«En este momento necesito frenar para interpretarme a mí misma»

Su última obra fue «Juntos», en la que interpretó a Isabel, una madre que vive por y para su hijo discapacitado. Pero también se deja querer por la tele con «Las chicas del cable» o «La casa de papel». Disfrutona, cumple 50 años de carrera y asegura: «Recargo pilas cocinando y cultivando mi invernadero»


María Isabel Mantecón, más conocida como Kiti Manver, (Antequera, 1953) asegura: «Ya desde chiquitilla tuve claro que lo mío era la interpretación y acabo de celebrar mis cincuenta años en el oficio». Casi nada. Una carrera en la que ha habido muchas luces, como cuando ganó un Goya, por su trabajo en Todo por la pasta, pero también ha vivido momentos grises: «Los primeros veinte años fueron duros. Eso sí, entre quedarme en casa esperando un rol de protagonista y hacer un papel pequeño, lo tenía claro». Así, con mucho esfuerzo y dedicación, ha ido labrando una intensa trayectoria profesional en la que ha rodado con los grandes del cine. «Me siento muy querida tanto por mis compañeros de oficio como por el público y eso es muy bonito».

—Tu última obra fue «Juntos», una historia familiar que tan pronto nos despertó sonrisas como hizo que nos emocionásemos. Menuda montaña rusa emocional.

—Desde luego. Es una tragicomedia, mi género favorito donde se cumple la catarsis, el llevar las emociones al extremo, tanto para mí, como actriz, como para los espectadores. Termino agotada de tanto vaivén emocional, pero muy feliz, es una obra preciosa, de las que dejan huella.

— La obra narra la historia de una madre, que convive con su hijo que padece una discapacidad mental y de repente reaparece la otra hija, tras diez años sin saber de ella.

—Pues sí. Esta obra habla de la incomunicación en la familia, de la falta de sinceridad, de la incapacidad de decir lo que sienten y necesitan, en definitiva del amor. Dificultades con las que todos nos podemos sentir identificados de alguna manera. Por eso, llegó tanto a los espectadores, porque empatizan y conectan con los personajes. El texto rezuma autenticidad y eso se respira, escuchas los suspiros y los silencios te calan; y ser testigo de ese viaje es muy enriquecedor.

—Interpretas a Isabel, una madre dedicada en cuerpo y en alma a su hijo Miguel, enfermo mental. ¿Qué te está regalando este personaje?

— Isabel es un personaje maravilloso, que me aportó mucha dicha y agradecimiento como actriz y un gran enriquecimiento en lo personal. Mi personaje vive resignada cuidando de su hijo discapacitado, olvidándose de su otra hija y de ella misma, sobreviviendo con una tristeza infinita. Esta historia muestra el grave problema de la dependencia y las dificultades que provoca en el ámbito familiar.

—¿Estamos preparados para la diferencia? Esta es la pregunta que plantea la obra y yo te la lanzo a ti.

—Creo que todavía hay mucha gente a la que le da miedo lo diferente y lo aparta. Para mí, cada persona es única y especial por sus capacidades y sus dificultades. Si conseguimos que el público reflexione y se sienta identificado con lo que sucede, es el mejor de los regalos.

—¿Con qué momento, vivido con el público, te quedas?

—Con todos, porque cada uno está cargado de emociones y sentimientos de verdad. Recuerdo a varias mujeres contarme, a la salida del teatro, que sus vidas eran como las de Isabel y me llegaron mucho; familias enteras dándonos las gracias por hacer esta obra. Estos son los momentos mágicos que dan sentido a mi trabajo como actriz.

—¿Qué tiene el escenario que encadenas una obra tras otra?

—Que es único. Los actores que hacemos teatro lo repetimos hasta cansarnos, pero cuando plantas los pies en escena y sientes cómo respira el público, te da un subidón increíble, me carga de energía. Fíjate, es un arte repetitivo, pero ahí reside la verdadera disciplina y entrega del actor al público.

—Dicen los actores veteranos, que en el escenario se olvida y se pasa todo.

—Eso será, porque es terapéutico. Sales con un catarro y tiras adelante, luego acabas la obra y estás para meterte en la cama y no salir en dos días, pero tú has bordado la función. Y es que para salir al escenario hay que estar en estado de gracia, como dos centímetros elevado del suelo. Requiere mucha concentración y dedicación, es mágico.

— Muchos años de oficio y un sinfín de personajes a cuestas. ¿Vivir tantas vidas ajenas te ha hecho mejor persona?

—Espero que sí, ese es mi deseo. Con cada uno de mis personajes aprendo de sus dificultades, sus decisiones, sus errores, sus ilusiones y de sus vidas tan dispares. Además, como el oficio del actor te obliga a estudiar continuamente, eso es estupendo para la mente, ya que te mantiene activo.

—¿Recuerdas algún personaje en especial?

—Sí. Cuando hice de hombre en Las heridas del viento. Interpreté a Juan, un tipo amargado y muy contenido. Lo más difícil de meterse en la piel de un hombre fue hacerlo creíble. Fue un papel muy interesante.

—¿Cuál es la cara b del oficio del actor?

— No me gusta ser quejica, porque la vida es complicada para todos. Lo que no se ve de nuestro oficio es la falta de trabajo. Cuando no surgen proyectos, ni acudes a pruebas ni cuentan contigo, eso es duro de pasar.

—A lo largo de tus cincuenta años de oficio, ¿has pasado también por momentos complicados?

—Por supuesto. Los primeros veinte años fueron duros. Luego hay que ser sensato y prudente si tienes un subidón, porque esta profesión es un vaivén continuo. Yo creo que lo hice bien, porque durante mucho tiempo no me salían protagonistas y no tuve complejo en hacer cosas no tan grandes.

—¿Cuestión de supervivencia o amor al oficio?

—Pues ambas cosas, la verdad. Entre quedarme en casa esperando un rol de protagonista y hacer un papel pequeño, lo tenía claro. Así, he podido trabajar con directores muy variopintos y he aprendido mucho.

— Has trabajado con todos los grandes directores desde Almodóvar, Gerardo vera hasta Álex de la Iglesia, Garci…

— Alguno falta, pero me siento muy orgullosa de mi trayectoria. Siempre he estado abierta a trabajar con la gente joven, porque vienen con nuevas ideas y se aprende mucho.

—¿Te sientes querida y respetada por la profesión?

—Sí, me siento muy querida por mis compañeros y también por el público y es algo muy bonito. Es una inmensa suerte y un privilegio que mi oficio valore y reconozca mi trabajo.

—¿Algún proyecto a la vista? ¿En qué tipo de charco te gustaría ahora meter los pies?

—¡Ja, ja, ja! Ahora me gustaría parar. He estado meses trabajando a destajo, encadenando un proyecto tras otro: Las chicas del cable, Velvet Colección, La casa de papel más el teatro. Necesito hacer un parón para nutrirme e interpretarme a mí misma.

—¿Y cómo es eso de interpretarte a ti misma?

—Estando quietecita y disfrutando de aquello que me gusta y me da la vida. Regresando a mi día a día, sin horarios ni prisas.

—¿Con qué disfrutas? ¿Qué te llena de alegría?

—¡Uy! Muchas cosas. Recargo pilas cocinando y cultivando hortalizas en mi invernadero. Me entretengo observando si crecen mis tomates. Soy muy positiva. No soy de los que me hundo en la miseria, tiro adelante como sea. Soy muy disfrutona de la vida.

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