jerezana y mayoral del primero, que presume de haberse acostado «con más de mil mujeres sin sufrir un solo gatillazo», una proeza que comparamos a la de la vacuna definitiva y segura contra el covid pero sin una sola marcha atrás.

Bertín y Julio mantienen viva la llama de aquel hombre tan siglo XX cuyo prestigio dependía de su hiperactividad priápica. Si nos fiamos de sus cuentas, entre los dos se habrían despachado al equivalente al censo completo de Mondoñedo, lo cual tiene un mérito innegable sobre todo por el agotamiento que tal gestión produciría en un vulgar mortal. La gesta, digámoslo, sería tarea impensable para las señoras de la época a las que habrían endilgado varios adjetivos y un puñado de confinamientos sociales sucesivos si se les hubiese ocurrido presumir de una actividad de hechuras y resultados semejantes. Las mujeres del césar además de ser limpitas debían parecerlo; los héroes masculinos estaban cincelados de ardor genital y en la desescalada de sus vidas muchos les hacen el balance conservando la admiración que tantos abdominales orgásmicos provocaban cuando entonces. Eran estos hombres tipo Julio aventureros encantadores que no hacían daño a nadie, latin lovers que encarnaban un sueño de género, un estereotipo varonil de Floyd y cadena de oro que, visto con las décadas, cheiraba a desajuste psicoanalítico, como si no hubiesen superado algunas de las fases, puede que la anal. El subconsciente es muy puñetero y a una se le ocurre que en las nieblas de la vejez a un machote capaz de yacer con tres mil hembras se le pueden aparecer las tres mil juntas para transformar lo que fue un sueño en pesadilla y obligarlo a vagar por el purgatorio del placer repitiendo la lista de sus nombres y las medidas exactas de sus cinturas. Sería interesante. Y lo sabes.

Por Fernanda Tabarés Directora de Voz Audiovisual

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