Ellos abrieron y triunfaron en pandemia

Arrancar en pleno Covid no es una aventura fácil. Estos negocios han crecido haciendo frente a la pandemia. Hay futuro. De una empresa de motos eléctricas en A Coruña a un «chill out» en Ponteceso. Arriesgaron y les sonrió el éxito


La idea del negocio la tenían meses antes de que comenzase la pandemia del covid-19, pero se pusieron en marcha justo en la semana del marzo más atípico que nos cayó encima. Las circunstancias llevaron a Alberto Rosende y Javier Sampedro a arrancar motores cuando tuvimos que parar todos. «Nos pilló todo a contrapié. El proyecto viene de un poco más atrás, porque habíamos observado una serie de carencias en movilidad y de aparcamiento por el núcleo urbano de A Coruña. Queríamos aportar soluciones que veíamos que teníamos en nuestra mano», explica Alberto sobre cómo se gestó Moter, que ofrece la novedad de moverse en moto eléctrica por las calles de la ciudad. Al patinete y las bicis les sale sana competencia, deberán acostumbrarse a convivir con esta nueva pandilla motorizada. La idea era, sobre todo, dar la alternativa eco al bus o al coche para las distancias cortas. La sostenibilidad es uno de los principios de esta recién nacida empresa.

Primera semana y parón

«Empezamos a desarrollar la idea y el sistema para ponernos en marcha, y por el camino nos pilló el covid», cuentan. Fue a principios de marzo cuando salieron a estrenar el servicio de alquiler de motos a la Calle Real y, cuando llevaban rodando solo una semana, se ordenó el confinamiento. Ahí, Alberto y Javier se pararon a plantearse si esperaban o continuaban adelante. «Y decidimos intentar aguantar los primeros días», dice Alberto. Fueron momentos de estar a la expectativa, de «ver cómo iban a estar los servicios en España, por dónde iban a ir los tiros». Ellos seguían, día a día, la información del Gobierno y el Ministerio de Transportes. Inicialmente, la normativa no les impidió moverse. «Lo que solicitaban era que se cumpliese con un control diario de los vehículos, y nosotros lo estuvimos llevando a cabo las dos o tres primeras semanas hasta que empezó el confinamiento estricto», explica Alberto. Entonces, pararon el servicio, para curarse en salud y evitar los riesgos que pudiesen derivar de la movilidad. El teletrabajo, desde la web moter.es, les permitió seguir adelante, «resolviendo sobre todo preguntas y dudas comerciales». Durante el confinamiento, el interés de la gente no echó el freno. Les seguían llamando o escribiendo para interesarse por el servicio. Y así pudieron seguir dándole forma a su modelo de trabajo.

¿Había ya antes del covid una demanda de desplazarse en distancias cortas de forma rápida y fácil? «Sí. Y en el pequeño período en que nos pusimos en marcha pudimos ver que la acogida era bastante buena. El feedback fue muy positivo», valora Alberto.

Tenían sus puntos a favor para ganarle al peor momento de la pandemia: evitan el riesgo de los espacios cerrados, también la aglomeración y el contacto con otras personas en el desplazamiento, y las paradas de autobús. Moter podía salir adelante y encajar, con un soplo de suerte, en las necesidades del momento.

Alberto y Javier estudiaron los protocolos para cumplir con el nivel de seguridad que exigía el ministerio y ofrecieron desde el principio geles hidroalcohólicos para permitir la desinfección de su flota. Hicieron hincapié en la limpieza de los cascos de las 25 motos que tienen hoy en la calle, un número que se va moviendo ligeramente y que en breve sumará hasta llegar a 30.

No tienen respaldo financiero de nadie, de ninguna otra empresa. Solo ellos mano a mano. Recomiendan que se utilicen los aparcamientos de moto, y para alquilar una solo hay que descargarse la aplicación: «Queremos que la gestión sea lo más rápida y fácil posible, evitando las pegas del alquiler convencional; hay que efectuar un registro que puede llevarte solo dos o tres minutos, y la única diferencia es asociar el carné de identidad y el de conducir, y listo».

El alquiler es por minuto, pero sujeto a flexibilidad, apuntan. La tarifa es progresiva (parte de 0, 25 céntimos y va descendiendo hasta ponerse una hora de viaje en 7,80). Todas son motos «cien por cien eléctricas». «La idea es poder crecer tranquilamente, sabiendo que por mucho que crezcamos no le vamos a hacer daño al medio ambiente», aseguran.

Seguro que a muchos coruñeses esta especie de vespas blanquiazules les van sonando. En su Instagram ofrecen sorteos para probar un viaje gratis. Agosto fue rodado y septiembre los pilla con el ánimo a tope de combustible. La respuesta positiva ayuda. Y al mal tiempo, si es solo atmosférico, ¡chubasqueros!

«Nos va bien, creo que acerté al abrir»

El joven Luigi Dutto Acuña cogió el traspaso de la confitería El Buen Gusto y abrió la tienda el primero de mayo, en plena pandemia, en la calle Elduayen, a escasos metros de la Porta do Sol de Vigo. Fue la primera inauguración de una tienda en el centro de Vigo en 50 días de confinamiento. «Algunos me preguntan cómo puedo abrir ahora, pero la mayoría me dicen que adelante, me apoyan y nos felicitan por echarle la valentía de abrir y nos desean que nos vaya genial. Tengo mucha ilusión», dijo el joven el día de la inauguración. Junto a otros allegados reformó una confitería tradicional, especializada en milhojas y merengue, y le añadió heladería y café para llevar. Hubo detrás un motivo sentimental porque, durante su infancia, su padre iba a buscar la bollería del desayuno a la misma repostería. A primeros de mayo, los vigueses aún hacían cola a las puertas de las panaderías del barrio. A menos clientes, más horas, por lo que abrió de nueve a nueve.

Casi cuatro meses después, cuando avanzan los rebrotes, Luigi Lutto cree que acertó al inaugurar en mayo, cuando ni siquiera había empezado la desescalada ni la fase uno. «Al final no fue una mala decisión, no nos va mal. Si hubiésemos esperado más, la apertura no habría tenido tanta repercusión ni publicidad», cuenta.

«La mayoría me felicitó por la valentía de abrir en mayo; al final no fue una mala decisión. El coronavirus apenas repercutió negativamente»

Relata que el primer mes le fue bien porque con la desescalada mucha gente se dedicaba a pasear por su calle, en el kilómetro cero de Vigo. Desde los primeros días, su local tuvo colas a la puerta por la reducción del aforo. Llegado el verano, con la nueva normalidad, hubo un bajón de ventas porque la clientela se marchó a la playa. Ahora, vuelve a recuperar el ritmo.

«Nos va bien, creo que acerté al abrir durante la pandemia. Ni nos afectó mucho la reducción del aforo por el coronavirus ni los horarios restringidos, apenas repercutió negativamente», cuenta.

CON INCENTIDUMBRE

El joven cree que su nuevo negocio lo pudo «sacar a flote, y esto está bien». Sin embargo, tiene otros temores porque no sabe si su calle va a ser peatonal o ahí desembocará la boca de un túnel tras dos años de obras. La incertidumbre ha asustado a los comerciantes de Elduayen y una docena bajó la persiana. Ahora, los baratos precios animan a nuevos inquilinos.

«Llegamos justo en el momento ideal»

Los planes de Álvaro Domínguez para su nuevo local, Bruma Shore, eran previos al coronavirus, pero encajaron a la perfección con la situación. Por eso abrió su negocio en Ponteceso en plena pandemia sin dudarlo. «Es un local chill out-terraza, todo exterior. El río Anllóns es el corazón de Ponteceso, y no había un sitio así en la zona. Ahí nació la idea hace un par de años», explica uno de los dos socios del negocio, que es consciente de que su formato tiene su punto positivo y su punto negativo: «El problema es que dependemos al cien por cien del clima, porque si llueve no abrimos, pero al mismo tiempo el hecho de que todo sea al aire libre le aporta un valor añadido en un momento en el que la gente prefiere estar en espacios abiertos».

«Hace dos años ya que nació la idea de abrir una terraza chill out en Ponteceso, y el balance hoy es positivo. Dependemos del clima, pero al mismo tiempo la gente prefiere los espacios abiertos»

Jamás se planteó retrasar la apertura. «Fue el momento. Muchas veces los negocios dependen de él, y nosotros llegamos en el momento ideal», asegura hoy satisfecho Álvaro, que señala que el balance que hace meses después es positivo. «El balance más importante para nosotros, más allá del económico, que no podemos decir que sea malo porque no estamos perdiendo dinero al margen de que produzca mucho o poco, y eso ahora mismo es mucho, es el de hacer pueblo. Estamos muy contentos con la visibilidad que le damos al río, por el hecho de que vengan turistas a los que mandas a comer también a otros sitios, a los kayaks... Esperamos que esto se potencie y que sea el inicio para que nazcan más negocios junto al río», señala desde su flamante terraza, que ofrece algo más que una actividad hostelera con copas y una cuidada coctelería: «Hacemos otras cosas, como conciertos, monólogos y catas. Por supuesto, sin las restricciones y el cumplimiento de las medidas nos iría mucho mejor a nivel económico, porque cuando la gente viene a tomarse una copa después de cenar, tenemos prácticamente una hora para facturar, pero estamos funcionando».

Álvaro, que se confiesa un «sentimental», no puede estar más satisfecho ni agradecido al Concello por facilitarle los trámites para potenciar un entorno que, dice, vende solo. Si el sol le acompaña, lo tendrá todo para vender todavía más.

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