«Celebramos unha graduación telemática»


Anair Velo tuvo la relativa suerte de ir a Madrid de viaje con sus compañeros poco antes de que estallase la pandemia. Puede quitarse esa espinita de haber pasado tiempo lejos de libros y subrayadores con sus amigos, porque una vez llegó marzo, como explica, los planes de futuro empezaron a tambalearse. Tanto Velo como su amigo Álex, que pretenden compartir piso en Santiago el próximo curso, donde quieren estudiar, comentan: «Cando empezamos a ver que no verán non ía haber festas comezamos a pensar noutras opcións coas que pasalo ben, e, de feito, agora estamos organizando festas de quince persoas en distintas casas, facemos churrascadas e quedamos ata as tantas». Desde luego, pocos jóvenes tienen pensado permitir que el covid-19 les agüe los planes. Ellos los que menos. Por eso ante la imposibilidad de realizar una graduación convencional, en su instituto, el IES Maximino Romero, de Baio, decidieron organizar una fiesta telemática de la mano de la asignatura de Imaxe e Son. «Fixemos vídeos os profes e nós e simulamos que o faciamos en directo». Eso sí, Álex reconoce que le hubiese gustado compartir ese momento con los profesores. Cuenta la leyenda «que o ano pasado algúns estiveron ata as sete da mañá». Y eso, para un postadolescente es casi tan excepcional como asistir a una pandemia de las características de la actual.

Ahora se les abre a ambos un nuevo camino que, por no variar respecto a los últimos meses, se presenta incierto. Anair quiere estudiar Enfermería en la USC, y Álex no tiene aún claro si Odontoloxía o Veterinaria, pero también se muda a la capital gallega. Tiene ganas este último de que llegue ese momento. Sobre todo, porque hasta hace poco sus sueños estaban puestos en un viaje que iba a hacer a Buenos Aires en agosto «para coñecer a parte da familia», un proyecto que se ha truncado.

Otro plan clásico de este final de etapa es sacarse el carné de conducir. Álex cuenta que no le preocupa demasiado este tema porque, como tiene moto, será más sencillo, aunque sí quiere disponer cuanto antes de la licencia. Anair, por su parte, tenía pensado ponerse con este asunto después de la fecha original de selectividad, a principios de junio, pero ahora prefiere disfrutar del verano, aunque sea de un modo distinto, y preocuparse de este tema más adelante. «Xa tocará».

José Rama ya era un rara avis antes de convertirse en esa generación que, como dicen algunos de sus amigos, va a ser estudiada en un futuro. Con 18 años, se trata de uno de esos chavales que todavía se animan a estudiar carreras como Filología Hispánica. Quiere formarse en Santiago, pero se encuentra algo temeroso porque reconoce que no hay mucha información sobre cómo se va a desarrollar el primer año. Y esto no es todo: la odisea de encontrar dónde vivir solo dificulta una situación de por sí muy laboriosa. «Es que, por ejemplo, hay residencias con baños compartidos que ya están diciendo que no van a abrir, y en algunas piden un documento que acredite que no tienes determinadas enfermedades». Pero José está acostumbrado a los contratiempos. A poner en marcha la maquinaria para salvar un año en el que tenía en mente irse de Interrail y a Roma. Además, se compara con algunos de sus compañeros que se quieren ir a estudiar a Madrid o Barcelona y dice que lo suyo son minucias, que «eso sí es un verdadero caos. De hecho, alguno está muy enfadado».

Unos días sabáticos

Respecto a la vida en casa, dice que no ha estado tan mal. Y agradece a sus profes que le han hecho la tarea estudiantil más sencilla pese a tener que asistir a clase a través de una pantalla. Ni siquiera está muy agobiado por la selectividad, y estos días se estaba tomando «una semana y media sabática». Por otro lado, dice que como en su colegio, Santa María del Mar, les van a dar clases de repaso, eso le tranquiliza.

Casi le supuso más quebraderos de cabeza acostumbrarse a las videollamadas. «Es que no soy nada amigo de esas cosas, prefería hablar por teléfono; soy muy a la antigua usanza». Del mismo modo, reconoce que el tema de no poder salir de fiesta no le agobia porque no se reconoce «muy festexeiro». «En cualquier caso, sí tengo ganas de esa libertad que te dan los 18 y esta incertidumbre es complicada, pero bueno, malo será que en unos meses no esté viviendo ya fuera como un universitario más».

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