Hoteles refugio: únicos, singulares y, sobre todo, seguros

Además de cinco experiencias inolvidables, por sus características estos alojamientos se ofrecen como cinco destinos libres de contagio en plena naturaleza


Los expertos coinciden en que una de las consecuencias colaterales de la crisis del coronavirus será un cambio de modelo en cuanto a las preferencias de los viajeros a la hora de procurar destinos turísticos. Lo corroboraba el pasado domingo en este mismo diario la directora del Centro Superior de Hostelería de Galicia, Marta Fernández, quien además auguraba que nuestra comunidad podría salir bien parada en el futuro, ya que la tendencia que se impondrá dará prioridad a cuestiones como la seguridad, la privacidad o el contacto con la naturaleza. Valores muy presentes en la oferta hotelera de Galicia.

«A partir de ahora la gente va a buscar alojamientos refugio», comenta José Luis Vilanova, propietario de Novavila, un hotel enológico y de diseño ubicado en el corazón de las Rías Baixas, que en el 2019 fue elegido como mejor hotel con encanto de España por Condé Nast Traveler.

Novavila cuenta con cinco habitaciones en unas instalaciones que superan los 5.000 metros cuadrados, buena parte de ellos de jardines y bosques. Esta privilegiada circunstancia les permite ofrecer a sus clientes de forma privativa no solo una habitación sino también un espacio interior y otro exterior. Así, por ejemplo, unos huéspedes dispondrán para su uso exclusivo del salón con la chimenea, otros de la sala de lectura, otros del comedor del palomar, del de la bodega o de la sala de música. Otro tanto ocurre en el exterior. A cada habitación se le asignará o bien la terraza de la piscina, la del porche, la de la bodega, la de debajo de la parra o la de la pérgola cenador. «Y no es ya que puedan mantener la distancia social en estos espacios, es que siquiera van a tener contacto visual unos con otros», explica José Luis Vilanova, «con lo que tanto su seguridad como su privacidad están absolutamente garantizadas».

EN UNA BURBUJA

La propuesta que ofrece Albarari, en Oleiros y Sanxenxo, no es para que sus huéspedes se sientan protegidos como en una burbuja, sino que efectivamente están en una burbuja. «Están totalmente aislados, el aire se recicla continuamente y son muy fáciles de higienizar porque apenas hay mobiliario y no tienen paredes», explica Paula Soutullo, promotora junto a Eduardo Guillén de esta singular iniciativa diseñadas expresamente para facilitar la observación astronómica. «Desde el primer momento tuvimos clara la idea de propiciar la privacidad de nuestros huéspedes», añade. Ahora, para garantizarla aún más, tanto el checkin como el checkout son online, las guías son en formato digital y el desayuno es servido envasado, manteniendo los alimentos protegidos durante toda la cadena de producción hasta que llegan a la puerta de la burbuja. Paula Soutullo tiene claro que «tras el confinamiento, la gente va a buscar huir de las cuatro paredes. Y las burbujas, además de una experiencia única, les ofrecen la ocasión de sentirse protegidos sin tener en ningún momento sensación de encierro».

LITERALMENTE AISLADOS

Si de garantizar el aislamiento se trata, nada puede haber más seguro que una isla con acceso restringido. Frente a Ribadeo, en la isla Pancha tan solo hay dos faros. Uno de ellos, fuera de uso, ha sido reconvertido ahora en un exclusivo alojamiento con dos apartamentos independientes de cuatro plazas. Tal es su aislamiento que se puede considerar que el jardín o la terraza de este alojamiento son, en realidad, el resto de la isla. Su responsable, José Luis López, ha articulado una serie de protocolos, incluidos vídeos informativos, para que el contacto de los huéspedes con otras personas sea prácticamente nulo. «Aunque estamos a su disposición por vía telefónica las 24 horas del día», puntualiza. José Luis López se muestra optimista de cara al verano. «Hasta este momento la tipología de nuestro cliente era de una pernocta. Las reservas que estamos teniendo para este año son de tres o cuatro días. La gente ahora prefiere permanecer más tiempo en un sitio en el que se siente seguro».

Confiesa Renata Lema, propietaria de Cabañitas del Bosque, que las demandas de reserva de sus 27 cabañas instaladas en seis ubicaciones, se han incrementado a un ritmo casi exponencial tras el cambio de fase. «Chámanos moita xente que leva dous meses metida nun piso dicíndonos que precisa saír e estar en contacto coa natureza», comenta. En el caso de estas cabañas no es que vayan a estar en contacto con la naturaleza, es que se integran plenamente en ella. También apunta Renata que además de su configuración -todas ellas independientes, ecoeficientes y alojadas en espacios de gran valor ecológico-, su clientela está valorando mucho la seguridad que proporcionan frente a un posible contagio. Especialmente quienes viajan con niños. «Aquí o espazo común é o bosque. O almorzo ou a comida podemos deixarllos cando nos digan nunhas cestas esterilizadas na porta da cabana. Así que poden pasar a fin de semana completa sen ter contacto con ninguén».

EL VALOR DE LA ALDEA

Confía Suso Fernández, propietario de la Aldea do Mazo, en O Courel, en que esta crisis «cambie nuestros hábitos de vida, enseñe a la gente a valorar lo que tenía en la aldea, a preservar el medio natural y a tomar conciencia de que tenemos que vivir en consonancia con la naturaleza». Él decidió rehabilitar toda una aldea para convertirla en un alojamiento sostenible que ofrece doce casas y doce habitaciones estudio, todas con acceso independiente. Suso ha pasado en ella el confinamiento. «Yo recuperé la aldea no solo como un negocio sino como una forma de vida», comenta. Y anima a todo el que lo desee a descubrir los beneficios que en un momento como este aporta el disfrutar de un lugar así, aislado en plena naturaleza. Por supuesto, añade, «hemos intensificado los protocolos de seguridad», a los que hay que añadir la normas que los huéspedes deben respetar, «como en cualquier vía pública».

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