«No nos olvidemos de los niños enfermos del hospital, ¡no todo es covid!»

Hoy es el Día del Niño Hospitalizado. Una celebración que nadie querría festejar, pero que se ha llenado de iniciativas de solidaridad y cariño. Nuestro homenaje para los pequerrechos que llevan meses ingresados y para sus padres


Ningún padre quiere verse en la situación de tener ingresado a su hijo durante meses en un hospital. Tampoco este padre que al otro lado del teléfono y con el corazón encogido me cuenta que su hija de 9 años está ahora mismo ingresada en el Materno de A Coruña por una enfermedad que le llegó en plena cuarentena. «Yo diciéndole que tuviera cuidado, intentándola proteger todo lo que podía del covid, y mira tú, donde menos te lo esperas ahí te salta la desgracia». Su niña, como todos los que ahora mismo están ingresados, se merecen toda nuestra admiración y todo nuestro homenaje, y por eso, con motivo del Día del Niño Hospitalizado, que se celebra el 13 de mayo, queremos darles desde aquí todo nuestro cariño a quienes más se lo merecen.

Para ellos ha sido también la iniciativa que se ha seguido desde este hospital, que se ha puesto en la labor de que este doble confinamiento que sufren estos críos sea lo más animoso posible. «Es más duro en estas circunstancias en que no pueden tener el aula de juegos abierta para compartir con otros niños, o el colegio del hospital, que se ha tenido que adaptar para que a través de la web escolaenpijama.es pueden todos acceder a distintas iniciativas», explica Jerónimo Pardo, jefe del servicio de Pediatría. «Ellos —y sus padres— necesitan romper la dinámica de estar en un hospital y todo lo que hagamos en ese sentido les favorece». Por eso han recibido con un gran aplauso la labor solidaria de mujeres como Herminia, una modista de una empresa textil que ya está jubilada y que se ha puesto a coser doscientas mascarillas de tela para sobreponer a las quirúrgicas. Todas, claro, con motivos infantiles.

UN LIBRO EN EL DESAYUNO

Con un gran beso en forma de sonrisa, con dibujos de algún superhéroe como Batman o emblemas positivos, las residentes y algunas doctoras del hospital posan en la imagen de arriba felices de poder llevar este pequeño y valioso detalle a los niños. También en el desayuno ellos han recibido un libro de regalo y a mitad de la mañana, el guitarrista Fran Galán, los sorprendió con un concierto de veinte minutos en el que disfrutaron de música rock, algo de blues y funk. «Ha sido una actividad lúdica para llevarles un poco de alegría a través de las tablets, un concierto didáctico en el que ellos empezaron cantando las notas: do-re-mi-fa-sol-la-si. Ojalá les haya servido para pasar un buen rato», expresa Fran, que asegura que todo lo que se haga por ellos nunca es suficiente.

«Mi hija está rodeada de muy buena gente —me cuenta ese padre con un nudo en la garganta—, quiere muchísimo a la maestra de aquí, Laura, que se desvive por todos los pequeños y el trato desde que se supo el diagnóstico ha sido excelente, van a cañón. Ya me hubiera gustado que fuese así al principio, cuando no sabíamos lo que tenía, durante esa peregrinación del pediatra a urgencias que nos llevó a estar muchos días, en plena pandemia y con ese temor añadido, angustiadísimos. Mi hija está a la espera de más resultados, pero lo que nos han dicho es que, además de los quince días que ya llevamos aquí, nos queda tiempo por delante».

«Mi mujer y yo queremos ser positivos. Es cierto que te vienes abajo, que una noticia así te golpea tan duro que sientes que vives una pesadilla; sin embargo, hay que estar fuertes por ella, es nuestra única hija, yo soy hijo único también, y hasta ayer no fui capaz de decirle a los abuelos nada porque sé cómo están volcados con su nieta». Este padre hoy representa a todos los que en este momento están sentados en la cama de su hijo, dándoles la mano, aliviándoles el dolor y afrontando con fortaleza los reveses de la vida. «Es fundamental —explica Jerónimo Pardo— que los padres no se derrumben delante de ellos. Es un esfuerzo, cuesta, pero nosotros intentamos que sean nuestros cómplices para aliviar a los niños. Que muchas veces son los que en realidad animan a los padres».

Dentro de la amargura de tratar con niños enfermos de cáncer, con cardiopatías, con cirugías complicadas y enfermedades muy duras, Pardo reconoce la satisfacción de tener a los mejores pacientes: «Siempre te arrancan una sonrisa, y como mínimo sus respuestas son inesperadas». Por eso él y todo el equipo del Materno que los cuida están volcados en que los días o los meses que pasen ingresados sean lo más llevaderos posibles. «Los padres ya lo saben, es lo primero que les decimos. Nosotros intentamos que estén aquí el menor tiempo, pero los procesos son los que son». En cualquier caso, Jerónimo Pardo asegura que los niños tienen otra concepción del tiempo y suelen llevar su ingreso razonablemente bien. «Depende de las edades, un encierro siempre te afecta a nivel psicológico, también a sus padres, pero los niños se adaptan bien».

«Yo llevo más de 15 días durmiendo en un sofá al lado de mi hija, pero no me duele nada. Estoy encantado de poder estar a su lado, atenderla y en el hospital están muy pendientes tanto de mi mujer como de mí porque saben que nosotros somos de Narón, y no tenemos nuestra casa aquí. Yo he ido solo un par de días a coger algunas cosas, pero nada es importante al lado de nuestra hija que, dentro de las circunstancias, está bien. Solo pasó muy mal una noche, en que pensé que tendrían que ponerle morfina —se emociona—, pero por lo demás, a falta aún de pruebas y sabiendo que seguramente le tendrán que poner un tratamiento, ella está contenta».

¿Qué es lo que más les preocupa a los niños?, le pregunto al pediatra. «No tener dolor y estar con sus padres», afirma el doctor. «De ahí que sea fundamental que los progenitores se muestren con tranquilidad, porque la inseguridad enseguida se contagia a los pequeños».

«Ojalá hoy yo no tuviese que hacerle este homenaje a mi hija. Ojalá que no. Pero desgraciadamente nos puede tocar a cualquiera; nos ha tocado a nosotros, ¡qué dolor! ¡No se lo deseo ni a mi peor enemigo. Yo me considero una buena persona, y no sé por qué a mí, por qué a mi hija. Por eso no podemos olvidarnos de estos niños, el covid pasará, pero ellos seguirán enfermos en el hospital».

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