¿Por qué se llama «caballero de París» si era de A Fonsagrada?

TEXTO: LAURA L. VALDÉS / M.V.

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Galicia en La Habana. En el centro de la Habana Vieja, una estatua de bronce inmortaliza a José María López Lledín, el gallego que conquistó Cuba con su singular historia de vida. Aunque más curioso es su apodo.

22 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Una estatua a tamaño real asombra a quienes transitan por la Habana Vieja, centro histórico de la capital cubana. Aunque estática, pareciera que la inercia la impulsa a deambular sobre los adoquines. Porta harapos señoriales, una barba espesa y el cabello enmarañado rozando la espalda. Algunos hacen fila para fotografiarla, otros le tocan la barba como un acto de fe.  

El «caballero de París» no es una de esas esculturas inmóviles que adorna parques o avenidas; forma parte de un juglar místico de historias migratorias. ¿Quién fue este personaje con tan rimbombante seudónimo? ¿Cuál era su verdadero nombre y cómo llegó a Cuba? ¿Por qué inmortalizar en bronce a un señor proveniente de Europa? Muchos misterios se enrolan en torno a su periplo errante por el Caribe. 

DE LUGO A LA HABANA

Nadie sabe a ciencia cierta cómo surgió el sobrenombre ni quién le llamó así por primera vez, sobre todo porque su acta de nacimiento ofrece una grata sorpresa a los más curiosos. El «caballero» no nació en París, probablemente nunca probó un cruasán ni paseó por el río Sena. José Manuel López Lledín era gallego, concretamente de A Fonsagrada. El apodo afrancesado con el que se hizo célebre nada tenía que ver con su pedigrí, pero sí con su elegancia. Cuentan los periódicos de la época que López Lledín llegó a Cuba en 1913 junto a varios de sus hermanos. Tenía solo 14 años. No hubo trabajo que se resistiera a su juventud y emprendimiento: encargado en una tienda de flores, sastre, ayudante en una tienda de libros y un bufete de abogados, sirviente en refinados hoteles. Incluso, estudió y refinó sus modales para encontrar un empleo mejor.