Juan Diego Botto: «Es difícil no querer volver a Galicia, tengo muy buenos amigos»

Le gusta el mate, pero se siente español como el que más. Porque eso no impide seguir amando sus raíces. Juan Diego Botto triunfa en Netflix con «White Lines» y está a punto de dirigir una película con Penélope Cruz y Luis Tosar. Así nos lo cuenta este chico «tímido y tranquilo» que se muestra tal y como es


Es uno de los pesos pesados de la escena española, un camaleón interpretativo capaz de llevar también la batuta de la dirección y de la creación artística. Un todoterreno dramático que, para algunos, siempre será argentino, aunque lleve viviendo en España 41 años de los 45 que va a cumplir este mes. Ahora triunfa en Netflix con White Lines. Pero su trayectoria no se queda aquí y Juan Diego Botto (Buenos Aires, 1975) nos habla de su próximo proyecto. Una película que contará con la presencia de Penélope Cruz y Luis Tosar. Con la serenidad y tranquilidad que lo caracteriza, confiesa que siempre le apetece venir a Galicia: «Es tan bonito y se come tan bien...»

-¿Esperabas un éxito tan rápido con «White Lines»?

-Uno siempre espera que funcione. Que aquello que a ti te ha gustado tenga el mismo impacto en los espectadores, pero esto no siempre se cumple de la manera en la que se ha cumplido esta vez. La serie fue escalando posiciones muy rápido, desde el primer día de su emisión, y no solo en España o en Gran Bretaña, sino que ha sido un fenómeno global. Y es verdad que White Lines encierra ciertos riesgos. Primero riesgos narrativos porque es una acción compleja, que transcurre en dos tiempos, donde además vamos adelante y atrás en el tiempo. Hay muchos personajes, pasan muchas cosas, y algunas de ellas son muy al límite, con situaciones muy extremas, que combina géneros también muy distintos. Pasamos del thriller, a la comedia, a la comedia romántica, al drama..., y navegamos entre esos géneros con enorme fluidez. Entonces había, indudablemente, riesgos que la hacían comprometida y arriesgada. Por eso pensé que tenía todos los elementos para funcionar, pero no esperaba que fuera tan contundentemente.

-Cuando leíste el guion, ¿fue un flechazo?

-Leí de entrada los dos primeros capítulos. Nada más. Y ya me parecieron muy potentes. Pero, claro, cuando te metes solo tienes un dibujo sobre hacia dónde va a ir la serie. Me gustaron mucho los dos primeros capítulos que leí, pero me gustaron mucho más los que vinieron después.

-Sí, la serie mejora a medida que avanza la temporada...

-Va a más. Además es enormemente adictiva. Creo que Álex Pina y toda su gente están en un momento creativo excepcional. Y no te voy a decir que han encontrado la piedra filosofal, pero sí que es verdad que están manejando un riesgo narrativo que hace que conecten mucho con los espectadores. Les ha pasado en La Casa de Papel y creo que les ha pasado también en esta serie. Asumen unos riesgos que hace que enganche, que termines un capítulo y ya quieres saber cómo empieza el siguiente. Son tramas que te generan ganas de avanzar y de avanzar. Y eso, que parece muy fácil de decir, no es tan fácil de hacer. Hace falta tener mucho talento para conseguir generar esto en los espectadores.

-Últimamente, todo lo que hace Álex Pina se convierte en oro, ¿estaba presente en los rodajes?

-Teníamos contacto con él y fue muy importante, sobre todo en la preparación, porque nos permitió primero entender qué buscaba y qué quería de cada personaje. Tuvimos unos cuantos ensayos al principio, para encontrar a los personajes, el tono de la serie, para encontrarnos con los directores, y en esos ensayos estaba presente Álex. Y para mí esos ensayos fueron muy importantes, porque me dio dos o tres claves que fueron definitivas para encarar mi personaje. Y, de vez en cuando, yo le llamaba y siempre tenía explicación para cada duda. Y eso es una maravilla. Porque claro, uno lo que busca son siempre razones, los porqués de tu personaje. Y en ese sentido ha sido una ayuda fundamental.

Estuve de rodaje tres meses en Santiago y me llovió casi todos los días”

 

-Tu personaje pasa de ser secundario a convertirse en alguien fundamental en la trama...

-Sí, yo tenía la sensación cuando leí los dos primeros capítulos, que era el típico personaje que se iba a morir al final de la primera temporada. Creo que tenía todas las papeletas. Pero, por lo que fuera, fue evolucionando. A Álex le gusta tener las líneas maestras de la historia, pero también le gusta la presión, con lo cual va modificando los guiones y escribiendo muchas cosas a medida que vamos rodando la serie. Para mí Oriol es un personaje muy divertido y enormemente complejo. Hay que esforzarse mucho para que el espectador tenga algún tipo de empatía con un tipo que es un niño de papá, hijo de millonarios, con un complejo de Edipo casi patológico, desesperadamente buscando el afecto de su padre, con la sensación de que nunca va a estar a su altura, siempre buscando esa palmadita en la espalda, envidioso... Es un personaje que tiene escasos atributos positivos más allá de su fragilidad. Y para mí esa es la dificultad máxima del trabajo, cómo hacer que no sea solamente un tipo desagradable, que evidentemente eso ya viene dado....

-Pero sí llegas a empatizar con él...

-Pues te lo agradezco porque para mí ese es el trabajo. Porque a priori, sobre el papel, es un malo de libro. En esos ensayos que te comenté del principio, la clave que me dio Álex fue que Oriol es un personaje que todo lo encara desde la fragilidad, el dolor. Es un tipo que sufre. Esa frase para mí fue la llave de todo. No es un malo que goza siendo malo y perverso. Para nada. Él querría ser otro. Le encantaría ser un tipo como Bóxer o como su hermana. Ser libre y que su padre le quisiera y se divirtiera con él, incluso ser como el personaje que hace Dani Mays, el británico que fuma porros con su padre, pero no lo es ni nunca será como ninguno de ellos. Y ahí está su castigo y su desgracia.

-Además es una serie grabada en inglés y en español, ¿no es eso quizás lo más arriesgado de todo?

-Sí, ahí yo creo que es un riesgo de Netflix. Esto es el encuentro de dos titanes, que son los productores de The Crown y los creadores de La Casa de Papel. Dos joyas de la corona de Netflix que se juntan para hacer un proyecto, pero claro no hay nada más británico que The Crown y no hay nada más español que La Casa de Papel, esa combinación podría haber sido un absoluto desastre. No lo ha sido, pero implicaba un riesgo sobre cómo nos juntamos. Pues vamos a afrontar un proyecto que sea de unos británicos que vienen a España y es vuestro mundo y el nuestro. Eso obligaba al reparto de idiomas, de personajes, nacionalidades, etc. Y para hacer la cosa más ibérica el protagonista es portugués. Ahí es un riesgo que asume Netflix. Nuestra audiencia es el mundo entero, no pienso solamente para España, no pienso solamente para Inglaterra, pienso para el mundo entero. Con lo cual juguemos con estos idiomas. Y que la gente lo vea mayoritariamente subtitulada o doblada en su idioma de origen. Es una de las ventajas de la nueva forma de ver series, que te permite asumir más altos riesgos.

-¿Y qué tal el rodaje entre británicos y españoles? ¿Ha habido «feeling»?

-Al final rodar es rodar. Es lo mismo estar rodando en inglés, en español, en chino.... nuestro trabajo como actores es exactamente el mismo. Tratar de dar verosimilitud a lo que ponen en papel. Sí es cierto que yo creo que hubo mucha piña y mucho encuentro desde el principio entre el grupo de actores. Una piña y un encuentro que existe todavía y que mantenemos. En el grupo de WhatsApp que tenemos, aún hay contacto. No te digo diario, pero casi. Los actores tenemos las mismas virtudes y defectos en todas las partes del mundo, y ahí nos entendimos muy bien. Evidentemente, había diferencias en la forma de encarar las cosas, entre los directores ingleses y españoles, entre parte del equipo inglés y español, pero esas diferencias a la hora de rodar desaparecieron. Me llevo particularmente bien con Nuno Lopes, con Belén López, con Marta Milans, con Pedro Casablanc... ahí hacíamos mucha piña por la cosa ibérica, pero la misma que hicimos después en el capítulo tres, porque ya era una cuestión de afinidades selectivas y no tanto de nacionalidades.

-Pareces tranquilo y tímido, al menos así a primera vista...

-Nunca discutiría una definición de mí mismo que implicara tranquilo y tímido. Sí.

-¿Eres de los que llevas el mate contigo a todas partes?

-El mate se queda en casa. Tengo mi mate, lo tomo, tengo mi bombilla y mi hierba para hacerlo, pero no la saco de viaje. Es algo que solo lo hago cuando estoy en casa.

-¿Te sientes más español que argentino o tienes el corazón dividido?

-Bueno, yo tengo 44 años, cumplo 45 ahora a finales de agosto. Y he vivido 41 de esos 45 años en España. Cierto es que siempre figuro como actor hispano argentino. Y también es cierto que algunos no me considerarán nunca español, pero la verdad es que el peso mayoritario de mi vida está aquí. También es verdad que nunca he querido renunciar a mi origen, a mis raíces y he reivindicado mi parte argentina, que es algo muy importante para mí, también por las circunstancias que nos trajeron hasta España. Hay una reivindicación que quiero mantener. Sí.

-Y además de «White Lines», también vas a dirigir una película con Penélope Cruz y Luis Tosar, ¿sigue en pie este proyecto?

-Sí sigue en pie, lo que no podemos concretar todavía son las fechas de rodaje. Estamos pendientes de ajustar la fecha, pero tenemos el 100 % de la financiación, lo que significa que la película la vamos a hacer y es una cuestión de ajustar fechas.

-¿Y por qué eliges a Penélope y Tosar?

-Penélope porque el proyecto surge con ella. Todo esto nace hace muchos años en una conversación. Me propuso que escribiera una pieza. No salió lo que buscábamos, pero sí otra cosa que nos gustó mucho y que nos llevó a otra historia. Yo empecé a indagar sobre esta historia y empecé a ver circunstancias de la crisis económica, de parejas y relaciones personales que se ven golpeadas por la crisis. Y la primera versión del guion era una película muy coral. A ella le gustó el material y decidió hacer uno de los personajes y ser coproductora. Hemos venido de la mano todo este tiempo hasta llegar a concretar el proyecto. Y Luis porque para el personaje que lleva más peso de la historia buscábamos un actor de su edad, que fuera muy buen actor, y Luis Tosar es de los mejores de este país.

-Como buen gallego, seguro que Tosar hará que te dejes caer por aquí. ¿Visitas con frecuencia Galicia?

-Hace tiempo que no. Coincidí con Luis hace muchos años en un rodaje en Santiago, que me obligó a pasar tres meses en Santiago y me llovió prácticamente todos los días. Eso me generó mucho vínculo con Galicia, porque estuve viviendo tres meses en una ciudad tan espectacular como Santiago, que me parece preciosa. También me dio tiempo de viajar y de hacer amigos. Tengo un montón de amigos en Galicia. E intento mantener esas amistades que hice y que son muy buenas. Y, claro, es un sitio tan bonito y se come tan bien que es difícil no querer volver.

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