Javier Cid, inmunólogo: «Esperar a que la vacuna funcione en 9 de 10 personas no tiene por qué ser lo mejor»

Comer bien y dormir entre 6 y 8 repercuten de manera positiva sobre el sistema inmunitario, que a partir de los 40 empieza a debilitarse. Cid advierte que la respuesta inmunitaria propia es más ventajosa que la vacuna clásica


El sistema inmunitario es único e irrepetible: cada persona tiene uno propio que alcanza su mejor momento entre los 10 y los 20 años, y que a partir de los 60 se debilita notablemente. Sin embargo, Javier Cid, inmunólogo del Chuac, advierte que podemos reforzarlo con una dieta saludable y variada, y que el tabaco, el alcohol, pero también la falta de sueño repercuten negativamente. Señala que nos falta muchos datos del coronavirus para valorar por qué ataca de manera tan distinta a unos y a otros, y ante la falta de vacuna o de fármaco con el que combatir -añade Cid- «lo más rápido sería que algunos de los que ya están aprobados para su uso médico se demostrase su efectividad en las manifestaciones de la covid-19».

-Ahora que empezamos a salir, el sistema inmunitario va a ser nuestro escudo. No todos tenemos el mismo, ¿de qué depende? ¿Tiene una base genética?

-Prácticamente todas las patologías tienen un componente genético. Así como hay mutaciones que hacen a sus portadores más propensos a algunas infecciones, otras mutaciones proporcionan mayor resistencia, por ejemplo al paludismo o a la infección por VIH. El problema es conocer exactamente qué rasgos genéticos y en qué grado predisponen a la enfermedad o nos protegen de ella. No disponemos aún de esta información para la covid-19.

-De como sea ese sistema, ¿depende la respuesta inflamatoria de nuestro cuerpo? ¿De ahí que haya personas a las que les haya afectado más que a otras o no tiene nada que ver?

-Un porcentaje de personas han pasado la enfermedad con evolución más agresiva, por desgracia a veces fatal. Además de la dotación genética, inmutable en cada persona desde que nace hasta que muere, hay otros factores relacionados con esta respuesta inflamatoria excesiva, como las modificaciones genéticas reversibles (cambios epigenéticos), la historia personal de infecciones pasadas, el envejecimiento del sistema inmunitario y la presencia de otras enfermedades (hipertensión, diabetes, enfermedad pulmonar...). Aunque hay varios estudios en marcha que analizan todos estos factores, aún no disponemos de resultados concluyentes.

-¿El sistema inmunitario está relacionado con la nutrición?

-Como en otros sistemas del organismo, la nutrición influye de manera clara en el buen funcionamiento del sistema inmunitario. Además de un aporte calórico y proteico adecuado (la desnutrición es una de las causas de respuesta inmunitaria débil), existen varios micronutrientes importantes para una respuesta inmunitaria eficaz.no

-¿Hay algún nutriente clave para reforzar el sistema?

-Más que un nutriente clave, lo que hay es un grupo de micronutrientes importantes para el buen funcionamiento del sistema inmunitario, fundamentalmente varias vitaminas (A, B12, C, D, E, y ácido fólico) y ciertos minerales (hierro, calcio, zinc, selenio, magnesio y cobre).

-¿Qué alimentos lo llevan?

-Una dieta variada que incluya cereales, legumbres, frutas y verduras, huevos y productos lácteos, carne (mejor blanca que roja) y pescado, proporciona las cantidades necesarias de estos micronutrientes. Si por razones de salud o por elección personal, una persona elimina de su dieta un alimento o un grupo de alimentos, debería buscar una fuente alternativa de estos nutrientes.

-Con los años empeora, se debilita... ¿A partir de qué edad se aprecian cambios?

-El debilitamiento del sistema inmunitario se debe a que la cantidad y variedad de células del sistema inmunitario, y la función de estas, van disminuyendo con los años. Es como empezar con una caja de herramientas muy bien surtida, pero a medida que pasa el tiempo algunas de ellas se pierden, otras se desgastan y dejan de funcionar bien. Entre los diez y los veinte años el sistema inmunitario está en su mejor momento. A partir de los cuarenta comienza este debilitamiento, que se hace más llamativo a partir de los sesenta años.

-¿Se puede reforzar de algún otro modo al margen de la nutrición? ¿Hay algo que esté en nuestras manos?

-Abandonar hábitos perjudiciales como el consumo de alcohol y tabaco. También es deseable reducir el nivel de estrés, a lo que ayuda la práctica continuada de un deporte o actividad física acorde a las capacidades de cada uno. Por último, un número adecuado de horas de sueño (generalmente entre 6 y 8) influye también sobre el sistema inmunitario: se ha descrito la relación entre un patrón de sueño adecuado y la mejor respuesta a vacunas; también entre la falta de sueño (menos de 5 horas) y el aumento de infecciones respiratorias por virus.

-¿Debería hacerse el test de anticuerpos a toda la población?

-Es impracticable e ineficiente realizar pruebas de anticuerpos para toda la población. Para un estudio epidemiológico, tomar una muestra representativa de personas cuyo análisis permita obtener resultados extrapolables a toda la población supone un mejor uso de los recursos. El valor protector real de los anticuerpos depende de su capacidad para bloquear el virus y de cuánto tiempo dure su producción. Aún necesitamos datos adicionales y a más largo plazo para poder confiar al 100% en este «seguro biológico». Este conocimiento sería especialmente útil para la evaluación en grupos de riesgo, que a pesar de las medidas de protección que puedan adoptar seguirán teniendo una probabilidad de contagio mayor que la población general.

-A falta de vacuna, ¿los anticuerpos pueden ser la clave para curar a los contagiados?

-De los tratamientos utilizados a día de hoy, la administración de plasma de un paciente recuperado es quizá el más «especializado» para la covid-19, ya que los anticuerpos actúan específicamente sobre el virus. El plasma se usa para pacientes con evolución complicada, y parece ser más eficaz en los primeros días de ingreso, al frenar la dispersión del virus por el organismo.

-¿Qué llegará antes: un fármaco o una vacuna?

-En ambos casos lo habitual es que se tarde varios años en conseguir la aprobación, cuando se demuestran la seguridad y la eficacia del tratamiento; aunque las fases puedan acortarse por razones de urgencia, es difícil que el tiempo total sea menor de un año o año y medio. Lo más rápido sería el «reposicionamiento» de fármacos: que alguno de los ya aprobados para uso médico, o que ya hayan pasado varias de las fases previas a la aprobación, se demostrase en ensayos clínicos efectividad en alguna de las manifestaciones de la covid-19.

-¿Deberíamos fiarnos de una vacuna exprés? ¿O es preferible esperar más tiempo pero que esté más probada?

-Desarrollar una vacuna en el menor tiempo posible es importante, pero no menos importantes son su seguridad (que no cause efectos adversos) y su eficacia (que proteja a los vacunados). De estas tres características, tiempo, seguridad y eficacia, quizá la menos estricta sea la eficacia: una vacuna segura, aprobada por las agencias del medicamento nacionales, que funcione en 3 de cada 4 vacunados y que se administre al 80% de la población, conseguiría la inmunidad de grupo aceptable para contener la covid-19. Esperar un tiempo indeterminado para disponer de una vacuna que funcione en 9 de cada 10 vacunados no tiene por qué ser la mejor decisión.

-Estos días supimos que hay un equipo gallego que trabaja en una vacuna para que sea el propio organismo el que fabrique la respuesta inmunitaria. De lograrse, ¿sería el escenario ideal no?

-La propuesta del equipo del CIMUS, hacer que nuestras propias células fabriquen algunas proteínas del virus, presenta ciertas ventajas frente a las vacunas clásicas: para la fabricación no dependes de mantener cultivos de virus, la vacunación consiste en inyectar un componente relativamente simple (parte del «libro de instrucciones» del virus), y se espera un estímulo de la respuesta inmunitaria más prolongado que con las vacunas de virus completo o de partes del virus. Espero que obtengan buenos resultados cuanto antes.

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