Un año con el vestido de novia en el armario


Vaya verano. A estas alturas solo pido que las fotos en las que aparecemos con mascarilla sean las del 2020. Que cuando dentro de unos años veamos una fotografía en las que un grupo de amigos estamos con la cara tapada tengamos claro que esa imagen fue tomada en este hastío, perdón, estío. Ojalá no haya dudas de si fue en el 2020, el 21 o el 22. Eso sería una muy mala señal. Es mejor pensar que el verano que viene todo volverá a la vieja normalidad y que algunas novias podrán por fin ponerse el vestido después de tenerlo un año colgado en el armario. «Lo guardan en el domicilio de su madre o de un familiar. Aunque lo entregamos en una funda y no se ve, es mejor que tenerlo en casa si vive con su pareja. Todas las novias reaccionaron guay cuando les explicamos que somos un taller artesanal y que no disponemos de un espacio para guardarlo tanto tiempo. Incluso lo dejaron pagado, porque ya contaban con la inversión para este año. Para la boda del 2021 ya tienen todo listo si no hay un cambio físico importante», comenta el diseñador Javier Quintela. La pandemia atacó todos los bolsillos, y por supuesto al de un profesional que se dedica a vestidos de novia y madrina. Dice que la mayoría de parejas decidieron pasar el enlace al próximo verano y otras lo retrasaron unos meses. «En julio tuve la primera boda y para el mes que viene tengo varias. Y para el 2021 ya sé que serán diez más otras que están viniendo. En ese sentido estoy contento porque empezaron a llamar clientas nuevas que decidieron casarse el verano que viene», explica Javier, que también diseñó unas mascarillas para ceremonia. «Para niños con dibujos en 3D tipo Fortnite y las de adultos de seda negra o color natural a juego con el vestido», añade Javier. Las novias que ahora guardan el traje en el armario a la espera de poder celebrar la boda solo tienen que procurar pesar lo mismo cuando al fin llegue el momento. Y todos deseando que en las bodas del 2021 la mascarilla sea la de las fotos de este raro verano.

FIDEUÁ EN SABARÍS

Hay locales que nunca fallan. No aspiran a un premio de gastronomía, solo pretende que sus clientes salgan contentos con la comida y paguen un precio razonable. Hacía tiempo que no iba a O Rizón, en Sabarís, Baiona, un restaurante que se puede incluir en la lista de los infalibles. Para ir a la amplia y cuidada terraza posterior hay que pasar al lado de la cocina. Reconozco que siento predilección por este tipo de negocios que te obligan a pasar por los fogones antes de sentarte. Cada mesa tiene su propia pérgola, con lo que mantienes de sobra la distancia de seguridad. El dueño es un gran profesional que parece que pretende cambiar el negocio de ubicación en un futuro. Se acercó a la mesa y ofreció (fuera de la carta) unos besugos de la ría a la plancha a 22 euros unidad. Pero los organizadores de la cena se decantaron por una fideuá marinera para todos. Estaba muy sabroso, como todo en este Rizón que nunca decepciona, incluso en este raro verano de gel y mascarilla.

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