Más alegría y respeto en los restaurantes

Hemos vuelto pidiendo los mismos platos, pero nuestra actitud ha cambiado. Así lo atestiguan los propietarios de un chiringuito en San Vicente (O Grove), de un mesón de la rúa do Franco y de otro del casco viejo de Lugo


De rito cotidiano pasó de pronto a convertirse en ensoñación. Aquella tapa que acompañaba el vino y la tertulia al mediodía, aquella caña fresquita en la terraza al atardecer y, por supuesto, aquella cena en aquel restaurante que sabes que nunca falla.

Han sido algunos de los grandes anhelos del confinamiento a los que los cambios de fases nos ha vuelto a dar acceso. Con restricciones y con nuevas medidas de seguridad y de higiene sanitaria. Pero acceso al fin y al cabo.

«Se nota que la gente tenía muchas ganas de salir a comer y a cenar fuera de casa», corroboran los propietarios de los tres establecimientos -de entornos, ofertas y contextos muy distintos- con los que hemos hablado.

Y tres son las palabras en las que coinciden todos ellos: alegría, calma y respeto.

Cabía la posibilidad de que el regreso a los restaurantes tuviera algo de bacanal, de recuperar el tiempo perdido, de comer y beber como si no hubiese un mañana. Pero no ha sido así. También en este ámbito se confirma el sentidiño del que presumimos los gallegos. El retorno ha sido disfrutón, sí, pero con comedimiento y prudencia. Los platos preferidos por la clientela, aseguran, siguen siendo los mismos que antes del confinamiento. Será quizá por aquello de que en tiempos de incertidumbre el personal tiende a apostar por el valor seguro de los clásicos. O será, sencillamente, por lo mucho que los hemos echado de menos.

Al tiempo que prepara la reapertura de la Taberna Meloxeira (21 de junio), Álvaro Fuentes echa una mano estos días en la cocina del negocio familiar, el chiringuito Area da Cruz, ubicado en la playa del mismo nombre, en San Vicente (O Grove). «A reapertura no puido ser mellor», confiesa. «Fixo un tempo boísimo e a xente está respondendo moi ben».

Advierte además que la clientela llega con más calma y paciencia que antes. «Aínda que non falta quen se dá un paseo pola terraza tocándoo todo, a maioría da xente agarda sen que llo teñas que dicir a que desinfectes a mesa e as cadeiras, a que os avises de que se poden sentar, piden permiso antes de ir ao baño... É moi de agradecer esa comprensión, a verdade».

Eso sí, Álvaro Fuentes advierte diferencias entre la clientela del mediodía y la de la tarde. «Á mañá son máis respectuosos. Despois, xa pola tardiña relaxan máis». También reconoce diferencias entre la disponibilidad de la terraza y del comedor interior. «A xente aínda ten receo a entrar no local. Se lle ofreces mesa na terraza nin o pensan pero entrar ao local aínda lles custa». Pocos cambios ha sufrido la oferta culinaria de Area da Cruz en los últimos 17 años. Y el confinamiento no ha variado esa situación. «Esta é unha casa de cociña tradicional, de peixes frescos, sardiñas, churrasco... E iso é o que máis nos están pedido agora tamén». Confiesa Álvaro que «ao mellor algunha botelliña de viño máis que antes si que cae, pero sen loucuras».

En cuanto al perfil de la clientela, tampoco advierten diferencias. «Estamos tendo bastantes familias e grupos de amigos. É normal. Había moigañas de xuntarse».

Asegura José Ribas que no fueron criterios económicos ni de rentabilidad los que le llevaron a reabrir El 42 hace un par de semanas. «A día de hoy en todo el Franco hay cuatro locales abiertos. ¿Qué mensaje estamos dando a la gente de Santiago? Que pasamos de ella. Que solo nos interesan los turistas. Pues no, nosotros tenemos mucha clientela de Santiago y por respeto a ella decidimos abrir». Cierto es que sin visitantes foráneos y sin estudiantes la afluencia se ve sensiblemente mermada. «Pero como no tenemos terraza y tenemos limitación de aforo hemos trabajado bastante bien», añade.

Ribas destaca la rápida adaptación de la clientela a las nuevas normas. «No te meten prisa, no protestan si algo se retrasa un poco. Son conscientes de lo excepcional de la situación».

Reconoce el propietario de El 42 que le tenía cierto temor a la reapertura. «Pero noto en la gente mucha más alegría que miedo. Vienen familias con niños y les veo tomando algo con cuidado, sí, pero muy contentos. Eso es lo que me deja esperanzado».

El 42 ha optado por reducir la carta y eliminar de ella productos muy perecederos y caros, como los mariscos. Su demanda se sigue fundamentando en platos como el pulpo, las tostas o la parrillada de carne. «Igual que antes del confinamiento». Lo que sí han variado son los platos que antes se compartían entre varios comensales. «Lo que hacemos es sacar raciones emplatadas. En vez de sacar una tortilla para cuatro, lo que hacemos es dividirla y sacarla en cuatro platos».

EL PINCHO QUE NO FALTE

Las nuevas normas también han hecho variar el modo de ofrecer algo tan esencial en Lugo como es el pincho que acompaña cada consumición. En el mesón O Castelo, en la rúa Nova, se ha sustituido la mítica bandeja llena de pinchos con las que los camareros recorrían el bar y la terraza por tapas individuales. «Pero la tapa se sigue dando, por supuesto. Es una seña de identidad de Lugo», comenta su propietario. También procura no sacar raciones para compartir. Para ello ha puesto las medias raciones de cada plato exactamente a la mitad de precio que la ración completa. Aun así hay quien te dice «si dormimos juntos, también podremos comer juntos. ¿Y qué le vas a decir?»

Confiesa Jorge Figueroa que no pegó ojo las noches anteriores a la reapertura. «Estaba más nervioso que cuando inauguré hace 23 años. Sabía que había mucha ansiedad por salir y no tenía claro cómo se comportaría la gente». Enseguida se dio cuenta de que sus temores eran infundados. «El comportamiento está siendo excepcional. La gente es consciente de la situación y respeta mucho más nuestro trabajo». Un respeto que es de ida y vuelta. «También para nosotros supone más esfuerzo y menos consumo. Pero hay que asimilarlo».

Respecto a las apetencias de la clientela, el propietario de O Castelo apenas ha advertido cambios. El pulpo, la carne a la brasa y el jarrete al horno siguen siendo los más demandados. Donde sí notó alguna diferencia fue en la terraza los primeros días. «La gente tenía miedo de no poder coger sitio en otra terraza y en vez de una cerveza se tomaban dos, tres o cuatro. Había quien llegaba a las ocho y no se iba de aquí hasta las once».

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