Daniel Grao, el protagonista de «Hit»: «Estaba perdido en la adolescencia y un profesor me recordó el camino»

Pasa de maestro a aprendiz. Viaja a su niñez y se sube al mostrador de las tiendas de su barrio donde realiza sus primeros pinitos en la interpretación. También habla de la nueva serie de TVE y de lo que sintió cuando Almodóvar le dijo que sí


Daniel Grao (Sabadell, 1976) estrena este lunes Hit, la serie de Televisión Española que tiene el éxito asegurado tras recibir el aplauso del público y de la prensa en los festivales de Málaga y Victoria. Ese profesor nada convencional que te acabará enganchando por su frescura pero también por su valentía y, sobre todo, por saber mirar a los problemas de frente. Nos perdemos en la verde e intensa mirada de Grao porque el maestro también ha sido aprendiz y hacemos un viaje a su niñez. Desde esa mirilla al pasado, vemos al rubio, como le llamaban en su barrio, con ocho años, subido al mostrador de las tiendas de su vecindario: «Imitaba a los políticos de la época. En esa época tenía mucho desparpajo». Ya tenía algo más que tablas.

—¿Quién es Hit?

—Es un tipo provocador, sin pelos en la lengua, políticamente incorrecto, que sabe mucho de educación y es casi una especie de terapeuta por momentos, pero que tiene sus propios miedos. Eso le ha hecho estar alejado de las aulas y de la primera línea de fuego educacional. La directora de un centro con graves problemas le dice que si tanto funcionan sus métodos, que los aplique allí. Y eso va a dar inicio a un viaje... El personaje, que es un poco el House de la educación, es un tipo con métodos muy particulares y que no siempre cae bien. Tiene cierta soberbia, pero luego cuando inicia ya el viaje con los chicos, él va a ir también poniendo en práctica en su persona su propio método y entonces van a ir haciendo juntos un viaje muy interesante.

—Se tratan muchos temas de actualidad...

—Sí, desde los abusos sexuales en las familias, la violencia en los jóvenes, el consumo de drogas o el tráfico, consumo de porno, adicciones a móviles, autolesiones... son temas muy peliagudos y muy serios. Yo creo que están muy bien tratados, con mucha verdad y con mucho atrevimiento por parte de TVE de abrir estos melones a veces incómodos, pero abrirlos honestamente, con todo lo que esto suscita. Y es lo que propone la serie, no da soluciones mágicas a nada, pero sí da la opción de hablar de lo que pasa.

—También se critica el sistema educativo actual... llama la atención que sea precisamente en Televisión Española quien lo ponga sobre la mesa.

—Sí, porque cuando me vendieron el proyecto y me contaron de qué iba y yo también pensé: ‘Bueno, cuando me lea los guiones a ver si realmente hablan de todo eso que dicen que van a hablar’, y mi sorpresa ha sido que eso y mucho más. Incluso cuando les iba llegando todo el material a Televisión Española, que ya en el guion son radicales, pero que a veces nos hemos puesto más punkis, pensábamos que igual algo echaban para atrás o decían que en algún tema nos habíamos pasado o lo que sea, y no, al contrario, alentaban a que si hablábamos de algo, lo hiciéramos con total sinceridad y que no hubiese tabú, ni freno. Hay temas que son como muy fuertes y Televisión Española ha estado muy valiente ahí.

—¿Has tenido algún Hit en tu vida?

—Me viene a la cabeza un profesor que sí tenía algo de Hit en el sentido de que era muy gamberro y no era el típico profesor. Daba literatura, pero luego tenía algo de canalla. De pronto decía tacos y había alumnos que no lo soportaban. Era un poco como Hit. En cambio a otros nos enamoraba su cercanía. Tenía un grupo de teatro y a raíz de una clase que analizábamos poemas, yo propuse la Nana del caballo grande de Lorca cantada por Camarón. Y me dijo: ‘¿Camarón, Lorca? ¿Pero de dónde sales tú?’ Y me invitó a participar en el grupo de teatro y fui. Ese fue un poco el primer contacto que tuve con la interpretación. Luego, más tarde, cuando uno está así como perdido, sin saber hacia dónde ir, me acordé de ese taller y de ese grupo y me dije: ‘Es eso con que lo que más he disfrutado’. Entonces busqué una escuela de interpretación y ahí fue el inicio.

—¿Y qué ha sido de este profesor?

—Ahora está retirado, pero seguimos siendo amigos, me viene a ver al teatro siempre, sigue mis trabajos... A veces pasa mucho tiempo que no nos comunicamos y, de repente, nos mensajeamos y nos hablamos.

—¿Te acuerdas cómo eras con 16 o 17 años?

—Era un poco friki. De niño, sin embargo, era muy extrovertido. Recuerdo con ocho o nueve años, que me llamaban El rubio en mi barrio de Sabadell. Iba por las tiendas con mi madre y me subían a los mostradores para que hiciera mis numeritos. Igual ya estaba ahí la semilla. Imitaba a políticos de la época, a Felipe González, a Guerra... Con mucho desparpajo, muy echado para adelante. Sin embargo luego, en la adolescencia, me vino la timidez, también es verdad que en mi casa había una serie de problemáticas que no ayudaban. Tuve un acné horrible y eso me acomplejaba mucho. Era el típico niño hacia dentro, muy tímido y peor estudiante. En EGB era brillante y además caía bien, tenía esa combinación difícil de no ser el empollón y defendía todas las causas aunque no fueran conmigo. En la adolescencia tuve esta cosa de perderme un poco, pero se me cruzó ese profesor y al final me recordó cuál era mi camino.

—En esta serie has estado rodeado de adolescentes, ¿te han pesado los años?

—Jajajjajaja. Nos pasa a todos, que nos creemos que no hay tanta diferencia. Y de pronto, me acuerdo un día que estaban todos sentados en el suelo y los vi así como si estuvieran de público y gasté una broma. Dije: ‘Y ahora Daniel Grao será Prince’... como si fuera Lluvia de Estrellas o algo así y de pronto vi en sus caras que no sabían quién era Prince. Y ahí me di cuenta que formaba parte de otra generación. Pero estar con ellos ha sido muy bonito. Te contagiaban mucho ese entusiasmo, esa inocencia, y los que no tenían experiencia me hacían muchas preguntas. Y luego son muy maduros en otras cuestiones, que yo recordaba mi adolescencia, mucho más naíf. No me enteraba de la misa la mitad. Ellos, que tienen las edades reales de los chavales que interpretan, son muy maduros en muchos temas. Vi gente con la mente muy abierta, con muchos menos tabúes de los que había en mi época y con la cabeza muy bien amueblada.

—También has sido chico Almodóvar en Julieta, ¿cómo ha sido la experiencia?

—Lo recuerdo con muchísimo cariño. Almodóvar es una especie de hito para casi cualquier actor, pero, en mi caso en concreto, más porque siempre he sido muy seguidor de sus películas. Yo enfrenté el rodaje con Pedro Almodóvar como una masterclass. Es un rodaje al que no puedes llevar las cosas muy atadas, sino dejarte dirigir. En ese sentido es muy juguetón porque te puede proponer un abanico muy amplio y muy diferente para tener muchas posibilidades y luego elegir la que más le convenga. Yo lo recuerdo con mucho cariño, la verdad.

—¿Y cómo es ese momento en el que te dice que sí, que te quiere como actor?

—Un subidón. Recuerdo que la primera prueba fue con las directoras de cásting. Luego me dijeron: ‘Vale te quiere ver en El Deseo’. Y en la entrada de la productora, pues imagínate, ahí ya estaba más nervioso. Y nada fuimos a su despacho e hicimos una especie de lectura y luego ya me dijo: ‘bueno pues ya sabrás algo de mí’. Yo estaba haciendo La piedra oscura en teatro y me pareció buena idea invitarle a que viniera a ver la obra y vino. Y a la semana siguiente tuve otra prueba en su despacho con él. A las dos semanas, estaba rodando Sin identidad y en mitad del rodaje, en una pausa, me sonó el móvil y me dijeron: ‘Eres tú’. Y pegué un grito de alegría. Pero claro lo primero que me dijeron fue que no dijera nada porque hasta que ellos lo hicieran oficial no se podía saber y entonces era como: ‘No que me ha salido una cosa, pero no puedo decirlo’. Mordiéndome la lengua. Pero fue un alegrón.

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