Cinco locales gallegos que mantienen el covid a raya

Ellos cumplen todas las medidas para que tú solo tengas que sentarte a disfrutar de esa caña que te permitirá bajar la guardia. Nada será igual, pero aquí consiguen que lo olvides

ESTEFANÍA SANTAMARINA

Algo tan sencillo hasta hace unos meses como tomarse una caña relajadamente se ha convertido hoy en un plan muy valioso. El temor al contagio y la tensión ante quienes se relajan a la hora de acatar las medidas sanitarias pueden chafar la experiencia, y no son pocos los que incluso han optado por salir menos para evitar las aglomeraciones. Por eso, hoy YES premia a algunos de esos muchos locales que consiguen que te evadas por un rato del covid y que, a cada trago, hacen que saborees esa quedada casi tanto como lo hacías antes de la pandemia. Son todos ellos hosteleros que se están dejando la piel en cumplir las normas. Y también literalmente. Porque las palmas de las manos se resienten de lavarlas, igual que las mejillas de tanto roce con la mascarilla. No les sorprenderás con ella mal colocada. Tampoco te sentarás en una silla que no haya sido desinfectada previamente, ni te encontrarás con sorpresas desagradables cuando vayas al aseo. Y mucho menos se te acercará nadie no deseado a menos de dos metros. Empezamos la ruta por el norte en un local que, en medio siglo de vida, jamás se ha visto en una de estas.

La Leonesa (A Coruña)

La Leonesa abrió sus puertas hace más de 50 años. El negocio, conocido por sus excelentes embutidos, es memoria viva de A Coruña. Pero Bernardo García, su propietario, da fe de que lo que estamos viviendo es un desafío al que jamás se había enfrentado. Aunque realmente no lo parece. Apenas uno llega a la jamonería, se acerca alguien a la puerta para indicarle dónde sentarse. Y no solo nos dirigen a la mesa, sino que incluso indican las sillas que debemos ocupar para garantizar la distancia social con otros clientes, por si se acercan de más las espaldas. Las mesas están debidamente separadas, pero toda precaución es poca. Cualquiera diría que llevan haciéndolo desde siempre. «Lo que buscamos en primer lugar es que el cliente esté a gusto, primero por su seguridad y luego por la nuestra. Es algo recíproco, uno con otro, tenemos que cuidarnos todos», señala García, que indica que el trabajo se ha incrementado. «No hay el turismo de otros años, pero estamos trabajando más para menos gente, porque todo te lleva más esfuerzo. Cada día al terminar dedicas mucho más tiempo a limpiar. El servicio de las mesas también te requiere más. Ahora ya podemos hacerlo para compartir, pero hasta hace dos meses lo dábamos todo individualizado», añade el hostelero, que al disponer de mostrador no cerró durante la pandemia -de hecho, señala que el covid aumentó las ventas para casa-.

A pesar de que durante semanas no daban las cuentas, optó por no sacrificar ningún puesto de trabajo ni mandar a nadie de la plantilla al ERTE. Su cuidado se traslada a cualquier rincón de la jamonería. Allí encontramos una línea de sillas entre los clientes y el mostrador, para guardar la separación. También un personal que limpia concienzudamente las máquinas tras cada uso y una desinfección constante tanto del mobiliario como del baño. En definitiva, un servicio que cumple al dedillo la normativa. «El pan lo damos individualizado también, al igual que las servilletas y los palillos. Procuramos hacer no solo lo que nos dice la OMS, sino la Consellería de Sanidade. Nos informamos por mediación de la Asociación de Hosteleros», indica Bernardo, que insiste en su forma de entender el servicio en estos momentos: «Somos humanos, tenemos nuestras debilidades y nuestros errores, pero aprendemos de ellos. Por eso procuramos, primero como personas y luego como profesionales, mirar por el bien de todos». Y lo cierto es que lo consiguen.

Bar Colón (Carballo)

En el bar Colón de Carballo lo tienen claro: mejor prevenir que curar. Por eso el local continúa con las mismas medidas que cuando reabrieron sus puertas el 1 de junio. «Seguimos controlando mucho la distancia entre las mesas y desinfectándolas entre cliente y cliente, al igual que las sillas», apunta Patricia Iglesias.

El tener que esperar antes de tomar asiento, es un hecho al que la clientela ya se ha acostumbrado. «El 90 % ya espera sin que tú le digas nada», comenta Patricia, que indica que además han incrementado la limpieza general. «Abrimos a las 7.00 horas hasta las 23.00, o algo más en función del día, y los baños los limpiamos tres o cuatro veces por la mañana y otras tantas por la tarde. En el cambio de turno, sobre las 15.00 horas, volvemos a limpiar todo el local. Antes del coronavirus ya lo hacíamos, porque mi jefe siempre ha sido muy cuidadoso, pero ahora todavía extremamos más las precauciones».

Del mismo modo, desde el bar carballés apuntan a un aumento del uso del gel de baño: «Ahora la gente se lava más las manos que antes». En cuanto al aforo, el bar ha bajado el número de mesas de 15 a 10 en el interior y de 20 a 14 en la terraza. «Dentro se puede también estar en la barra, pero muchos clientes que se solían poner ahí ahora ya prefieren sentarse en ellas», apunta. El local no cuenta con servicio de comidas, pero sí que ofrece un tentempié para acompañar las bebidas. «Siempre hemos dado patatas y aceitunas, y ahora igual, pero en envases individuales», explica Patricia, que señala el buen comportamiento de la gente: «No hemos tenido ningún problema».

Século XI (Santiago)

El pub Século IX implantó una serie de medidas de seguridad frente al covid-19 que van más allá de las marcadas por Sanidad, y no es el único que lo ha hecho en Santiago. El propietario del establecimiento, Sergio Fernández, explica que los clientes deben hacer un registro de acceso, llamando o enviando un mensaje al teléfono que se indica en la entrada, en el que se registra la hora y la fecha en la que estuvieron en el bar para avisar en caso de que se detecte algún contagio entre los consumidores o trabajadores. El pub está completamente equipado con geles hidroalcohólicos y carteles que recuerdan que hay que mantener la distancia de seguridad de como mínimo un metro y medio y llevar mascarilla, excepto cuando se está tomando la consumición.

El aforo del establecimiento, situado en la rúa de San Paio de Antealtares, uno de los epicentros de la movida nocturna compostelana, es de un tercio en el interior y de un 70 % en la terraza, lo que supone un máximo 33 y 42 personas, respectivamente. Los clientes deben pagar en la mesa, preferentemente con tarjeta, cuando reciben la bebida para minimizar el número de contactos con los camareros. Además, los trabajadores de Século IX priorizan el consumo en mesa, evitando emplear la barra que se encuentra cerca del acceso al local y es una zona de paso. Sergio Fernández señala que está trabajando ahora en el sistema por el que los clientes puedan consultar la carta escaneando el código QR. En cuanto a sus prioridades en estos momentos, Sergio incide en que «prefiero cumplir las normas sanitarias de forma holgada y esperar que vengan tiempos mejores en cuanto a la rentabilidad». El pub abrió al público la terraza el 15 de julio y la semana de las Festas do Apóstolo se permitió el acceso al interior del local.

Habana 83 (Ourense)

«Estábamos deseando regresar a la cocina y cuidar a nuestros clientes», dice Antonio Filgueira, jefe de sala del ourensano Habana 83. Y no han escatimado en ello. En el local cuentan con dos dispensadores automáticos de gel hidroalcóholico. «Tenemos uno a la entrada y otro justo antes de los baños. Para el personal contamos con tres puntos de desinfección», apunta Manuel. La mascarilla es obligatoria y hay más de metro y medio entre las mesas. «Es el momento de apostar por la tranquilidad de nuestros clientes, por eso incluso utilizamos mesas de seis comensales para atender a una sola pareja», añade.

El proceso de limpieza entre un servicio y el siguiente es de aproximadamente veinte minutos, y todo el equipo ha realizado el curso de prevención de riesgos laborales adaptado al coronavirus. Una vez garantizado lo más importante, es momento de adentrarse en los fogones. Volvieron con una oferta culinaria reducida, adaptada a las exigencias del guion actual, y en la que han implementado cambios. «Cerramos con lluvia y reabrimos en pleno verano. Eso tiene que notarse en las elaboraciones, en estos momentos, protagonizadas por el atún rojo, el bonito fresco en escabeche o un gazpacho de cerezas», afirma Antonio Simoes, jefe de cocina y propietario. Todo para volverse loco del gusto. Cada día salen de su cocina, bien protegida ante el covid-19, tatakis, langostinos al curri, cazuelas de almejas en arroz caldoso o saquitos de marisco. Con una peculiaridad, sus creaciones ahora también están disponibles para llevar.

La Ruta Burger (Vigo)

En La Ruta Burger este año han hecho honor a su nombre más que nunca, y en el céntrico local vigués, ubicado en el cruce de Gran Vía con Urzaiz y Lepanto, hay más señales que en una autoescuela. La culpa la tiene el covid, y evitar riesgos es la máxima de Ricardo y Elizabeth, que gestionan con diligencia esta hamburguesería café en la que se puede desayunar con café arábica 100 %, comer y cenar de una amplia carta de comida rápida pero sabrosa. Antes de la pandemia su horario era mucho más amplio y su capacidad también, pero las circunstancias les han llevado a cerrar más horas para dar mejor servicio y han reducido el aforo, en el interior y también en la terraza, eliminando las mesas necesarias para garantizar el distanciamiento. Ricardo recuerda que la limpieza en hostelería «es o debe ser algo natural, pero ahora es muy necesario un refuerzo. La normativa dice que hay que hacer tres limpiezas profundas, una antes de abrir, otra al cerrar y otra más entre ambas, por eso suspendemos el servicio de las 12.00 a las 13.00 horas, para la tercera», advierte. En La Ruta se han empeñado en cumplir y hacer cumplir todas las normas, que recuerdan a los clientes en grandes carteles.

Cartas lavables o códigos QR en pegatinas en las mesas, monodosis desechables por cada pedido, límite de estancia en el establecimiento, control de acceso a los aseos y solo una persona a la vez en ellos. «Los que no se han enterado de que hay una pandemia se enfadan, pero en general, la gente lo agradece y nos felicita», afirma. En La Ruta la opción de recoger o a domicilio ya existía, pero ahora ha aumentado la demanda y ese apartado también lo tienen controlado, acotado en una zona donde entra el cliente a por su pedido, pero los riders dejan sus mochilas fuera por higiene. Otra medida de tantas. Gracias a todos ellos por protegerse y protegernos.

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