Heike Freire «No tiene sentido que vuelvan a cerrarse las escuelas por covid»

La autora de «Educar en verde», un referente en innovación educativa, advierte: «La educación online no es educación, que dejen ya de llamarla educación»


Heike Freire, experta en infancia e innovación educativa, referente internacional de la pedagogía verde, aprendió de su abuela el amor por la naturaleza.Y hoy estudia los efectos del covid en menores de 20 años junto al pediatra José María Paricio: «Desde febrero teníamos datos de otros países, como China e Italia, en los que se veía que los niños son prácticamente inmunes al coronavirus. Últimamente hasta la Asociación Española de Pediatría ha empezado a decir que aquello que se había dicho de que los niños eran ‘transmisores silentes’ no era así. La pregunta es: ‘¿Y esa inmunidad a los niños de dónde les viene?’ Una de las tesis es que, como son personas a las que les atacan los otros coronavirus, tienen lo que se llama inmunidad cruzada».

-¿A los niños no se les consideró? ¿Se les puso una etiqueta sin base, a la ligera?

-A mí lo que aún me impacta es que el Gobierno no reconozca los errores que ha cometido; reconocerlos es la manera de no volver a hacer lo mismo en septiembre, porque no se puede. ¿Qué planteamiento hay de cara al futuro? Da la impresión de que no se revisan las actuaciones y se pretende caer en lo mismo. Y hay errores gordos, como no tener en cuenta los derechos de la infancia.

-¿Qué derechos se han vulnerado más?

-Podría decirte varios artículos de los derechos del niño que se han infringido, como no permitirles salir al aire libre sin base, o el derecho al juego, que tiene que ver con un desarrollo saludable. Son derechos y son necesidades, necesidades específicas de una población que está en crecimiento y precisa unas condiciones para un desarrollo saludable. Lo que sucede en la infancia condiciona el futuro. Si comes comida basura y sufres obesidad en la infancia, ya no te digo los problemas cardiovasculares o de diabetes que puedes tener en la edad adulta. Y eso a todos los niveles, al de tus capacidades físicas, psíquicas, sociales, emocionales, creativas, intelectuales... Hay que proteger la infancia, porque necesitamos un período largo de cuidados y de contacto con el medio natural, que es donde maduramos y nos completamos como personas desde hace cientos de miles, millones, de años. No podemos pasar esto por alto: el niño necesita estar al aire libre, necesita la luz del sol, necesita moverse y hacer ejercicio, tiene necesidades sociales imperativas. No son caprichos, son necesidades, derechos.

-¿Debemos evitar que dos niños de 5 años se den un abrazo?

-Ese tipo de comportamiento que se pide, y que se ha exigido ya a las maestras con protocolos propulsados sobre las escuelas desde una única perspectiva, no puede funcionar. Es grave pensar los protocolos educativos solo desde la epidemiología, y desde una epidemiología que no está actualizada con datos sobre la incidencia del covid en la población de los niños. Esto impide a las escuelas hacer su función y está obligando a los profesionales de la educación y a algunos padres a cometer negligencias e, incluso, maltrato. Porque no permitir que dos niños se acerquen no puede ser considerado buen trato. Cuando la gente escucha la palabra maltrato piensa en malos tratos físicos... pero no es solo eso. No sé cómo decirlo para que se entienda: si a un niño o una niña se le impide satisfacer una necesidad fisiológica como comer o dormir, le estás maltratando o siendo negligente. Si vas a separar a dos niños que necesitan abrazarse, yo a eso le llamaría maltrato activo. Es una necesidad psíquica imperiosa.

-Pero las normas son las que son, y se entienden como necesarias...

-Un director general de Asuntos Sociales me llegó a decir que el que los niños pudieran ir al supermercado o a la farmacia con sus padres iba a ser un balón de oxígeno...

-La solución escolar ha pasado por la tecnología. ¿Es una opción satisfactoria?

-Hay un miedo en los padres y las madres. Es fácil asustarlos, porque el mayor miedo que tienen es perder a su hijo, y por evitar perder a nuestros hijos somos capaces de cualquier cosa. Ese miedo es fácilmente manipulable. Yo llevo 15 o 20 años trabajando sobre esos miedos y sobre cómo la industria está aprovechándose de ellos. Si te lees cualquier libro de márketing de 1930 te dice: «El miedo vende». Coges mis libros, Educar en verde y ¡Estate quieto y atiende!, y hablan de esto, de lo que está pasando con los niños y la tecnología, y de las consecuencias del encierro para el niño, el hecho de ser sedentario, de estar en casa frente a una pantalla y los trastornos que puede provocar la máquina. Hay una cosa: se ha gestionado esta crisis desde el miedo, más que en otros países. ¿Por qué? Porque parece ser que nuestros gobernantes confían menos en nosotros. ¿Quiénes son las personas más fáciles de asustar? Los padres y las madres. Aquí hay un tema con la tecnología que llevo tiempo viendo. En los últimos 30 años hay estudios que demuestran que la distancia de juego a casa se ha reducido, por ejemplo, en un 80 %. Y esto ya en el 2011... Hace 30 o 40 años, como dice Tonucci, los niños llegaban de la escuela y jugaban en la calle y tenían una cierta libertad. Esto que pasaba en las ciudades y los pueblos ya no pasa. Por miedo.

-Y porque disminuyen los niños. Cuantos menos hay, más sobreprotegidos están, ¿no?

-Sí, y ese es un miedo que la industria ha aprovechado para venderles a los padres un montón de gadgets. Hace unos años se vendían en EE.UU. unas rodilleras para que los bebés gatearan... Porque, claro, el ser humano en sus 250.000 años de existencia, se ha hecho muchísimo daño gateando... ¡por fin ha llegado el Homo sapiens sapiens con unas rodilleras! Detrás de todo esto, y de la tecnología, hay unos intereses de las empresas que quieren poner sus garras en el mundo de la educación. La educación online no es educación, puedo asegurar que no lo es. Que dejen de llamarla educación. Y ahora, después de 20 años de conflicto, hay un consenso entre expertos sobre lo malas que son las pantallas por debajo de los 12-14 años. Y sin embargo lo que plantea el Gobierno como «solución» al problema del covid son las pantallas. Estamos en contra de que vuelvan a cerrarse las escuelas por coronavirus.

-¿No podemos ni debemos prescindir del profesor, hay que defender la escuela presencial?

-Los profesores deberían estar preocupados: lo digital se carga su profesión, les hace prescindibles. Al final, con la deriva online, con un profesor van a poder manejar muchísimos más alumnos. La máquina permite abaratar costes en el mundo de la educación y en el de la sanidad. En EE.UU. ya hay servicios a domicilio para personas mayores que los hacen máquinas, que hacen compañía a los abuelos todo el día, les recuerdan que tienen que tomarse la pastilla. ¿Esto es lo que queremos para nuestros niños? Una persona que todo lo recibe de la tecnología no tiene experiencias de primera mano. El filósofo Fernando Bárcena advierte que vivimos en una sociedad infantilizada y sin imaginación. Lo primero que se está robando a la infancia, con las pantallas, es la sensibilidad y la imaginación. Creamos una infancia que no es, pero desde antes del covid. A veces parece que preferimos a un niño planchado y limpio ¡que vivo! Hay que dejar atrás ya la escuela que solo se fija en lo cognitivo. Todas las leyes hablan de que la educación tiene que ser holística, e incluir todas estas dimensiones: la física, la emocional, la social, la creativa y la intelectual. No podemos volver en septiembre a la misma escuela.

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