Javier Gutiérrez: «Quiero volver a Galicia y recorrérmela en coche»

El hogar, según Javier Gutiérrez, «puede ser el infierno o la paz, depende de lo que tengas en casa». Con Mario Casas, llegó al número uno en pleno confinamiento con la película «Hogar». El suyo él tiene claro dónde está. Y también dónde se come y se veranea mejor...

Javier Gutiérrez, protagonista de «Hogar», un thriller de denuncia social
Javier Gutiérrez, protagonista de «Hogar», un thriller de denuncia social

Hijo predilecto, favoritísimo, de Ferrol, Javier Gutiérrez fue a nacer en Luanco en el 71, pero se siente «muy gallego». «Que no se enfaden en Asturias, que no sabes el cariño con que me trata siempre que voy... Siento que por mis venas corre esa sangre asturiana, pero yo donde me crie, donde comencé a andar y a hablar, donde pasé mi infancia y mi juventud fue en Ferrol. Tengo ahí una casa a la que voy siempre que vuelvo, y mis dos hermanas y mi madre están ahí. Soy ferrolano de pro y hago lo que está en mi mano para ayudar a mi ciudad», asegura el pequeño de tres hermanas, fiel seguidor del Racing y de la cocina de su madre. «Es que mi madre cocina muy bien, como todas las madres, ¿no?». Quizá las madres de antes... «Ella es capaz de hacer con muy poca cosa unos platos exquisitos. Bien es cierto que no es lo mismo una tortilla de patata en Galicia que en Madrid. Ya no te digo un caldo... En mi casa, la cocina siempre ha sido un lugar de reunión donde las sobremesas se alargan horas y horas, sobre todo las cenas...», saborea.

Tras llegar al número uno en España y Francia con el thriller Hogar, que llegó a situarse en tercera posición en Estados Unidos, el actor de Campeones está a la espera de reanudar en Jaén el rodaje de La hija, en la que repite con Martín Cuenca tras El autor, que le dio el segundo Goya tras La isla mínima. «Quedaban dos semanas de rodaje cuando tuvimos que parar. El estreno estaba previsto para final de año. Pero, culturalmente, las expectativas no son halagüeñas. El nuestro es un sector muy golpeado por la crisis, como otros, pero los cines y los teatros han sido los primeros en cerrar y seremos los últimos en abrir», considera.

-¿La cultura es, como dicen, la primera en enterarse de las crisis y la última en reponerse de ellas?

-Sí... Y es una pena, porque vemos la importancia que tienen la educación y la cultura, pero hay políticos en nuestro país que desdeñan y pisotean la cultura. Mirando a derecha e izquierda encontramos ejemplares muy exóticos. Los ciudadanos de este país no nos merecemos esas luchas políticas, ese mercadeo con los votos sacando rédito de la muerte. Yo me siento horrorizado con el discurso infantil y perverso de algunos políticos; ya no existe la esgrima verbal que había hace unas décadas en el Congreso.

-¿Te veremos en «La hija» en la piel de un padre?

-No, La hija es una película en la que interpreto a un marido que tiene muchas ganas de ser padre, y para ello va a llegar a las últimas consecuencias, para cumplir su sueño de formar una familia. Y hasta ahí puedo leer...

-Eres un marido y un padre gélido en «Hogar», que Netflix estrenó en pleno confinamiento. Aterradora.

-Los hermanos Pastor, que han escrito y dirigido una serie producida por Matt Damon y Ben Affleck, y acaban de escribir otra serie para Amazon, tienen mucho talento. Accedieron a hacer aquí este guion, pudiendo elegir EE.UU., y querían que la maldad en Hogar estuviese reflejada en un ciudadano medio, la maldad vestida de persona normal, una persona amable que incluso en los primeros minutos de la película consigue que el espectador empatice con él.

-¿Qué le pasa a Javier, a ese monstruo de apariencia impecable que protagoniza «Hogar»?

-Javier es alguien que está al borde de la desesperación, rozando la invisibilidad laboral, y esto hace que tome decisiones incorrectas... Él en principio trata de salvar a su familia, tras verse anclado en el paro quiere reflotar y volver a ser la persona que era, sobre todo para conservar su estatus social. Creo que la película, más allá del thriller psicológico, encierra una denuncia, una dura crítica social.

Javier Gutiérrez y Mario Casas, antagonistas en la película «Hogar», que estrenó Netflix en el confinamiento y llegó al número 1 en España
Javier Gutiérrez y Mario Casas, antagonistas en la película «Hogar», que estrenó Netflix en el confinamiento y llegó al número 1 en España

-¿Una crítica a la ambición voraz de tener, caiga quien caiga, un estatus, una vida lujosa, confortable?

-... A dejarnos llevar por la ambición desmedida en un mundo que nos obliga a consumir de forma compulsiva. Hogar es una cebolla en la que hay muchas capas. Y de alguna forma hemos aprovechado el confinamiento para que la película tuviese visibilidad.

 «En estos momentos tan delicados estoy viendo de una forma pornográfica en Instagram casas que me dejan asombrado. Cómo la gente sin ningún pudor abre las puertas de su casa y su intimidad»

-Es curioso, porque no resulta balsámica para sobrellevar un encierro. Vemos que el hogar que puede parecer idílico desde fuera encierra una vida de terror.

-El hogar puede ser el infierno o puede ser la paz. Depende de lo que tenga cada uno en casa. En estos momentos tan delicados para la sociedad, inmersa en la pandemia del covid, estoy viendo de una forma pornográfica en Instagram y otras redes sociales casas que me dejan asombrado. Cómo la gente sin ningún pudor abre las puertas de su casa y su intimidad, sin darse cuenta de que hay gente que lo está pasando mal porque no puede llenar la nevera, o porque son una familia de seis personas en 50 metros cuadrados.

—¿Te refieres a la frivolidad de mostrar el lujo sin respeto a las carencias o las necesidades de otros?

—Sí, este tipo de crisis sacan a la luz la gran brecha social que hay, la diferencia de cómo se vive en un lugar y en otro en una misma ciudad. Y cómo la sociedad no tiene problema en hacer de eso algo pornográfico, porque exhibir tu casa de esa manera es no ponerte en la piel de otros. A mí me parece irresponsable. Yo creo que las redes han propiciado que nos volvamos más egoístas, confinados en un mundo más cerrado, más hostil para las relaciones sociales.

—¿Es un dardo al teletrabajo?

—No me refiero al teletrabajo, sino al hecho de pedir la comida para que te la traigan a casa, con lo cual no tienes ningún trato que suponga un riesgo. Y no te digo ahora, pero y después... ¿Cómo vamos a convivir después de todo esto? Parece que serán más difíciles las relaciones, el ponerse en el pellejo del otro.

—Sin embargo, también conmueve la solidaridad de algunas personas.

—Es que el pueblo es siempre el que salva al pueblo, creo. Lo veo en mis vecinos. Cuando llegué de Cazorla, tras suspenderse el rodaje de La hija, me emocioné, había varios carteles en la entrada, en el portal, en los que gente joven se prestaba a ayudar de la forma que fuese a los ancianos del edificio. Estamos en manos de otros, siempre nos queda confiar en esta solidaridad. Hay gente que necesita que todos arrimemos el hombro, ciudadanos y políticos. Los políticos no pueden entrar en el debate de ¿ingreso mínimo vital sí o no? Estamos hablando, en España, de gente que se está muriendo de hambre. Y vuelvo a Hogar: un tipo que empieza la película en un ático donde se divisa el skyline de Barcelona y meses después tiene que volver al barrio obrero del Carmel, eso es para él como descender a los infiernos, así que va a hacer todo lo posible por recuperar su vida anterior, no por conseguir un trabajo ni sacar a su familia adelante, sino por recuperar el estatus y la posición privilegiada que tenía en la sociedad. Antes de perderla, es capaz de hacer cualquier locura.

—Pero el infierno de Javier en «Hogar» ya estaba en el ático lujoso con buenas vistas sobre Barcelona, ¿no? En esa familia ya existía un infierno discreto, sin calidez alguna en las relaciones.

—Sí, seguramente se ve en la relación que él mantiene con el hijo... Él es un tipo obsesionado con alcanzar el éxito de puertas para fuera, pero de puertas adentro no ve la zozobra de su familia.

—¿Es tu personaje de «Hogar» un arquetipo de un mundo prepandémico, un tipo de infeliz común?

—Creo que puede ser un retrato de muchos ciudadanos, de esta sociedad en la que entras en un restaurante y ves a una familia comiendo cada uno atento a su dispositivo electrónico... El niño con la tableta o la maquinita y los padres cada uno con su móvil. Es un mundo abocado a aislarnos en nosotros cada vez más, lo que me provoca una angustia y un miedo terribles.

—En «Hogar» el contrapunto de Javier es Tomás, al que interpreta Mario Casas, imperfecto pero sensible.

—Tomás (Mario) es la cara del éxito, lo que Javier quiere para sí. Quiere usurpar y vampirizar esa identidad hasta que se da cuenta de la grieta de Tomás, que tiene sus debilidades, su adicción al alcohol, un pasado tormentoso... con un trabajo que no ha logrado por ser quien es, sino por casarse con la hija de un empresario de éxito. Mario es perfecto para expresar la vulnerabilidad de su personaje.

El actor en el 2018, año en el que recibió su segundo Goya, por «El autor»
El actor en el 2018, año en el que recibió su segundo Goya, por «El autor»

—¿Qué es para ti el hogar?

—Para mí el hogar es la paz, es el lugar para aislarte del ruido que te devora. Yo paso mucho tiempo fuera de casa, y estos meses de confinamiento me han permitido una paz interior, un momento de acercamiento más íntimo con los míos a través de llamadas diarias con mi madre, con mis hermanas, y una relación fuerte con mi hijo... El conciliar el trabajo con ser padre o madre es complejo. Cuando llegas del trabajo, te queda poco tiempo para disfrutar de tus hijos. Si acaso, a bañar, a cenar y hasta el día siguiente. Este tiempo de confinamiento me ha servido para tejer un hilo de conexión mayor con mi hijo, Mateo. Detrás de las ventanas, de puertas para adentro, en mi casa trataba de aislarme un poco, de escuchar poco las noticias para saber solo lo importante, sin obsesionarme. Creo que ha habido una especie de obsesión también que nos ha llevado al alarmismo y el miedo. Para mí, el hogar es el lugar donde reposo.

—Galego de pro?

—¡Me siento muy gallego! Que no se enfaden en Asturias, que no sabes el cariño con que me trata siempre que voy... Por mis venas corre esa sangre asturiana, pero yo donde me crie, donde comencé a andar y a hablar, donde pasé mi infancia y mi juventud fue en Ferrol. Y aquí están mi madre y mis hermanas. Yo soy ferrolano de pro.

Gutiérrez dijo de «Campeones»: «Siempre será la película de mi vida»
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—Cuando te entrevistamos por «Campeones» nos contabas que tenías, sobre todo, «hambre de vivir». ¿Cómo te sientes ahora, diferente?

—Continúo con esa hambre, con esas ganas, también con un poco de miedo por lo que estamos pasando. No soy ajeno a que esta enfermedad va a cambiar nuestra forma de vivir, algunos hábitos, y he visto a gente muy cercana golpeada o que ha muerto... Pero esas ganas de vivir, de disfrutar de mi profesión, de la gente a la que quiero, de los placeres pequeños, como, mira... ahora mismo tengo un ribeiro en el congelador, y voy a hacer un arroz... y a disfrutarlo con mi chica. Son pequeños placeres que me hacen inmensamente feliz, más que unas vacaciones en Bahamas.

—Aún si fueran en Galicia...

—¡No sabes las ganas...! Cuando me preguntan lo primero que voy a hacer cuando esto pase, digo: coger el coche e ir a Galicia. Quiero hacer un tour con mi chica, volver a Galicia y recorrérmela toda en coche, disfrutar de la comida y las maravillas de nuestra tierra.

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