Estas son las mejores casas rurales de Galicia

Dormir aquí es un lujo. Buscamos los mejores alojamientos en medio de la naturaleza. Cinco casas de revista repartidas en las cuatro provincias gallegas que harán de tus vacaciones el descanso perfecto


Las ganas de viajar no han desaparecido con el covid. Después del aislamiento, muchos quieren volver a respirar aire puro y desconectar de todo lo vivido de una forma totalmente segura. Con esta premisa, fijo que has pasado horas meditando cuál podría ser el destino que menos riesgo supusiera para tu salud o en qué zona podrías relajarte sin estar rodeado de una multitud de personas.

Con el turismo internacional casi descartado por las continuas modificaciones entre países y evitando los grandes destinos nacionales, se ha aupado una alternativa que siempre ha estado ahí y que ahora está más presente que nunca: las casas rurales. Más de uno seguro que ha sido invitado en las últimas semanas por su pareja o por algún grupo de amigos para reunirse de nuevo y en un espacio que sea «free covid». Estos alojamientos se integran de una forma sostenible en el entorno, ya sea de montaña o costero, y consiguen que vuelvas a conectar con la naturaleza sin renunciar al confort. En Galicia puedes encontrarte con varias propuestas con el distintivo Q de calidad para hacer una escapada en la que realizar todo tipo de actividades al aire libre. Así que si quieres adentrarte en los rincones más acogedores del territorio date prisa, ya que las reservas vuelan.

CABANAS DA RÍA

Hablar de campo es sinónimo también de hablar de cabañas, y en Lires (A Coruña) hay unas espectaculares. Sus propietarios comenzaron a trabajar el turismo rural de forma sostenible hace 15 años. Ahora disponen de dos complejos: las Cabanas de Lires y las Cabanas da Ría. Estas últimas llevan apenas dos veranos funcionando. «Siempre hemos ofrecido nuestros servicios respetando el entorno en el que nos encontramos. Cuanto más cuidemos el medio ambiente mejor estaremos todos», explica Inés Fraga, la propietaria del alojamiento. Ubicados en una antigua braña donde paraban las aves pasajeras a descansar, también era utilizada por sus abuelos como palleiro. Esto es lo que intentaron reflejar en la decoración y estructura de los tres espacios: «La finca está situada de forma paralela a la ría de Lires. Dos cabañas simulan las casitas de las aves que más abundan en la zona, las gaviotas y las garzas. La tercera es la suite del complejo, con jacuzzi y techo panorámico, y está construida evocando un antiguo palleiro». La pandemia mundial hizo que perdieran peregrinos pero ganaran turistas locales sin olvidar a sus visitantes más fieles. «Llevo 15 años viniendo. Nos enamoró de tal manera que cada verano repetimos y nos sentimos como en nuestra casa», resalta Esther Madrid, de Barcelona. Pese a la situación, no piensa renunciar a este pequeño paraíso gallego: «Hasta el último momento no sabíamos si podríamos venir, pero en ningún momento nos tiró para atrás porque no es como un hotel en el que hay mucha más gente. Aquí puedes hacer tu vida independiente». Además, Madrid indica que es una opción «totalmente recomendada para familias que tienen hijos. El mío ya tiene su grupo de amigos porque coincidimos varios matrimonios».

A PARADA DAS BESTAS

El origen de este alojamiento comenzó con unas rutas a caballo en los años 90 que dan nombre a la casa rural actual: A Parada das Bestas. «Es una antigua casa de labranza del siglo XVIII. Llevamos 23 años rehabilitando los espacios y ahora está acondicionada al confort que demanda la gente», indica su gestora, María Varela. El edificio se encuentra en una zona «casi desconocida hasta para los gallegos», pero en pleno centro geográfico de Galicia. «El proyecto nació porque nos enamoramos de la zona y del espacio que tenía la casa». Las circunstancias actuales han hecho que esta temporada tengan «muchas más reservas y sobre todo de turismo familiar. Tuvimos una buena acogida con la reapertura». Para que todo sea seguro al 100 % han extremado sus protocolos de limpieza. «Tenemos hasta un código QR para las comandas», explica. A mayores de las virtudes del campo, otro de sus puntos fuertes es la gastronomía. «Yo ya había venido antes y ahora hice de anfitriona porque sabes que es de estos sitios que vuelves. Mis amigos han salido muy contentos con la comida y con todo. Es una cocina que tira a la tierra y con cosas que no sueles encontrar en sitios grandes», señala Irene Lorenzo, una gallega que ha vuelto de Londres en sus vacaciones. «Tú estás como en casa. Llegas y desconectas de todo. Da la sensación de que ya los conoces de siempre», añade Lorenzo.

TORRE DO RÍO

A poco más de un kilómetro de Caldas de Reis se encuentra Torre do Río, una imponente casa rural que surgió tras la rehabilitación de un complejo textil del siglo XVIII. «Dispone de una finca ajardinada de unos 10.000 metros cuadrados que bordea el río Umia en los que no tienes porque encontrarte con nadie», comenta Rodrigo Rey, propietario de la casa rural. Sus instalaciones, en las que hay hasta una piscina con una cascada, están mimadas de tal manera que podría ser un hotel cinco estrellas en pleno campo. «Por el día suelen desayunar y salir a conocer sitios con total tranquilidad, paz y armonía», subraya Rey. En cuanto a las actividades que pueden hacer, el dueño comenta que «pasa por delante de la casa casi la ruta da auga para hacer senderismo. También se pueden hacer paseos a caballo, kayak o visitar bodegas. Todo esto se lo podemos reservar nosotros», apunta.

REITORAL DE CHANDREXA

Situada en la mitad del tramo del Sil, en la Ribeira Sacra, se encuentra esta antigua casa de un cura. «Polo menos ten 200 anos. Está feita de pedra e madeira e apenas se transformou», destaca Xurxo López, propietario del Reitoral de Chandrexa. Se trata de un lugar ideal para las personas que busquen un sitio con poca gente. «É un sitio que está apartado da aldea e só temos tres cuartos, que lle dan un carácter familiar e achega moita tranquilidade ao turista». Todo un retiro espiritual al que se le suma su comida totalmente biológica: «Ao ser una casa pequena podemos ser autosuficientes coa horta, a viña e as froiteiras que temos. Facemos as comidas cos nosos produtos frescos e ecolóxicos». Esta conciencia por respetar la naturaleza hace que también acepten mascotas en sus instalaciones. «El año pasado vino una amiga con el perro y nos dijo que era una locura. Nosotros tenemos una labradora y nos gusta estar con ella durante las vacaciones. Muchas veces es complicado encontrar un lugar en el que te acepten a los animales», resalta Carmen Alcantarilla, de Ciudad Real. En su caso quería escapar totalmente de cualquier lugar con gente: «Soy anestesista y lo he vivido todo con intensidad, pero esto es perfecto porque son solo tres habitaciones y es al aire libre. Además la ubicación es genial porque está cerca para recorrer la zona de la Ribeira Sacra. Sin duda la pienso recomendar», concluye.

A CASA DE ALDÁN

La rehabilitación de esta antigua fábrica de salazón del siglo XIX fue muy polémica en los años 90. «Nos costó mucho hacerlo porque al principio no nos daban la licencia. En ese momento se hacían las casas rectorales o los pazos, pero estos edificios no estaban catalogadas como turismo rural», explica Marisa Barrio, propietaria de A Casa de Aldán. Por fortuna, las obras salieron adelante y de una forma impecable, ya que fueron premiadas en el 2003 con el Europa Nostra Award. «Al principio venía mucha gente relacionada con la arquitectura, el diseño y la moda», comenta Barrio. Lo cierto es que es una casa que se mantiene en el tiempo y da la sensación de que es totalmente nueva. «Yo tenía muy claro cómo lo quería hacer porque yo soy minimal de concepto, no sería capaz de vivir en un pazo. Necesito lo esencial y lo imprescindible». Esta decoración tan pulida hizo que con el covid-19 no tuviera que hacer grandes cambios. «En el comedor antes había una zona de confort y ahora se ganó ese espacio para separar más las mesas. Tuvimos que hacer ese tipo de cambios», añade. Eso fue lo que le encantó a Mónica Rivera, una huésped que fue con su marido, su hijo y su ahijado: «Conocía la casa a nivel arquitectónico y con las circunstancias del postconfinamiento y la imposibilidad a veces de desplazarte lejos te da más confianza quedarte en la zona». Lo que está casi seguro es que repetirá en más ocasiones. «La atención y el trato es exquisito y se notan los detalles como la ropa de lino en la cama», añade Rivera.

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