Martina González Veiga, sexóloga: «La adicción al trabajo se parece al enganche al sexo»

Nuestra sexualidad puede mejorar tras esta pandemia, afirma la psicosexóloga. ¿Cómo son las relaciones en tiempos de coronavirus, hacia dónde evolucionarán? Hay algo que continuará igual: «El relax es y seguirá siendo el mejor afrodisíaco»


Hay tantas maneras de vivir la sexualidad como personas, «no es cuestión tanto de sexos como de personas», afirma la psicóloga y sexóloga Martina González Veiga, al frente del centro de sexología Con mucho gusto, de Santiago. La experta que advierte que «el relax es, y seguirá siendo, el mejor afrodisíaco» señala nuestra «fuerte necesidad de amor», que a veces complica la manera en que construimos y mantenemos las relaciones. «Tenemos que desaprender todo lo que nos enseñaron fatal sobre el sexo», señala. «Porque somos capaces de autodestruirnos para que nos quieran».

-¿En esta crisis, nos hemos llevado la ansiedad a casa?

-Uno de los primeros mecanismos que se activan en las personas es el de la huida, huir de nosotros mismos para evitar el malestar. Esto lo lleva haciendo el ser humano inmerso en el sistema productivo bastante tiempo. Estábamos en esa rueda de darnos hasta miedo sentarnos solos en el sofá, mirando hacia dentro. Y hay que sentir el miedo, la angustia, la tristeza, la incertidumbre. Si no digerimos esas emociones ahora, habrá que hacerlo después.

-Es fuerte el márketing de la felicidad, que nos empuja a un mostrarnos felices para sentirnos mejor.

-Pero esa es una felicidad complicada, basada en la dopamina, en el conseguir cosas, no una felicidad desde la calma de saborear y saber lo que te hace bien. Es la felicidad del hámster en la rueda.

-¿La dopamina es una hormona tramposa o perjudicial?

-No. Todo depende del uso. Es como con el porno. ¿El porno es bueno o malo? Depende de lo que hagas con él. El agua, si bebes cinco litros al día, puede provocarte un colapso. ¿El agua es mala? No. La dopamina es un neurotransmisor que, entre otras cosas, tiene que ver con lo que te motiva a hacer cosas. Es lo que nos impulsa a conseguir más de eso que nos sienta bien, aunque nos haga mal a la larga.

-¿Con qué tiene que ver el placer?

-Con cómo vivimos y experimentamos lo que nos resulta placentero. Me baso en el sistema de regulación emocional de Paul Gilbert, que señala que existen tres sistemas de regulación en el cerebro: el sistema de amenaza, centrado en la supervivencia y la protección; el de motivación y logro, relacionado con el sistema de recompensa y el de calma, relacionado con la conexión. Los sistemas de amenaza y de logro nos activan, nos preparan para la acción. El de amenaza nos activa por miedo o peligro; y el de motivación, por subidón placentero (como cuando te toca la lotería). El sistema de calma hace que conectes contigo y te sientas segura, en confianza, contenta. Es desde aquí desde donde puedes construir vínculos significativos con otras personas, liberamos oxitocina, la hormona del amor y endorfinas que generan placer y alegría. Un buen sistema de calma nos conduce a la excitación y al placer sexual.

-¿Qué pasa si encadenamos relaciones tóxicas, cuando nos gustan las personas que nos hacen sentir mal?

-Cómo establecemos relaciones en la edad adulta tiene mucho de aprendido. Aprendemos a querer como nos quisieron en la infancia nuestras figuras de apego. El ser humano es la especie más dependiente, la especie que más tarda en desarrollarse. Porque nuestro cerebro es complejo, y esa complejidad requiere tiempo. La influencia del apego es mucho más potente que en otra especie. Tenemos este cerebro locamente complejo que nos permite pensar sobre nosotros y qué piensan de nosotros los demás, y construir nuestra identidad en base a eso. La primera aceptación depende de tu familia, de si en casa te devuelven que eres una persona válida o no. Las relaciones sentimentales tienen mucho que ver con tu percepción de valía en casa.

-¿Se ven muchos problemas de autoestima?

-¡Hoy en día encontrar a una persona que haya tenido un apego seguro es como encontrar un unicornio! En consulta veo mucha gente que no se siente valiosa ni querible.

-Dudar es una cosa, y ser inseguro otra...

-Todo el mundo tiene inseguridades y no dudar es imposible. La duda es algo muy humano. Yo me refiero a la sensación interna de valía.

-¿Cuándo hay un problema?

-Cuando la inseguridad es profunda, cuando sientes que no eres capaz, o que los demás te van a rechazar. No hay creencia más perjudicial que no sentirse válido. Esta marca se ve mucho en la diversidad sexual. Si te sientes rechazable, en cuanto llega alguien que te presta atención y te valora, vas sin filtros, porque vas carente de autoestima. Al final, lo que queremos es que nos quieran.

-Aunque no nos traten bien...

-Sí. Porque aún tenemos un modelo de educación amorosa y sexual que es maltratante. Hay muchísimos tipos de violencia que incluso no se reconocen.

-¿Incluso se erotizan?

-Totalmente. El amor tiene su dolor y sus sinsabores, como la vida, inevitablemente, pero también hay un sufrimiento muy evitable. Parece que no te puedes separar de otro de buena manera, con buen trato. El sistema romántico amoroso que tenemos no nos enseña nada sobre el amor. Lo que te dice es que si tú quieres a la persona, todo saldrá, todo fluye. Mentira.

-¿Fomenta el modelo clásico una actitud pasiva o de indefensión?

-Sí, y está esa visión del amor sobre todo ligado al sufrimiento y al sacrificio. El dolor es parte de la vida. Pero ¿el amor es sufrimiento? No. El amor son cuidados, buen trato. No nos han enseñado a cuidar a la pareja. Te dicen que el amor te atraviesa, como si fuese un sentimiento mágico que va a propiciar que todo vaya bien con esa otra persona. Y no, esto es algo que se aprende, y que tiene que ver con cómo regulas tú las emociones y cómo has aprendido a relacionarte. El amor no es solo lo que sientes, sino lo que haces con él.

-¿Mejorará nuestra sexualidad tras la pandemia del coronavirus?

-Sí, podemos mejorar si queremos mejorar y hacemos algo para ello. En parte, está en nuestra mano mejorar, a raíz de esta crisis, nuestras relaciones.

-¿Seremos más selectivos?

-No necesariamente. La carencia de amor va a seguir ahí y probablemente se agudice por la falta de contacto. Necesitamos el piel con piel, esto es muy humano. Pero buscaremos la forma de conectar. Piensa que a veces somos capaces de autodestruirnos para que nos quieran. Entre sentirme sola y aislada en el mundo, y enfermar, enfermo. Es poderosa la necesidad de los otros.

-En un momento de repliegue y distanciamiento social, ¿hay mayor amenaza de violencia en casa?

-Hay muchas violencias invisibles que van a estar ahí, y algunas ni se reconocerán... Hay perfiles muy retorcidos de maltratador, gente que te destruye la cabeza, que te hace luz de gas... Pero tendemos a clasificar a las personas en buenas y malas, y es más complejo. Si yo me hubiese criado en un contexto violento, ¿sería violenta? No puedo decir que no. A veces reproducimos modelos, aprendemos a defendernos según cómo hemos sido atacados, y con un sentimiento de legítima defensa. O bien tratamos de hacer lo contrario.

-A veces, si no atacas, te destruyen.

-Ahí tienes el sistema de amenaza, la respuesta es ataco, huyo o me paralizo. Son las tres respuestas básicas que ves a una amenaza. Un ejemplo son los policías de balcón. Ahí el cerebro nuevo, el que piensa, se nubla. Se ciega, solo se ve la amenaza y cómo vas a defenderte. El miedo, si no te puede, te protege, todas las emociones están bien. No deberíamos evitar las desagradables y entregarnos al rollo Mr. Wonderful. Porque no te puedes sentir bien si estás mal.

-¿Hemos frivolizado la visión del sexo y la intimidad en los últimos años?

-El sistema de consumo se ha llevado a las relaciones. Se ve con Tinder muy claro. El consumo de cosas vinculado al placer se ha trasladado al consumo de personas y de cuerpos. Y puede venir la sensación de vacío posterior. No tiene que ver tanto con el número de relaciones que tienes sino con cómo son esas relaciones. Si lo hacemos para rendir y consumir, en lugar de para sentir, disfrutar y conectar, se nos acabará olvidando que estamos con personas. Un lío de unas horas sigue siendo una persona y a veces se nos olvida. Si tenemos sexo o ligamos de manera habitual como un instrumento rápido para aliviar el malestar, cada vez nos aliviará menos y necesitaremos más. Con el Tinder y el sexo puede pasar lo mismo que con el gimnasio, Netflix o los likes del Instagram, pueden enganchar, pero, claro, hay enganches mejor vistos que otros. El trabajo es un problema cuando te enganchas a los logros laborales, y necesitas más. Está bien visto porque al sistema le interesa, crea una adicción productiva. La adicción al trabajo se parece al enganche al sexo, solo que está más valorada.

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