Los seis mandamientos del movimiento «realfooding»

¿Es este el secreto de Letizia? La reina rechazó un helado con azúcar en Benidorm, pero recibió de buen grado un plato de torreznos en Soria. Un síntoma de los fieles a esta corriente alimenticia que, en el fondo, se basa en las recetas de la abuela


Helados no, torreznos sí. Esa ha sido la sorprendente elección de la reina Letizia durante su gira veraniega por las diferentes comunidades. La visita de los monarcas a Benidorm el pasado 3 de julio no supuso ninguna sorpresa dietética. Un heladero quiso ofrecerle su producto, pero Letizia le informó de que en su casa no consumen azúcar. El artesano, que no disponía de helados sin edulcorante, se quedó con las ganas de servirle uno. Fue entonces cuando salió en su auxilio el rey que, para no dejar con mal cuerpo al hombre, no dudó en saltarse la regla y, de paso, disfrutar de un azucarado helado de turrón. La anécdota no pasó a ser nada más que eso. A nadie le extrañó entonces que la dieta de la reina sea libre de azúcares añadidos. Pero la sorpresa llegó tan solo unos días después en Soria. Allí Letizia no solo se aventuró a probar las frambuesas ecológicas con las que le brindó una vecina de Vinuesa, sino que también mostró interés, y mucho, ante un plato de torreznos que no llegó a probar en público. Eso sí, pidió que se los pusieran en un táper para llevar. ¿Cómo es posible que la reina rechace un helado por el simple hecho de que contiene azúcar y no una pila de grasientos torreznos?

Si hay un movimiento alimenticio que dé respuesta a esta pregunta, ese es sin duda el realfooding, que lo que viene a decir es que nos alimentemos de la comida real, esa que nos preparan las abuelas y cuyos ingredientes vienen sin envase alguno. Empecemos por definirlo. Y para ello echamos mano de Carlos Ríos, el líder del movimiento y el azote de los famosos e influencers que promocionan la comida no saludable. «El realfooding es un movimiento que defiende la comida real, la de verdad, y que clasifica los alimentos disponibles en el mercado en función de si son saludables o no. Esto es algo que viene determinado por su grado de procesamiento, y nos apoyamos en la evidencia científica. Hay numerosos estudios de los últimos 20 años que reconocen que este es el mejor método para categorizar los alimentos», explica.

TRES GRUPOS DE ALIMENTOS

En concreto, son tres los grupos de alimentos que diferencia un buen realfooder. En un extremo, en el mejor, se encuentra la comida real, que engloba a los alimentos frescos que contienen un solo ingrediente: el que presenta el propio alimento. Aquí entrarían las frutas, las legumbres, las hortalizas, los frutos secos, el pescado o la carne. En el extremo más perjudicial se encuentran los ultraprocesados. Los reconocerás en cuanto eches un vistazo a su etiqueta y descubras una larga lista de ingredientes, muchos de ellos artificiales o refinados como el azúcar, los aditivos o las harinas y aceites refinados. «Al final, no llevan ningún alimento entero, sino que son resultado de una mezcla de ingredientes apetecibles y adictivos con muchas calorías. Son muy poco nutritivos y suelen ser sabrosos, gracias al azúcar y a los potenciadores del sabor», apunta Ríos. En el medio se encontraría otra categoría, la de los llamados buenos procesados. «Estos son productos industriales, pero con buenos ingredientes. Por ejemplo, unas sardinas en lata con aceite de oliva, los cereales 100 % integrales o el gazpacho envasado», indica el experto, que matiza que tampoco se trata de creernos la utopía de que jamás comeremos un alimento ultraprocesado, sino que lo se pretende es una reducción y un consumo más consciente del mismo: «Yo pondría el límite en un consumo ocasional, como ingerir alguna vez al mes una pizza precocinada».

Una vez que tenemos claro el concepto del movimiento, si nos planteamos introducirnos en esta filosofía alimenticia toca analizar cuáles son sus seis principales mandamientos. El primero dice que, si algo lleva más de cinco ingredientes, lo dejemos de nuevo en la estantería del súper. «Cuando llevan más de cinco ingredientes, entre ellos solemos encontrar el azúcar, los aditivos, la sal y los aceites que citamos antes, por lo que lo más probable es que sea un ultraprocesado. Para identificarlos fácilmente nosotros hemos desarrollado una app, MyRealfood, con la que puedes escanear el código de barras del producto y te decimos si es un ultraprocesado o no», dice Ríos. Este mandamiento nos conduce al siguiente: Prohibido el azúcar. Y sal, poca. «No hay ninguna recomendación de quitar absolutamente la sal, en cambio el azúcar añadido no aporta nada, no se suele combinar con alimentos saludables y hace la comida más apetecible e insana, pudiendo favorecer la aparición de diabetes de tipo 2, algunos cánceres y enfermedades cardiovasculares», indica el líder de la corriente alimenticia, que pone un ejemplo de edulcorante natural: «En una de las recetas que proponemos solo mezclamos harina integral con dátiles para endulzar. De esa forma, el alimento conserva la fibra, los antioxidantes y las vitaminas de esa fruta, moderándose la cantidad». ¿Y la miel? Depende cuál, y también hay que administrarla de forma moderada. «La del súper suele estar adulterada, con un alto porcentaje de azúcares añadidos a través del sirope. La cruda de apicultor sí que podría utilizarse, aunque de manera ocasional», asegura Ríos.

Otro de los principios de una alimentación realfooder es el consumo diario de fruta y verduras, que han de suponer el 50 % de tu dieta. El queso es un buen procesado, pero no mejor que los vegetales, y también conviene incorporar día a día las legumbres y los frutos secos. En concreto, se recomiendan cinco raciones de frutas y verduras: un plato de verduras a la comida, otro a la cena y tres piezas de fruta. Llegamos al cuarto mandamiento, que empieza desde el mismo momento en el que nos disponemos a llenar la cesta de la compra. Tienes que ir al supermercado como si fueras al mercado. «Hay que ir con esa mentalidad para comprar lo mismo que compraríamos en el mercado, es decir, fruta, verduras, carne, pescado, huevos... E intentar adquirir los mínimos productos envasados posibles, que no obstante te van a ofrecer algunas facilidades para el consumo, con verduras cortadas y preparadas, brotes de ensalada o vasitos de arroz que comprobaremos que solo llevan arroz para hacer en el microondas, por ejemplo», apunta el gurú del movimiento.

Otra de esas cosas que hemos de desterrar es el manido «no tengo tiempo». Ese es precisamente el argumento que nos conduce a adquirir más ultraprocesados que tan solo hay que calentar o meter unos minutos en el horno. Ríos entiende el problema, pero nos anima a no sucumbir ante la excusa: «Aquí juegan muchos factores. A la hora de la cena, muchas veces hay menos tiempo o estamos más cansados. También sucede muchas veces que faltan habilidades culinarias, que cada vez hay más personas que viven solas y a las que les da pereza cocinar, y que estos ultraprocesados suelen ser muy sabrosos. Pero con educación, todas estas barreras se pueden derribar. Mi nuevo libro, que se publicará en un mes, trata de combatir esto con más de cien recetas con un máximo de cinco ingredientes que se preparan como mucho en veinte minutos».

La última de las máximas de la alimentación real no tiene nada de nutricional. Tampoco se centra en los hábitos de consumo. La clave a nivel psicológico es no adherirnos a ella para adelgazar. Perder peso será una consecuencia de mejorar nuestra dieta, pero no podrá ser nunca el motivo, que lo fijaremos en la salud y el bienestar físico y mental. No es este un régimen, ni una tarea que deba exigir un esfuerzo restrictivo máximo que desemboque en una obsesión. Tampoco te sorprenderás buscando sal rosa del Himalaya ni semillas extrañas en tiendas especializadas. Se trata de que compres comida de verdad con ingredientes tan comunes como frescos. Nada nuevo para las abuelas, pero seguramente sí para tu frigorífico.

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