«El fútbol necesita cambiar de valores»

MENOS ESTRELLAS Y MENOS NEGOCIO. Los gallegos Lucas Méndez y Carlos Rodríguez han creado Mundo Esférico, una plataforma digital de cultura futbolística que cuenta historias apasionantes de jugadores amateurs, seguidores y clubes

S.F

Desde muy pequeño, Carlos se colaba en el cuarto de su hermana mayor para escuchar en una casetera antigua los partidos de fútbol que transmitía la radio. En su casa nadie seguía a club alguno, no se hablaba de deporte; él era la resistencia. Fue cuestión de tiempo convertirse en un loco del balón y las patadas. Por suerte estaba su abuelo, quien lo llevó por primera vez a un bar para ver un partido. Con 7 años, este lucense supo de qué iba el amor. No podía ser otra cosa lo que sentía tan cierto y que rozaba lo irracional. Lo de ir al mismo bar con su abuelo se hizo cada vez más habitual y en poco tiempo ya era tradición.

Sin embargo, esta historia adquirió un valor real para Carlos tras la muerte de su fiel colega. Entonces supo la verdad, el secreto familiar más escondido. A su abuelo jamás le había gustado el fútbol y lo acompañaba en cada partido solo para pasar tiempo juntos. Desde entonces, le gusta decir que lo tiene en el corazón y en su piel. A un costado de su cuerpo lleva tatuadas las coordenadas geográficas del bar que frecuentaban y donde probablemente se forjó todo. Ese amor irracional por el fútbol decantó en devoción a su eterno compañero de juego.

DOS CAMISETAS

La familia de Lucas tampoco es futbolera. Sin embargo, su abuelo y su padrino le regalaron al nacer dos camisetas de equipos distintos: la del Barça y la del Celta. La idea era sembrar esa semilla por uno u otro club, y al final, triunfó el sentimiento celtista del abuelo. Este chico pontevedrés se apasionó con el club de la ciudad de Vigo, pero su interés por el deporte creció con los años. Se sorprende al recordar cada detalle de la Copa Mundial de la FIFA en el 2006, cuando solo tenía 10 años. Ahí conectó con un futbolista, el italiano Francesco Totti. Su destino se alineó para conocer Roma junto a sus padres y descubrió que, a la par del Vaticano y de Dios estaba Totti en Italia. En el 2018, una beca Erasmus le permitió volver a la ciudad y hacerse abonado de su club de fútbol. Así cumplía un pequeño sueño alimentado por la inocencia de un niño que exploraba el mundo. Estas experiencias fijaron el querer indagar sobre geografía, política y comprender el sentido de pertenencia que conecta al deporte con la gente. Para Lucas, el fútbol representa estar más cerca del sentimiento gallego y lo ayuda a ponerle nombre a esas emociones que le genera vestir su camiseta del Celta.

COINCIDENCIA

Coincidir en España con otro apasionado del fútbol no es muy difícil, pero que te siga el rollo de escribir, pensar y vivir para el fútbol es otra historia. ¿Cómo se cruzan los caminos de estos chicos? Desde pequeños, ambos proyectaron su deseos de ser futbolistas pero les quedó claro que era una utopía. La fórmula precisa para vivir la pasión deportiva, para disfrutar el juego sin ser un simple aficionado era estudiar periodismo. Escribir sobre fútbol sería como estar en el terreno y meter un gol sin patear el balón. Desde la universidad les surgió el interés por contar historias tan particulares como las de ellos.

A Lucas le costó entrar en la carrera porque al concluir el bachillerato no le dio la nota y se presentó al examen de selectividad al año siguiente. Quienes crean en casualidades y causalidades podrían pensar que era esto preciso para que coincidiera con Carlos en la Universidad de Santiago de Compostela y surgiera Mundo Esférico.

«Mundo Esférico es un medio digital de cultura futbolística, entendida como la relación del fútbol, el deporte y su influencia social», apunta Lucas.

Así, empezaron a plantearse el periodismo en serio. «En segundo año de la carrera nos unimos junto a otro compañero de clases para hacer el trabajo de una asignatura. Poco a poco nos enamoramos del proyecto porque nos enloquecía contar las historias que llevábamos dentro. También queríamos un sitio que fuese nuestro y creado desde cero. Como sabíamos que no íbamos a generar ingresos nos unimos un grupo de amigos sin un afán lucrativo inicial. De hecho, hemos perdido pasta», dice entre risas Lucas.

Carlos asegura que la pasión ha hecho el camino más fácil. «En un momento fuimos siete los integrantes, hoy somos cuatro. Si lo vemos en perspectiva, es cierto que hemos sacrificado bastantes horas de nuestro tiempo libre para mantener el proyecto, mas la satisfacción de ver que nos lee alguien que no es un familiar o un amigo se vuelve un aliciente. Todo lo que generamos es un tráfico orgánico, sin dedicar ni un euro a publicidad».

Pero Mundo Esférico exige nuevos derroteros. Más allá de ser plataforma digital, pretenden convertirse en la productora audiovisual referente en contar historias sobre fútbol al norte de la península. Según Carlos, la idea de transformarse en productora surgió este año, al ser becados por la Fundación Santiago Rey Fernández-Latorre y la Fundación Amancio Ortega en el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de la Universidade da Coruña. «Es un proyecto muy bonito y al que le tenemos muchas esperanzas. La idea es trabajar con clubes, marcas y cualquier aficionado que quiera formar parte».

«Queremos desmitificar el fenómeno del fútbol como negocio y grandes estrellas y centrarnos en jugadores amateurs, fanáticos y desconocidos. El fútbol necesita cambiar de valores», reconoce Lucas.

Tal como exponía el escritor Eduardo Galeano: «El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores». Estos chicos intentan rescatar la belleza de lo simple con Mundo Esférico.

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