¿Hacen en Verín la mejor tarta de queso?


El propietario del negocio asegura que «se venden como rosquillas. Ata para levar para a casa». Antonio Álvarez está al frente del restaurante Brasil de Verín. Sus suegros, Francisco y Hortensia, emigraron a la zona de Curitiba y un verano de hace 51 años regresaron a tierras ourensanas, donde abrieron un bar que poco a poco se convirtió en hostal y restaurante. Lo de llamarle Brasil estaba cantado. La mujer de Antonio, Manuela Prado, es la cocinera y encargada de elaborar la mejor tarta de queso que probé en los últimos años, y no fueron pocas. En el Brasil también trabaja José Manuel, hermano de Manuela, y ya andan por ahí Víctor y Antonio, que forman parte de la tercera generación. El fin de semana pasado el diseñador Roberto Verino y su mujer me invitaron a comer a su casa-bodega-viñedo-paraíso coincidiendo con los últimos días de la vendimia. Éramos seis personas y el almuerzo lo sirvieron los del citado restaurante. «Aprendín moito con Roberto. Teño moito que agradecerlle. Escoitando apréndese máis que falando», sentencia el hostelero.

CIGALAS DEL TÁMEGA

Antes de la aclamada tarta tomamos empanada y unas cigalas que Verino comentó en tono de broma que eran del Támega. Me vino a la cabeza el Padrenda, un mesón que había en el barrio de Casablanca de Vigo, donde servían percebes de Ourense, que no eran otra cosa que unas deliciosas patatas fritas en sartén. Por no hablar del maravilloso marisco de cortello, que aparecerá en cuanto llegue el frío. Estas cigalas eran de verdad, aunque nunca hayan nadado en un río. «Ahora vamos a tomar una de las grandes especialidades de la zona», anunció el diseñador. Y, efectivamente, el cabrito estaba espectacular. «Es el plato que más salida tiene junto con el salpicón de marisco», apunta Antonio, que es capaz de ofrecer en el interior lo mejor de su zona y de la costa gallega. Y llegó el postre. A pesar de que ya no tenía mucha hambre no dejé ni una migaja de la generosa ración. «É moi sencilla. Faise coma se fose un flan. Utilizamos queso Philadelphia, cuajada, nata, leite e azúcar. Ponse a ferver e hai que estar continuamente dándolle voltas. Non vai ó forno», aclara. Una tarta, una comida, una compañía y unos vinos de Gargalo de los que no se olvidan. Por cierto, me presentaron a la jovencísima presidenta de la D. O. Monterrei, Lara da Silva, de 30 años.

EL ORIGEN DEL LICOR CAFÉ

De la tarta de queso no sé si se presume en Verín, pero sí del licor café. En el museo ubicado en el claustro de los Mercedarios (la guía me contó que tan solo quedan cuatro religiosos de la orden) afirman que Monterrei «é o berce do licor café». En la exposición dedicada a este producto incluyen tres recetas, una de 1893, otra de 1940 de la verinesa Elena da Tahona, y una tercera de Álvaro Cunqueiro. Una pena que no incluyan una cata con la visita. Por la noche tomé algo en la surtida vinoteca Gandainas, donde apuestan por los productos de calidad. Me presentaron al propietario de O retiro do conde, una casa rural que amplía las posibilidades turísticas de la zona. Una técnica de turismo me enseñó los secretos del parador de Monterrei, inaugurado como tal en el 2015. El palacio de los Condes, la casa rectoral, la atalaya, la iglesia del siglo XIII... Y todo con unas vistas espectaculares sobre un valle interminable solo estropeado por el humo de unos incendios que a lo lejos emborronaban el paisaje idílico. Y la cosa no había hecho más que empezar. Una pena. A pesar del calor me fui a caminar para limpiar mi conciencia tras devorar la tarta de queso. Merece mucho la pena la visita a Verín.

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